Quemar después de leer (2008)

quemar después de leer


Dirección: Ethan y Joel Coen

Guión: Ethan y Joel Coen

Intérpretes: Frances McDormand, John Malkovich, Brad Pitt, George Clooney

16/10/2008
por Víctor Escribano

El rodaje de una película debe parecerse más a Hearts of Darkness que a los making of que vienen en los extras de los DVD. Supongo que no todo es caos apocalíptico (ver mencionado documental) pero el común denominador tiene pinta de ser, como poco, trabajo duro. Sin embargo, no es fácil imaginar al reparto de Quemar después de leer o a los Coen mismos aburriéndose mientras la hacían. Todo el mundo tiene pinta de estar pasándoselo pipa, con un ambiente propio de intrascendente reunión de amiguetes para echar unas risas. Y más o menos así me sentí yo al verla: “¡Qué buen rato hemos pasao!, ¿qué hacemos ahora?”

Plano cenital en el que se observa el globo terráqueo. Zoom a un edificio cualquiera, que resulta ser el cuartel general de la CIA. Entramos y seguimos a Osbourne Cox (John Malkovich) hasta una reunión con su superior. Con eufemismos varios le mandan a la puñetera calle y desatan una reacción en cadena de estupidez humana imparable. A saber: Cox, decepcionado, decide escribir unas memorias que contienen jugosa información confidencial mientras su mujer, Katie (Tilda Swinton), quiere divorciarse y, asesorada por su abogado, guarda toda la información del ordenador de su marido en un CD que se olvida en un gimnasio la secretaria del letrado. Chad (Brad Pitt), un empleado del gimnasio, lo descubre, y decide chantajear a Cox con la ayuda de su compañera Linda (Frances McDormand) que está empeñada en pagarse una cirujía estética que su seguro no cubre. Harry (George Clooney), amante de Katie y, gracias a su afición de buscar citas en Internet, también de Linda, tiene un desgraciado encuentro con Chad cuando este allana la casa de los Cox en busca de más información.

Y la cosa sigue y sigue, y adquiere tal ritmo frenético que a pesar de lo abrupto del final da la sensación de que no hay otro posible. Es decir, para, que me bajo, que no hay quien se entienda en esta jaula de grillos. No me hace falta ver más porque a la enésima necedad de sus personajes puedo retirarme y decir que lo he pillado.

En cuanto al trabajo de los actores que, insisto, se lo pasan teta, destacaría el de Frances McDormand. Brad Pitt está genial de tonto de remate, algo que no recuerdo que haya hecho antes, pero tengo cierta debilidad por McDormand desde que vi Fargo y me enamoré de su personaje; esa entrañable policía que encarnaba con naturalidad asombrosa, en una de esas singulares actuaciones en las nunca ves al actor. Conecto por tanto más con Linda que con ningún otro, y seguramente esa sea la intención de los Coen.

Quemar después de leer está llena de momentos divertidos, casi todos provocados por la tontuna generalizada que parece extenderse como la niebla en el Támesis. La palabra podría ser cínica, entretenida o incluso esperpéntica, pero la que mejor le va es disparatada. ¿Demasiado disparatada? Tal vez, si algo eché de menos fue alguien cuerdo que mirase todo aquello con asombro e incredulidad, que estuviera al nivel del público y, parafraseando a Obélix, le dijera: “¡Están locos estos americanos!”.

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