Los crímenes de Oxford (2008)

Dirección: Alex de la Iglesia

Guión: Jaime Guerricaechevarría y Alex de la Iglesia

Intérpretes: Elijah Wood, John Hurt, Leonor Watling, Julie Cox, Burn Gorman

20/01/2008
por Víctor Escribano

¿Azar o certeza? ¿Casualidad o causalidad? ¿Qué rige el universo, la lógica de los números o el capricho de lo absurdo? El recién estrenado thriller de Alex de la Iglesia apunta alto con su osado planteamiento y su entresijo matemático. En un género en el que se ha visto de todo, Los crímenes de Oxford es una ambiciosa película que pretende verdaderamente estimular la materia gris del espectador. Lo cierto es que se asiste interesado a un sibilino desarrollo, aunque sea, finalmente, un producto más convencional de lo que aparenta.

Martin (Elijah Wood) es un estudiante norteamericano que viaja a Inglaterra en busca del célebre profesor de matemáticas Arthur Seldom (John Hurt). Espera que dirija su tésis, pero el intento por llamar su atención acaba en embarazoso escarnio. Nada de eso importa cuando descubren juntos el cadáver de una anciana asesinada que es, casualmente (¿?), arrendadora del alumno y antigua amiga del maestro. Todo apunta a que no es un hecho aislado, sino la serie asesina de un asesino en serie que ambos deberán detener, en un duelo para determinar quién es el más listo del cotarro, si el joven idealista o el viejo escéptico.

En medio del galimatías a la Fibonacci está, entre otros secundarios, Lorna (Leonor Watling), un mujer que figura, entiendo yo, como conexión generacional y reflejo de obsesiones: tuvo una aventura con Seldom, ahora se encariña de Martin, y através de ella vemos que no son tan distintos; ninguno puede quitarse una idea de la cabeza cuando esta entra por la puerta del reto intelectual. Visto así suena interesante, cuando, quizás por culpa de una sosa Waitling, nunca se sabe a ciencia cierta qué pinta Lorna, más chica Playboy que seductora sutil.

Tampoco aporta mucho Podorov (Burn Gorman), el estudiante compañero de Martin. Divertido, irascible, inofensivo, pero sobre todo incomprensible. Particularmente, el personaje que más me gusta es Beth (Julie Cox); tiene verdaderas motivaciones, fuertes conflictos morales y una tormentosa personalidad.

No he leído ni una sola crítica de la película que no mencione el plano-secuencia que desemboca en el primer asesinato. Las alabanzas son merecidas. Con maestría y algún que otro montaje digital (así enlazan lo que tienen toda la pinta de ser distintas tomas) nos movemos de un personaje a otro en una manifestación de intenciones: todo está conectado, existen causas y consecuencias lógicas y relacionadas. O no. Jaime Guerricaechevarría y Alex de la Iglesia no dan la sensación de tenerlo claro.

Entretenida y superficial, Los crímenes de Oxford conserva algo del esperpento y el sentido del humor de El día de la bestia o Crimen ferpecto, ambas del mismo director; se agradece el detalle pero es poco más que anecdótico. La puesta en escena es rutinaria y brillante por momentos, pero lo peor es un guión demasiado preocupado por cerrar su acertijo. Cae en llamativas contradicciones que me gustaría resaltar, pero no quiero fastidiar la sorpresa a nadie. Sí diré que deja huecos y preguntas difíciles de responder, y eso me recuerda una cosa: tanto en matemáticas como en cine plantear un problema es mucho más fácil que resolverlo.

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