En blanco y negro, como dice Spielberg

Minuto 1, segundo 12:

Mis hijos siempre me preguntan: “¿Es en blanco y negro?” Porque siempre les pongo películas, y lo que más temen es que sea en blanco y negro. Y cuando les digo que sí, no quieren verla. Lo cierto es que la primera reacción instintiva de mis hijos, es que no quieren ver una película en blanco y negro. Pero entonces les digo que tienen que verla, y le prometo que a los 10 minutos de empezar no saben si es en blanco y negro o en color o si el formato es 1.66:1 o 2.35:1… están metidos en la película; y por lo general, si les ha gustado, cuando acaba están como locos.

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“Todos los directores deberían ser primero animadores”

Steven Spielberg nos cuenta, en un seminario del American Film Institute en 1978 (poco después de terminar la primera versión de Encuentros en la tercera fase), que la visualización es un proceso fundamental para la dirección de cine. Lo hace con el ejemplo de los animadores, que sin ensayos, ni múltiples tomas, ni modelos reales, tienen que averiguar con fidelidad qué quieren. Su reflexión viene a corroborar mi opinión de que algunos de los mejores directores que trabajan en la actualidad se encuentran en Pixar o se llaman Hayao Miyazaki:

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Spielberg a los 14 ya hacía cine, más o menos

Antes de salvar al soldado Ryan, antes de que Indiana Jones buscara el arca perdida, antes incluso de encontrarse con nadie en ninguna fase, Steven Spielberg hacía películas. Tenía 14 años cuando cogió la 8 milímetros de su padre (una cámara) y rodó con un grupo de amiguetes la película de guerra de 40 minutos ‘Escape to nowhere’. Ni widescreen, ni Industrial Light & Magic, ni John Williams; pero se las arreglaba. Spielberg apilaba arena encima de una tabla de madera para simular bombas y acabó dirigiendo la que, podría decirse, es la mejor escena de guerra de la historia del cine, el desembarco en Normandía de Tom Hanks & Co. Este hecho puede inducir al siguiente sofisma: si haciendo un cortometraje me lleno de tierra y visto a mi amigo de soldado Nazi, ganaré dos Oscar a mejor director…

Yo por si acaso me voy manchando las manos.

El vídeo es un fragmento del documental Into the Breach: ‘Saving Private Ryan’

Las mejores películas de la década… ¿no?

Después de publicar la opinión de mis lectores sobre las mejores películas de la década, faltaba la mía. Viene con retraso porque he intentado, sin éxito, ponerme al día con todo aquello que pensaba sería importante ver antes de conformar mi lista. La tarea se antojó interminable y la perspectiva era errónea. No se trata de que vea todo para que la lista se ajuste mejor a una verdad de excelencia; se trata de que haya visto lo máximo posible para elaborar una relación abierta de películas que destacan entre el resto, que son grano entre paja. El criterio que he seguido para incluír una película en esta lista ampliable ha sido hacer caso de mi instinto. Soy defensor a ultranza del pensamiento crítico, pero una vez dadas todas las vueltas posibles el indicador más sincero es qué siento cuando la veo.

Después del salto, 24 películas hechas entre el año 2000 y 2009 que han ampliado mi visión del mundo y del cine. Seguir leyendo

Gracias, pero estoy servido

Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal (2008)

Indiana Jones y el reino... poster

Dirección: Steven Spielberg

Guión: David Koepp

Intérpretes: Harrison Ford, Karen Allen, Cate Blanchett, Shia LaBeouf

Indiana Jones, ese profesor de universidad y arqueólogo que blande con pericia el látigo, tiene el gancho de Cassius Clay y odia las serpientes, forma parte de la cultura popular y la historia del cine del siglo XX. Se ganó un hueco en ambas con una obra maestra del cine de acción y aventuras, En busca del arca perdida, y cultivó esa leyenda con dos magníficas secuelas. La expectación levantada por la cuarta entrega de la saga ha sido, lógicamente, enorme, y se conjura con la nostalgia para socavar la objetividad. Como fan de Indiana Jones y en especial de su primera entrega, El reino de la calavera de cristal ha supuesto una decepción, pero alguien me dijo que las películas deben criticarse por lo que son y no por lo que quieres que sean.

