Cuestión de ritmo

Siempre he pensado que el arte es cuestión de ritmo; es decir, de un orden específico de naturalezas contrapuestas. Si el resultado es armónico, se habla de una gran obra. Existen obras de un ritmo tan perfecto que cualquier alteración, por mínima que sea, las rebaja. Por extensión (¿o era al revés?) creo que la vida misma es cuestión de ritmo, de altos y bajos, de claros y oscuros, y que se trata de encontrar tu frecuencia y ajustarte a su período o, al menos, de no estar muy desfasado.

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