No te quedes en casa

Este sábado pasado me reafirmé en mi creencia que ir al cine es insustituible como experiencia. Cuando se habla de cine en casa, la mayoría de las veces se refiere a las magníficas cualidades de una tecnología que emula la imagen y sonido de una sala. Para mi, cine en casa es un término contradictorio tal y como está concebido, porque para ir al cine hay que, entre otras cosas, ir.

Gracias al post que puse hace unas semanas hablando de la reposición de Solaris (entre otras), mike, Harry Callahan, David, Enrique y yo fuimos a verla al cine Doré. Quedé en casa para comer con David y Gabri, su compañero de piso. Este se tuvo que ir una vez terminadas las pizzas y, al tiempo que partía, llegó Enrique con unos cuantos juegos de la Xbox 360 que conseguí que me prestara (no me lo merezco, luego los pierdo). Hablamos de las expectativas que teníamos con respecto a la película y de Tarantino y su próxima Malditos bastardos. Enrique me comentó que le gustó el post en el que hablaba de ella; me sentí orgulloso.

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