
Más o menos a esta hora encendía ayer la televisión para comprobar si había empezado la gala de los Oscar. Acabé viendo entera la que ya es una gala historica porque, como sabéis, Kathryn Bigelow es la primera mujer en ganar un Oscar a la mejor dirección. Hay muchas formas de entrar en la historia; yo al menos puedo distinguir dos: hacer algo el primero o hacer algo de forma extraordinaria. Por buena que sea ‘En tierra hostil’, que en opinión de muchos lo es (yo incluído), está bastante claro que Bigelow no tiene un hueco reservado en los anales por su trabajo de dirección, aunque éste sea la causa directa. Me pregunto entonces qué relevancia tiene el hito, es decir, si hay una correlación entre la circunstancia y el estado presente y futuro de las mujeres directoras de cine, un campo donde los máximos responsables son hombres en una inmensa mayoría. Como dudo que exista una distinción de sensibilidad y talento inherente al sexo, lo lógico es que el tiempo equilibre la disparidad hasta que sólo el talento personal marque la inevitable diferencia. Pero, ¿Quiere decir el éxito de Bigelow que hay igualdad de oportunidades para que eso ocurra? ¿Es reflejo de un cambio o una mera curiosidad? La comunidad afroamericana parece que ya tiene su sitio fijo en la platea de nominados después de décadas xenofobia atávica. Igual la mujer lleva un camino paralelo, pero yo por ahora soy algo escéptico.
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