En su momento hablé del trajín en el que se vio envuelto el guión. Lo curioso es que tras todo esos avatares han dado con uno convencional y, sobre todo, con muy poco del genuino humor de sus predecesores. El leit motiv en esta ocasión es una calavera de cristal con extraños poderes, perteneciente a una ciudad perdida donde al parecer se encuentra El Dorado. Los rusos y su malísima y atractiva Irina Spalko (Cate Blanchett) la quieren, Indy la quiere, un chuleta motero (Shia LaBeouf) la quiere, un ex-agente del MI6 “amigo” del protagonista (Ray Winstone) también la quiere, y todos por distintas razones. Además estan Marion Ravenwood (Karen Allen) que vuelve para sentar la cabeza de su amado, y el profesor Oxley (John Hurt), un pobre enajenado que sabe bastante (ha estado en el lugar de donde procede la calavera) pero que no se acuerda de mucho. Poco más se puede decir sin desvelar las sorpresas que guarda el guión, sin que ello signifique que sea sorprendente.

Cuando salí del cine tuve la impresión de haber asistido a cualquier cosa menos a una película de Indiana Jones. Su mito, aunque tiene puntos convergentes, es único para cada persona, y al revisarlo te mueves por un terreno inestable. Lo que quiero decir es que hacer una película, 19 años después, que se ajuste a la imagen que tenemos del personaje es muy difícil y seguramente innecesario; por eso al principio anduve sin rumbo y desilusionado. Pasados los días he podido apreciar lo que tiene de bueno esta película.

Por ejemplo, el suspense de la inquietante escena en la que Indy se encuentra con maniquís en vez de personas, en una ciudad fantasma que sirve de campo de tiro para pruebas nucleares. Se inicia la cuenta atrás y bajo semejante presión el único resguardo es una nevera que le salva la vida. “¡Venga ya!”; vale, pero nadie se quejó cuando un brujo arrancaba el corazón con la mano y lo alzaba triunfal mientras éste aun latía. La cuestión es si funciona o no la escena, y ambas lo hacen.

En la explosión de la bomba, de unos cuantos megatones por cierto, los efectos digitales cumplen su cometido. Luego llegan los monos y las hormigas al más puro estilo La momia. No es que los de ILM no hagan bien su trabajo, es que está mal aplicado. El objetivo debería ser imitar la realidad lo justo para que el espectador la adapte a la suya propia; podemos saber que hay truco mientras nuestra cabeza haga el resto. Esta y otras películas actuales quieren parecerse tanto a lo que representan que se desvelan inevitablemente como un doble y nada más.

¡Qué contraste entre las grotescas lianas y la persecución en moto por la ciudad! Cuando Indy pasa de la Harley al coche, reparte golpes entre sus ocupante y sale por la ventanilla de vuelta a la moto se me cortó la respiración. Una proeza así, digna de compararse con las caídas de caballo de los westerns clásicos, no puede dejarte indiferente. Por supuesto que lo principal es la dirección impecable de Spielberg, genial por momentos, pero en esta ocasión no tenemos simios que nos distraigan.

El look cincuentón de la primera mitad está muy conseguido. La puesta en escena y en especial la fotografía reflejan fielmente el cambio de década. Han pasado casi 20 años, el mundo no es el mismo y se nota. Tampoco es el mismo Henry Jones Jr., hábil y correoso en la batalla todavía, pero más maduro y en busca una estabilidad que encuentra al final gracias a Marion. Sin embargo, Harrison Ford mantiene el aire picaresco con su gesto único. Otro cambio significativo es el de los nazis por rusos menos carismáticos, quizás porque Spielberg tenía motivos personales para hacerselas pasar canutas a los primeros y la estrella roja le da un poco igual.

Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal es entretenida, tiene muchos ingredientes de los que hicieron famosas a las anteriores, le faltan otros tantos y no añade casi ninguno nuevo. Merece la pena ir a verla aun a riesgo de que defraude, y tanto si gusta como si no, se siente la imperiosa necesidad de versionar a los Beatles y cantarle a George Lucas un sincero Let it be.

“¡¿Cómo se atchrueve?!”

Llaman a las puertas del castillo de Brunwald. El mayordomo hace pasar a Indiana Jones y a la doctora Elsa Schneider; es imposible pasar por alto que se han intercambiado los atuendos. Indy protesta al mayordomo:

– Ya era hora. ¿Pensaba tenernos espeggando en la puerta todo el día?, estamos empapados. ¡¡¡Acpshuaa!!!… ¿Lo vé?, ya me he acatadrado.
- ¡¿Le están espeggando?! – replica el mayordomo visiblemente molesto y desconcertado. Indy ni se inmuta:

- No me habla en ese tono, buen hombre. Vaya a decirle al Barón Brunwald que Lord Clarence McDonald y su encantadora ayudante… han venido a ver los tapises.

