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Es tiempo de exámenes

Junio y exámenes son dos voces inseparables para cualquier universitario (que nadie me venga con modernidades de Bolonia). Es la época del año en que sube la temperatura, el estrés, suben las horas de biblioteca, las faldas… Y baja el ocio, y con él, inevitablemente, el blog. No voy a cerrar el chiringuito, no me quitéis del reader, lo que haré será poner alguna cosa cuando me deje un hueco la durísima preparación que sufriré estas fechas para hacer de estos exámenes los últimos. O al menos los últimos que tengan algo que ver con la informática.

¿Alguna vez echáis de menos el colegio? Yo lo recuerdo con agrado y altas dosis de nostalgia. La universidad supuso un cambio y dejé atrás cosas para no recuperarlas nunca. Por supuesto que vinieron nuevas, pero el ser humano tiene cierta tendencia a llorar tiempos perdidos aunque esté a gusto en el presente.

Hay una escena de una maravillosa película que capta a la perfección el espíritu de una clase repleta de adolencentes inquietos y un profesor severo. Se realizó 30 años antes de que entrara en el colegio, y aun así me siento identificado con su protagonista; no soy testigo de la historia, estoy en verdad presente en ella. El director, cuando la rodó, no había olvidado ni un ápice de lo que es ser un zagal abrumado por el continuo cambio de la vida, sin rumbo entre circunstancias que no controla. Hablo de Los 400 golpes, la primera película de François Truffaut. Hablo de la siguiente escena, que ni siquiera es la mejor:


Pincha en la imagen para ver el video. Por alguna (estúpida) razón ya no dejan embeberlo.

¿A qué esperáis para comprarla, alquilarla, pedirla prestada?

El cine según Hitchcock, de François Truffaut

Una de las entrevistas más famosas de la historia del cine es la que François Truffaut, un cineasta de la Nouvelle vague francesa, le hizo a Alfred Hitchcock. 50 horas de exhaustivas preguntas repasando cada película de la extensa filmografía del director inglés que contribuyeron enormemente a la admiración, respeto y estudio que hoy se tiene por su obra. Antes de nada, quisiera rescatar unos párrafos del prólogo del libro en los que encontramos el porqué de su existencia:

En los años cincuenta y sesenta, Hitchcock se encontraba en la cima de su creatividad y de su éxito. […] Este éxito y esa popularidad, la crítica americana y europea iba a hacérselo pagar examinando su trabajo con condescendencia, denigrando un film tras otro.

[…]Mi pasado de critico era todavía muy reciente, yo no me había liberado de aquel deseo de convencer que era el punto común de todos los jóvenes de Cahiers du Cinéma. Entonces pensé que Hitchcock, cuyo genio publicitario solo tiene parangón con el de Salvador Dalí, había sido finalmente la víctima, en América, al lado de los intelectuales, de tantas entrevistas superficiales y deliberadamente dirigidas hacia la burla. Contemplando sus films era evidente que este hombre había reflexionado sobre los medios de su arte más que ningún otro de sus coetáneos y que, si por vez primera aceptaba responder a un cuestionario sistemático, podría resultar de ahí un libro capaz de modificar la opinión de los críticos americanos.

Con esta premisa Truffaut pretende (y consigue) ir más allá de la superficialidad de algunos y demostrar que Hitchcock es un cineasta de primera, con una narrativa visual única y una búsqueda constante de nuevas formas para su arte. Hitchcock repasa con severidad algunas de sus películas (Pánico en la escena, La soga) y se muestra muy orgulloso de otras (La sombra de una duda, Encadenados) en tono a veces reservado, otras alegre y pasional, pero siempre ameno y nada pedante o autocomplaciente.

La relación con los actores, curiosidades de los rodajes y la producción, técnicas utilizadas para filmar determinadas escenas, motivos de la película, reflexiones sobre el arte de hacer cine; Truffaut no duda en preguntar ni Hitchcock en responder. Algunas de esas respuestas se han convertido en lecciones con el tiempo. Bien conocida es aquella que con un revelador ejemplo explicaba la base del suspense:

Nosotros estamos hablando, acaso hay una bomba debajo de la mesa y nuestra conversación es muy anodina, no sucede nada especial y de repente: bum, explosión. El público queda sorprendido, pero antes de estarlo se le ha mostrado una escena anodina, desprovista de interés. Examinemos ahora el suspense. La bomba está debajo de la mesa y el público lo sabe, probablemente porque ha visto que un anarquista la ponía. El público sabe que la bomba estallará a la una y es la una menos cuarto (hay un reloj en el decorado); la misma conversación anodina se vuelve de repente muy interesante porque el público participa de la escena. Tiene ganas de decir a los personajes que están en la pantalla: “¡No deberías contar cosas tan banales, hay una bomba debajo de la mesa y pronto va a estallar!”

El cine según Hitchcock es un libro en el que descubrir el arte cinematográfico. Es perfecto para conocer desde dentro las películas y a su creador, sirviendo de puente entre el que ve y el que muestra, de manera que al acercarse al segundo disfrutamos más como el primero. Un libro que crea afición al cine de Hitchcock en particular y al séptimo arte en general.