Hasta siempre Roger Ebert

A veces dos eventos relacionados coinciden en el tiempo como sólo lo hacen en las películas. Últimamente vengo pensando en la muerte con frecuencia, no sólo como final de la vida de un hombre, sino como otra de las manifestaciones del cambio, del constante e irreversible paso del tiempo; las dos historias que manejo para convertir en un corto tienen que ver con eso mismo de formar directa, sin haberlo premeditado. Ayer murió Roger Ebert, uno de los cimientos de mi amor por el cine, y su partida es otra bofetada a la noción de que aquello que nos importa siempre va a estar ahí, algo que, después del primer arranque de nostalgia, me recuerda lo raro y valioso de la existencia.

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Holy Motors

Chocado por lo poco que me gustó la muy recomendada Holy Motors, escribí mis impresiones en el iPad como desahogo y como ejercicio. Después de repasar mis palabras más allá de una minuciosiadad sana y sin encontrar una continuidad de discurso que me satisfaciese, he decidido que me pueden dar mucho por ahí y que publico igualmente lo que hay. A saber: que me gustó más la idea, y la película, cuando ya no tuve que sentarme a verla.

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El cine de 2012

2012 ha sido un año de poco cine. Ha pillado en medio de una etapa de distancia y cierta indiferencia con lo que tantas horas y fantasías llenaba. Lleva tiempo (el cine) comportándose como una novia caprichosa y posesiva, y me he cansado un poco. La metáfora funciona a medias: quiero decir que me he cansado un poco de mí, de esa parte que me pedía, sin saber cómo, dedicarme al cine. La música ha dado salida a mis inquietudes creativas (que lo de las inquietudes es frase hecha, pero la tercera acepción de “inquieto” lo clava: “desasosegado por una agitación del ánimo”), y lo ha hecho con gran éxito porque, a diferencia del cine y los cortos o los vídeos, he sido capaz de componer canciones y compartirlas; en parte porque es más fácil (a nivel logístico, al menos) y en parte porque tenía más ganas. Y aquí seguimos en 2013, guitarreando para olvidar.

Pero no olvido. Todavía no, porque no es fácil. Hay algo indescriptible en crear un mundo ficticio a partir de imágenes, y ese algo se puede apreciar hasta en películas muy malas. Abstrayendo más, olvidándose de la historia, que es fundamental, y de los personajes, que lo son tanto, capturar (verbo apropiadísimo) imágenes bidimensionales en movimiento, te hechiza. No sé si será la condición de espectador puro (lo que ves es lo que hay, las decisiones están tomadas, no puedes intervenir), o la libertad (y el permiso) de mirar sin consecuencias, o qué cojones, pero no hay otra cosa igual en el mundo. Desde que tengo uso de razón me quedo mirando la pantalla de cualquier dispositivo encendido, y sigo haciéndolo todavía, con la misma intensidad, sea el sitio que sea, hasta que me llaman la atención o recuerdo que estoy con gente o en mitad de una conversación. No lo puedo evitar; los hay que se muerden las uñas.

Así que cuando se me pase el cabreo, volveré a ver tantas películas como antes, o retomaré los proyectos de cortos que dejé a medias, o ambas cosas. No son propósitos para este año, que yo no hago de eso, son consecuencias. Parte de las causas las he agrupado en dos listas: una con las películas que me gustaron mucho y que se estrenaron en 2012 en el cine, y otra con las que me gustaron mucho y vi por primera vez en pantallas más pequeñas.

De las estrenadas este año merecen mención especial Take Shelter y Michael Shannon en el papel principal; Millenium (la de Fincher), una película llena de crueldad y violencia en la que la escena más desgarradora es la de un desengaño amoroso; y Moonrise Kingdom, la primera que veo de Wes Anderson y que no será la última. Del resto merecen mención especialísima Buenos días de Ozu, otra película perfecta del japonés, y Un largo adiós de Robert Altman, de lo mejor del noir que yo haya visto, incluyendo los 40 y los 50 americanos. Algunas no me han vuelto loco pero tienen cualidades que las salvan y justifican: Looper aviva la esperanza de que el cine americano de género salga del coma; Keyhole tiene momentos sacados de un sueño incómodo de Phillip Marlowe; en Help! salen los Beatles y está rodada en plenitud sesentera.

Todas merecen la pena ser vistas, aunque tengan que descargarse ilegalmente. Y en todas me quedé mirando, fijamente, hasta que no tuve más conciencia que la de los personajes, ni más historia que la suya.

Estrenos 2012

Bestias del sur salvaje (2012), Benh Zeitlin
Érase una vez en Anatolia (2011), Nuri Bilge Ceylan
Jiro dreams of Sushi (2011), David Gelb
Keyhole (2012), Guy Maddin
Looper (2012), Rian Johnson
Millenium (2011), David Fincher
Moonrise Kingdom (2012), Wes Anderson
Outrage Beyond (2012), Takeshi Kitano
El topo (2011), Tomas Alfredson
Take Shelter (2011), Jeff Nichols

Me estreno en 2012

Tres páginas de un diario (1929), Georg Wilhelm Pabst
La mujer del cuadro (1944), Fritz Lang
Laura (1944), Otto Preminger
Narciso negro (1947), Michael Powell, Emeric Pressburger
La casa en la sombra (1952), Nicholas Ray
Agente Especial (1955), Joseph H.Lewis
Buenos días (1959), Yasujiro Ozu
Help! (1965), Richard Lester
Un largo adiós (1973), Robert Altman
Cículo rojo (1980), Jean-Pierre Melville
Election 2 (2006), Johnnie To
Caminando (2008), Hirokazu Koreeda

En este 2011 he visto grandes películas

2011 ha sido un año considerable de cine, como es habitual desde que don Liberato despertara definitivamente mi curiosidad en 4º de la ESO, cuando empecé a preocuparme en ver películas “buenas” y demandaba que tuvieran “mensaje”. Más de una década después tengo un blog y un corto. Quién sabe lo que puede pasar durante la siguiente.
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Así de memoria

Hace unas semanas Bea me encomendó un estimulante cometido: elegir 12 fotogramas de películas en blanco y negro con las que decorar su cuarto. Fue una original petición que me encantó porque me dio la oportunidad de sumergirme en la autocomplaciente tarea de recordar películas que me gustan, como cuando hago recomendaciones, pero con un giro muy cinematográfico: debía escoger una imagen en particular.

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En blanco y negro, como dice Spielberg

Minuto 1, segundo 12:

Mis hijos siempre me preguntan: “¿Es en blanco y negro?” Porque siempre les pongo películas, y lo que más temen es que sea en blanco y negro. Y cuando les digo que sí, no quieren verla. Lo cierto es que la primera reacción instintiva de mis hijos, es que no quieren ver una película en blanco y negro. Pero entonces les digo que tienen que verla, y le prometo que a los 10 minutos de empezar no saben si es en blanco y negro o en color o si el formato es 1.66:1 o 2.35:1… están metidos en la película; y por lo general, si les ha gustado, cuando acaba están como locos.

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‘Off-key’, mi corto

Hace unos meses, con la excusa de ponernos al día, le enseñé mis cortos a Pablo y a Enrique, dos buenos amigos y compañeros de facultad que hacía tiempo que no veía. Existe siempre una incomodidad compartida y latente a la hora de mostrar tus creaciones a conocidos, porque uno desconfía de la imparcialidad del juicio y el otro teme verse obligado a esconder una mala reacción (“Los spaguettis están muy buenos”, dijo Fulanito mientras disimulaba el agrio espasmo que le recorrió la cara, sabiendo que Menganito no le quitaba ojo de encima). Enrique y especialmente Pablo, más expresivo, fueron honestos (con esa paz que da saber que lo estás siendo) cuando me dijeron que el último que les enseñé les gustó mucho. Creo que fue ése el punto de inflexión que me llevó a enseñarlo más y cuya consecuencia última es ésta entrada: necesité alimentar el ego para darme cuenta que no pasa nada si se queda con hambre.

Durante un tiempo, me resistí a subir Off-key (Desafinado en español), el corto final del curso que realicé en la NYU, por temas de derechos de autor (que no vienen al caso y entenderéis visto el corto), aunque secretamente, incluso para mí, era una sutil excusa para no exponer mis vergüenzas. Admitido que no son las consecuencias legales, irrisorias en el fondo, las que me impedían compartir mi obra más elaborada, entendí que me cuesta mucho superar que me equivoco. Mucho más difícil fue comprender que el error no sólo es ineludible, sino necesario, y que las creaciones no tienen sentido sin oyente, sin lector, sin espectador.

Así que aquí lo tenéis, gente de Internet. Prefiero no decir nada y responder cuestiones en los comentarios. Para mí, aunque tiene algunos puntos a su favor, no es un gran corto. Aunque lo que yo opine, la verdad, da un poco igual.


Nota: Se ve mucho mejor a pantalla completa y pulsando la opción “720p”.