Imprescindible en una película de terror sobrenatural: crear un clima tenso que anticipe el caos y la muerte. Si quieres acongojar al respetable y decirle que “de donde viene esto, hay más y peor”, necesitas escenas en las que un elemento cotidiano se vuelve paranormal y amenaza a los protagonistas. Puede ser el mobiliario (Poltergeist), un matrimonio vecino de aspecto apacible (La semilla del diablo), una pelota de tenis (El resplandor), una pared agrietada (Repulsión), una cama (El exorcista)… o un periquito. Da igual siempre y cuando funcione. La escena que nos ocupa, que pertecene a la segunda parte de Pesadilla en Elm Street, es un magistral ejemplo de cómo inquietar al espectador: Seguir leyendo