
Redrum. Redrum. Redrum.
Tony habla desde dentro de Danny Torrance. Con voz rota y tono constante repite el nombre de la habitación de la que Danny debía haberse mantenido alejado. Pero Danny entró, y ahora Tony ha salido con tanta fuerza que le domina por completo. Su madre, Wendy Torrance, duerme para no despertar en la pesadilla.

Redrum. Redrum. Redrum.
Danny ase el cuchillo que hay en la mesita pegada a la cama; pasa el pulgar por la hoja afilada ¿Se corta? Parece que no. Da media vuelta y con el cuchillo todavía empuñado coge el lápiz de labios que hay encima de la cómoda. Vuelve al lado de su madre, sólo que esta vez se enfrenta a la puerta que da al baño y empieza a escribir en letras grandes y rojas: REDRUM.

REDRUM. REDRUM. REDRUM.
Los gritos de Tony despiertan a Wendy, que sorprende a su hijo en estado de shock. Lo abraza con fuerza. Abre los ojos y lo que ve la llena de pánico; el espejo de la cómoda revela el misterio del cuarto rojo al invertir la palabra escrita por Danny: MURDER.
En ese preciso instante, alguien llama a la puerta…

El resplandor es mucho más que una película de miedo. Es un estudio de la esquizofrenia, del proceso de alienación de un hombre, en donde no se puede distinguir qué es real y qué no, quién ve y quién imagina. Stanley Kubrick le dió importancia a un género considerado menor a base de psicología, calculada tensión y un ambiente onírico plagado de imágenes inquietantes y cautivadoras. Se atrevió a ir más allá de las convenciones y se adentró en el cuarto rojo de la mente humana.