Calvo pero no tonto, debe pensar el “buen hombre”. No está dispuesto a que se la metan doblá:

- ¿Tapises?
- Vaya por Dios, que torpe es – continúa Indy – Esto es un castillo, ¿no?; ¿No hay, tapises?

La paciencia se agota:

- Esto es un castillo, y tenemos muchísimos tapises; peggo si usted es un lord escosés ¡yo soy el ggatón Mickey!

 

¡Hasta ahí podíamos llegar!:


- ¡¿Cómo se atchrueve?!


- ¡PAF!

 

El mayordomo ‘is out’…

 

De todas las citas escogidas hasta ahora esta es una de las más personales, y eso teniendo en cuenta que todas lo son. No es una sentencia inteligente ni un lúcido axioma; tampoco es una frase ingeniosa o reveladora. Es simplemente el clímax de una escena con la que me he reído siempre y que forma parte de mi infancia. La recuerdo con esa nostalgia en la que te revuelcas gustoso como cerdo en charco. Viene la cuarta parte y quería recordar a los de mi generación que Indiana Jones nos gusta tanto porque es un personaje imborrable de nuestro ‘yo’ pequeñito.

¿Qué hay de nuevo, viejo?

Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal es el título, Harrison Ford el protagonista y Steven Spielberg el hombre detrás de la cámara. El día D: 22 de mayo de 2008.

Indy y una gran calavera probablemente maligna

Durante muchos años la cuarta aventura de Indiana Jones fue un rumor, un proyecto ficticio, un espejismo. A principios de los noventa George Lucas paró todo lo relacionado con la película por su segunda trilogía de La guerra de las galaxias. Un Harrison Ford envejecido suponía un problema para un guión que pasaría por las manos de medio Hollywood. M. Night Shyamalan, Stephen Gaghan, Tom Stoppard, hasta que en 2002 se contrató a Frank Darabont. En 2003 entregó un guión que maravilló a Spielberg pero no convenció a George Lucas, que lo envió diréctamente a la papelera. El cabreo de Darabont era de esperar; en 2006 declaró:

Trabajé un año en ello. Trabajé codo con codo con Spielberg. Él estaba entusiasmado con el resultado y listo para rodar hace dos años. [...] Lucas lo leyó y dijo “No sé, no me gusta”, y había que empezar de cero cuando Spielberg estaba preparado para rodarlo ese mismo año, lo que es como una patada en las pelotas. Será culpa de Lucas si Indiana Jones 4 no ve la luz.

Por suerte no le culparemos. Jeff Nathanson sustituyó a Darabont y su guión pasó a manos de David Koepp. Semejante trajín dió por fin su resultado y lo escrito por Koepp e inspirado por muchos comenzó a filmarse en junio del año pasado. El rodaje y la post-producción se han llevado con un secretismo absoluto, y lo único que ha transcendido son los posters de rigor, unas cuantas imágenes y este trailer:

Supongo que la mayoría lo habrá visto ya. Mola, ¿verdad? Pues hasta mayo ajo y agua. Mientras, podemos hacernos unas cuantas preguntas: ¿Era necesaria otra secuela? ¿Estará a la altura de sus precedentes? ¿A Hollywood le quedan pocas ideas y por eso es prolijo en secuelas y ‘remakes’? Vale, eso me da igual, ¿Qué aventuras correrá Indy? ¿Qué es una “calavera de cristal”? Igual podemos averiguar algo echándole un vistazo al último poster:

El clásico cartel con todo quisqui

Indy tiene un gesto ligeramente apático, como si estuviera hasta los cojones de pegar latigazos. Aunque quizás no es eso y mira con la sabiduría que otorgan los años. Lo que está claro es que la única que se lo pasa pipa es Karen Allen, que ofrece un curioso contraste con la diabólica y relampageante calavera. Unos ¿mayas? parecen molestos con nuestro arqueólogo, mientras Shia Lebouf ensaya pose chulesca al estilo Easy Rider.

Me quedo igual. No hay más solución que esperar paciente dos meses. Pero si el ansia asfixia y la duda inquieta no desesperéis, recordad por qué el género de aventuras no sería lo mismo sin Indiana Jones: