Hacia rutas salvajes (2007)

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Dirección: Sean Penn
Guión: Sean Penn
Intérpretes: Emile Hirsch, Hal Holbrook, Catherine Keener, Vince Vaughn
Entrar en contacto directo con la naturaleza salvaje, un mundo virgen carente de la rutina y las obligaciones diarias, es algo que a la mayoría nos resulta atractivo. Pienso que la oportunidad de establecer una nueva vida en absoluta libertad, lejos de todo y todos, conecta con el deseo primario de dominar a placer nuestro destino. Sin embargo, no existe lugar en el mundo en el que huir de uno mismo y no afrontar aquello que nos tortura; Christopher McCandless (Emile Hirsch) se dió cuenta de eso demasiado tarde.
El protagonista de Hacia rutas salvajes, un estudiante brillante y aparente hijo modelo, decide dejar atrás su vida cargando contra una sociedad corrupta llena de valores impostados. La difícil relación de sus padres, las miserias que le ocultaron, marcaron su infancia y le hicieron desconfiar de su entorno. Su filosofía quiere alejarse del convencionalismo de la sociedad moderna porque es lo que sus progenitores representan.
Hasta ahí, podemos congeniar con Alexander Supertramp, como se hace llamar cuando comienza su empresa. Luego está el hecho de que es un soberbio que se cree en posesión de la verdad. Se encuentra con gente muy distinta durante sus viajes y a todos parece dar lecciones, a pesar de tener 23 años. Va tan sobrado que cuando llega a Alaska, su ansiado destino, subestima el poder de la naturaleza y asume que sobrevivirá con facilidad ¿Qué tiene eso de malo?, podéis preguntaros. Pues lo malo es el enfoque que le da Sean Penn.
El director admira el recelo de McCandless por el sistema de vida capitalista y bendice su seguridad y determinación; me vale. No me vale que justifique su decisión de vengarse de sus padres desapareciendo del mapa (ni una llamada, ni una carta, ni una sola señal de interés). Penn le perdona su egoísmo porque es militante de una causa compartida, da por buena su falta de humildad porque toma una decisión que envidia. Sólo hay un ápice de distanciamiento cuando el protagonista admite, solo y moribundo, que estaba equivocado al pensar que sería feliz a lo ‘Juan Palomo’.
Cuando salí del cine después de ver esta película no pude no sentirme identificado con esa llamada de lo salvaje (a mi también me encanta Jack London) pero más tarde me di cuenta de que lo que el director llama un camino loable a mi me parece una actitud egoísta. También, varias veces durante su proyección, me acordé de Grizzly Man, el magnífico documental de Werner Herzog sobre Timothy Treadwell, otro naturalista iluminado. Encontré una diferencia fundamental entre ambas películas: Herzog estudia a su atormentado héroe, Penn lo mitifica.
