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¡¿Cómo se atchrueve?!

Indiana Jones

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“¡¿Cómo se atchrueve?!”

Llaman a las puertas del castillo de Brunwald. El mayordomo hace pasar a Indiana Jones y a la doctora Elsa Schneider; es imposible pasar por alto que se han intercambiado los atuendos. Indy protesta al mayordomo:

- Ya era hora. ¿Pensaba tenernos espeggando en la puerta todo el día?, estamos empapados. ¡¡¡Acpshuaa!!!… ¿Lo vé?, ya me he acatadrado.
- ¡¿Le están espeggando?! - replica el mayordomo visiblemente molesto y desconcertado. Indy ni se inmuta:

- No me habla en ese tono, buen hombre. Vaya a decirle al Barón Brunwald que Lord Clarence McDonald y su encantadora ayudante… han venido a ver los tapises.

Calvo pero no tonto, debe pensar el “buen hombre”. No está dispuesto a que se la metan doblá:

- ¿Tapises?
- Vaya por Dios, que torpe es - continúa Indy - Esto es un castillo, ¿no?; ¿No hay, tapises?

La paciencia se agota:

- Esto es un castillo, y tenemos muchísimos tapises; peggo si usted es un lord escosés ¡yo soy el ggatón Mickey!

 

¡Hasta ahí podíamos llegar!:


- ¡¿Cómo se atchrueve?!


- ¡PAF!

 

El mayordomo ‘is out’…

 

De todas las citas escogidas hasta ahora esta es una de las más personales, y eso teniendo en cuenta que todas lo son. No es una sentencia inteligente ni un lúcido axioma; tampoco es una frase ingeniosa o reveladora. Es simplemente el clímax de una escena con la que me he reído siempre y que forma parte de mi infancia. La recuerdo con esa nostalgia en la que te revuelcas gustoso como cerdo en charco. Viene la cuarta parte y quería recordar a los de mi generación que Indiana Jones nos gusta tanto porque es un personaje imborrable de nuestro ‘yo’ pequeñito.

Buster Keaton: Vecinos (1920)

Qué mejor forma de recuperar el blog que con otro corto de Buster Keaton. Después de El espantapájaros (1920) os presento Vecinos, del mismo año que el anterior, en el que dirigió otros dos cortos y participó en total en siete producciones. Está claro que entonces la producción cinematográfica era otra cosa.

Disfrutad de Vecinos y más abajo comentamos:

¿A alguien más le recuerda la acción a los dibujos animados? Un guión y una puesta en escena que bien podrían protagonizar Mickey, Pluto, Donald, Bugs Bunny, el Pato Lucas o Tom y Jerry. Resalto este punto para insistir en la tremenda dificultad y la perfecta coordinación de los números, circenses y exquisitamente cómicos a la vez. Dibujar un corto de Buster Keaton es infinitamente más sencillo que rodarlo.

Y a pesar de todo la reacción más común al verlo no es el asombro, sino la risa. No es sólo cómo lo hace, sino sobretodo a quién y porqué. Esto quiere decir que lo primero son los personajes, arquetipos, identificables al momento, que hacen que una acrobacia se convierta en un gag.

La primera escena, en la que él y ella se pasan mensajes de amor por el hueco de la verja que separa sus patios, es un alarde de ingenio para presentar a dos amantes clandestinos. Luego está el suegro-ogro, el juez, el policía… todos forman parte de un lenguaje que se entiende a primera vista, que necesita la complicidad del espectador y por eso, entre otras cosas, es tan gracioso.

No sé si logro explicarme, si desentraño aunque sea un poco el origen del genio de Buster Keaton, pero con que os hayais reído la mitad que yo me conformo.

Buster Keaton: El espantapájaros (1920)

Buster Keaton es uno de mis ídolos cinematográficos. De todos los cómicos de cine mudo es mi preferido, y El maquinista de la general se encuentra entre una de las películas que más me gustan de la historia del cine.

Además de sus largometrajes, la filmografía de Buster Keaton está repleta de pequeñas joyas en forma de cortos que realizó desde 1920 hasta 1929, cuando el sonido se había impuesto definitivamente y ya nadie estaba interesado en hacer películas en las que no se hablara.

He escogido El espantapájaros sin ningún motivo en particular. Iré poniendo todos aquellos cortos que encuentre, porque mi objetivo es que aquel que no conozca el genio de Keaton lo descubra y se dé cuenta de lo divertidas que siguen siendo sus obras más de ochenta años después. Esto se debe quizás a que el blanco y negro y la ausencia de palabras hacen del mudo un lenguaje basado exclusivamente en la imagen, es cine puro que no pretende parecerse a la realidad, sino que más bien crea un universo paralelo y atemporal.

El corto está dividido en dos partes, no siguiendo una lógica narrativa, sino simplemente porque en Youtube los vídeos largos pierden calidad.

Entre Keaton y los demás elementos que componen la escena existe una coordinación perfecta que tiene un fluir continuo y asombroso, casi musical. Sus pericias entrañan serios riesgos físicos, saltos, carreras y caídas que serían un peligro para la salud de cualquiera, pero que su naturalidad al ejecutarlos nos dice que no pasa nada, que ante la adversidad a sacudirse el polvo y a seguir pa’lante. Por esa razón precisamente es tan gracioso: después de jugarse la vida no se para a decirnos “¡eh!, mira lo que acabo de hacer!”, sino que decido y voluntarioso continúa con su empresa, ya sea huir o conquistar a la chica.

El espantapájaros está lleno de momentos desternillantes. La casa en la que viven los dos protagonistas se rige por la ley del mínimo esfuerzo; todo en ella tiene más de una función, la ingeniosa mecánica que convierte un sillón en una bañera le da un nuevo sentido a lavar los platos o pasar la sal.

La persecución del perro tiene su momento álgido en la delgada estructura del techo de una casa en ruinas, donde una carrera en círculo se alarga hasta donde podría resultar reiterativo sino fuera por la destreza de Keaton y el calculado ritmo de la acción. Keaton, disfrazado de espantapájaros, patea el culo de su compañero y el del padre de la chica con la sencillez y la honestidad del humor menos cínico. Luego está, como no, la manera en que las circunstancias se conjuran para que ambos se casen, con la recogida express del cura y el “sí quiero” pasado por agua.

Buster Keaton es un genio de la comedia (y del cine). Para mi es inevitable volver una y otra vez a sus películas y no sonreir con espíritu renovado.