pulp fiction

Quentin, celebra tu cumple editando una ‘masterpiece’

Quentin Tarantino cumple hoy 46 años. Ya no es el joven rebelde y enérgico que dejo k.o. al mundo del cine con su ópera prima Reservoir Dogs, sólo para rematarlo definitivamente con la obra más influyente de los noventa, Pulp Fiction; pero si ha dejado de serlo es sólo por lo de joven. Tarantino se niega a madurar, lo que tanto en cine como en música o literatura se entiende como la preponderancia de temas “serios” y problemas “reales” en una obra. Al menos cachondeo de algunos, Tarantino responde con un irreverente ¡y una mierda!. Hace bien, parte de su personalidad consiste en no tomarse las cosas demasiado en serio.

¡¿Que te quentin Tarantinooorl?!

¡¿Qué te quentin Tarantinooorl?!

El punto álgido de la filmografía de este director es Pulp Fiction sin ninguna duda. Es donde sus motivos y temas alcanzan una armonía perfecta con su estilo. Su mejor guión de lejos, su mejor trabajo de dirección y las mejores interpretaciones de muchos de los actores que en ella participan. ¿Cuándo ha tenido John Travolta tanto gancho delante de una cámara? ¿En qué otra película ha sonado tan contundente Samuel L. Jackson? ¿Ha habido un papel más inspirado de Uma Thurman que el de Mia Wallace?

... and you will know my name is the LORD...

Desde entonces ha realizado tres grandes proyectos, algo desiguales: Jackie Brown, Kill Bill y Death Proof. Jackie Brown es una gran película que cuenta una historia de amor poco habitual con su poco habitual estilo. No veo una repetición a la baja de Pulp Fiction en esta más lineal y pausada tercera película del director, más bien consagra su forma y se confirma como algo más que un director-Macarena.

Las otras dos tienen en común la todavía más descarada (si cabe) copia de los clichés de géneros que venera su director, y si bien ambas son un ejercicio de condescendiente onanismo intelectual, Kill Bill consigue implicar al espectador en un universo ajeno y Death Proof no.

Ahora viene la enjundia de mi razonamiento: me preocupa el descenso gradual de la mirada de Tarantino hacia su ombligo. La crítica, el público y sus compañeros de profesión le han encumbrado a unas alturas desde las que puede que sólo se vea a sí mismo. Su reciente experimento con Robert Rodriguez, Grindhouse (del que formaba parte la mencionada Death Proof), gustase o no tenía un tufillo autoindulgente que daba susto, y espero que no se convierta en hábito.

¿Qué será, será...?

¿Qué será, será...?

Malditos bastardos se estrena el 21 de agosto de este año a nivel mundial, y se encuentra en fase de post-producción. Tarantino podía aprovechar el día de su aniversario para reflexionar y así, cuando tenga que volver a la sala de montaje el lunes, lo haga con el ánimo de contar historias sin tener que demostrar nada a nadie, ni siquiera a él mismo. Espero que esté a tiempo.

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“Well, let’s not start sucking each other’s dicks quite yet”

Retocando un par de cosas del diseño del blog (aunque no noteís cambios tenía un jaleo importante en la barra lateral derecha) me dí cuenta de que la presentación se pasa de minimalista; vi que es algo monótona. Un instante después, en el que se hubiese encendido una bombilla encima de mi cabeza si fuera un dibujo animado, se me ocurrió que una buena forma de alegrar el aspecto de la página era incluyendo una cita de una película en la barra izquierda. Si, además, esa cita se renovase semanalmente y se explicase el porqué de su elección, entonces tendría la categoría que ahora presento: Cita de la semana. Para estrenarla, Pulp Fiction es perfecta. Como norma, la cita estará en su idioma original salvo que este sea el japonés o igualmente incomprensible.

Vincet y Jules, John Travolta y Samuel L. Jackson respectivamente, se ven en un jodido marrón cuando, de camino al garito de Marcellus Wallace (Ving Rhames) en coche, Vincent dispara accidentalmente al pasajero del asiento de atrás. La bala impacta en la cabeza y llena de sesos y sangre el interior del automóvil, que automáticamente se convierte en una señal luminosa para la pasma que dice algo así como “venid a detenernos”. No les queda más remedio que ir a casa del hombre de confianza más cercano, Jimmie, interpretado por Quentin Tarantino.

La verborrea de los tres provoca una conversación sin desperdicio, donde Julius y Vincent intentan convencer al huesped de que se quede el cadáver en su casa el tiempo indispensable, mientras éste se queja de que si su mujer los pilla se divorcia. Al intento de peloteo de Jules alabando el café que les ha preparado, Jimmie contesta:

I don’t need you to tell me how fucking good my coffee is, okay? I’m the one who buys it. I know how good it is. When Bonnie goes shopping she buys SHIT. I buy the gourmet expensive stuff because when I drink it I want to taste it. But you know what’s on my mind right now? It AIN’T the coffee in my kitchen, it’s the dead nigger in my garage

El ambiente se calma cuando Marcellus, tras la llamada de socorro de Jules, avisa al hombre que soluciona problemas, El Lobo, véase un Harvey Keitel magistral. Su esencial labor consiste en decir que limpien el coche, que cambien la tapicería de los asientos y finalmente que se deshagan de los trajes ensangrentados.

Vincent y Jules limpian el coche a conciencia. Tanto que, Jimmie, sorprendido con el increíble resultado, exclama:

I can’t believe this is the same car

Y entonces El Lobo suelta la bomba, algo parecido a “no empecemos a chuparmos las pollas todavía”:

Well, let’s not start sucking each other’s dicks quite yet

Ese tono irónico y picaresco resume muy bien el guión ágil, ingenioso y divertidísimo de un Tarantino en estado de gracia. Pulp Fiction es su obra maestra y lo consagró como el director más influyente de los noventa. A partir de su estreno en 1994, las pantallas se llenarían de gangters facundos y predicadores, pero ninguno de ellos estuvo a la altura de Vincent Vega o Jules Winnfield.

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