Las mejores películas de la década… ¿no?

Después de publicar la opinión de mis lectores sobre las mejores películas de la década, faltaba la mía. Viene con retraso porque he intentado, sin éxito, ponerme al día con todo aquello que pensaba sería importante ver antes de conformar mi lista. La tarea se antojó interminable y la perspectiva era errónea. No se trata de que vea todo para que la lista se ajuste mejor a una verdad de excelencia; se trata de que haya visto lo máximo posible para elaborar una relación abierta de películas que destacan entre el resto, que son grano entre paja. El criterio que he seguido para incluír una película en esta lista ampliable ha sido hacer caso de mi instinto. Soy defensor a ultranza del pensamiento crítico, pero una vez dadas todas las vueltas posibles el indicador más sincero es qué siento cuando la veo.

Después del salto, 24 películas hechas entre el año 2000 y 2009 que han ampliado mi visión del mundo y del cine. Seguir leyendo

‘Caché’ y el seudoinsomnio

No es la primera vez que me descubro delante del ordenador, a altas horas de la madrugada, con la inefable y angustiosa sensación de que me queda todo por conocer, porque no soy sino un ingenuo que apenas ha vislumbrado distante la verdad escondida. Esa inseguridad y exagerado sentimiento de ignorancia -casi siempre cinematográfica- vienen acompañadas por una especie de pulsión lectora que me lleva de una página a otra en una espiral frenética de links que, de no ser por motivos de cansancio físico, no acabaría nunca. Es una mezcla de curiosidad y frustración; por un lado deseas seguir informándote para ver si llegua el dichoso conocimiento y por otro necesitas tomar parte en el asunto, dejar de leer e involucrarte. El deseo de implicación se manifiesta en destellos de ideas o imágenes que filmar o en opiniones que deben ser de inmediato redactadas con prosa impecable. Esta noche, aunque no haré una cosa ni la otra, os relato mi experiencia con la esperanza de acostarme sin fantasmas.

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Nadería sádica

Dirección: Michael Haneke

Guión: Michael Haneke

Intérpretes: Naomi Watts, Tim Roth, Michael Pitt

 

 

En los veinte años, más o menos, que llevo asistiendo a la gran pantalla, difícilmente recuerdo salir de la sala antes de los créditos finales. Funny Games U.S. tiene el dudoso honor de ser la primera película en muchos años que no termino de ver. El motivo no fue tanto pesadez de estómago como una negativa a participar del espectáculo de tortura y violencia vacías que proponía Haneke. Quería reivindicar con mi inútil acto que en el cine, como en cualquier otro campo, debe existir una mínima ética marcada por el sentido común que establezca que no todo vale.

La ‘u’ y la ‘s’ mayúsculas que acompañan al título indican que es la versión americana de una homónima austriaca del mismo director. Leo, porque no he visto la original, que aquella es un calco, que salvo los actores, el guión y la planificación son idénticos. ¿Soy un cínico por pensar que más allá de ampliar la difusión del film el remake tiene evidentes fines comerciales? En cualquier caso valga mi comentario para ambas películas.

Una rodilla destrozada por un palo de golf; un perro apaleado hasta la muerte con el mismo utensilio; una madre forzada a desnudarse delante de su hijo, casi asfixiado por la funda de un cojín; un tiro de escopeta a la cabeza del infante bajo la mirada de sus progenitores… Actos violentos y atroces como los relatados es todo lo que se nos ofrece.

¿Qué es, entonces, Funny Games? No es un thriller, ya que se renuncia a cualquier tipo de suspense o intriga; sabemos desde el principio que una familia inocente va a ser vílmente vejada hasta que mueran todos sus integrantes, sólo cabe esperar cómo. Tampoco hay rastro de denuncia tangible o planteamiento de preguntas o reflexiones, por lo que es complicado decir que Funny Games sea algo más que un ejercicio de refinado sadismo con la vergonzante coartada de cine de autor. Y, para mayor repudia, disfrazado por la promoción y el lujoso reparto de película violenta al uso, de otro film de terror con una familia por protagonista en vez de torpes adolescentes.

La crítica española ha sido condescendiente con el producto, experimento, tésis… (¿es realmente una película?) Ha obtenido más que correctas puntuaciones y se habla de “una propuesta fascinante y repulsiva que observa sin juzgar y confronta al espectador con sus propios miedos” (Alberto Bermejo, El mundo), o de “una actualización de discurso e intenciones con suficiencia y empaque” (David Broc, Fotogramas), e incluso se elogia “el talento de Haneke para crear una atmósfera siniestra” (Carlos Boyero, El país). Curiosa forma de esconder sadomasoquismo gratuito y desprecio por el espectador.

En un primer instante pensé que Funny Games no merecía siquiera ser comentada, pero luego recapacité que si había invertido mi tiempo en hablar de películas inocuas, era casi un deber moral llamar, esta vez más que ninguna, a las cosas por su nombre, y advertir a mis escasos lectores de a lo que se van a enfrentar en caso de que decidan ir a verla.