Vicky Cristina Barcelona (2008)

vicky cristina barcelona

Dirección: Woody Allen

Guión: Woody Allen

Intérpretes: Javier Bardem, Scarlett Johansson, Rebecca Hall, Penelope Cruz

23/09/2008
por Víctor Escribano

Vicky Cristina Barcelona: es la segunda vez que Woody Allen incluye el nombre de una ciudad en el título de una película. Manhattan (a los puristas: ya sé que técnicamente no es una ciudad) es la otra. Qué odiosas son las comparaciones y qué distinto sin embargo es el Allen europeo, a medio gas y sin chispa, del genio neoyorkino. Una de las razones puede que sea precisamente el cambio de aires: en la Gran Manzana tenía a su musa, amante y compañera; en Barcelona es poco más que un turista curioso.

Vicky (Rebecca Hall) y Cristina (Scarlett Johansson) son dos amigas norteamericanas que deciden pasar un verano en Barcelona. Las dos tienen una idea casi antagónica del amor y de las relaciones de pareja. El apuesto pintor Juan Antonio (Javier Bardem) y su neurótica ex-mujer (Penélope Cruz) promenten dar una vuelta de tuerca a sus percepciones. Luego está lo de que Vicky venga a estudiar “identidad catalana”. Y vuelvo rápidamente al título ¿no es un poco forzado lo de incluir el nombre de la ciudad? Claro que ya lo decía Jafar en Aladdin: “¿Conoces la regla de oro? Quien tiene el oro hace las reglas.”

Subvenciones aparte, Woody Allen se asoma a España como un japonés de los de descuento de grupo. Con todos mis respetos a los turistas nipones, lo que quiero decir que su mirada es superficial y tópica: que si la Sagrada Familia por aquí, que si una guitarra española por allá y para la banda sonora Entre dos aguas de Paco de Lucía… por lo menos la canción es preciosa.

Pues bien, todo eso daría igual si el guión o la puesta en escena rezumaran la mitad del ingenio que ha demostrado tener su creador. Con Woody Allen en forma o te ríes sin parar o pides tiempo muerto para asimilar lo que escuchas o las dos cosas a la vez. Aquí los momentos cómicos, protagonizados sobretodo por Penélope Cruz, son escasos, y cuando se ponen serios aburren un pelín.

No todo es malo. El mayor hallazgo es la mencionada Cruz y su lunática Maria Elena, fogosa y mediterránea, pero sobre todo divertida. Se toma las cosas con otro espíritu y a diferencia de las americanas parece que le corre sangre por las venas. Me gustó también que ni Vicky ni Cristina sacasen nada en claro de sus fuertes experiencias (acaban más liadas de lo que llegaron). Al fin y al cabo, la vida a veces es caprichosa e ilógica, y de eso Woody Allen sabe mucho. Sin embargo, no consigo recordar otro retazo de esa aplastante sabiduría en toda la película.

Salvando Match Point, el periplo europeo de Allen ha sido infructuoso. Ni Scoop, ni Cassandra’s Dream ni ésta tienen mucho pase, pero su etapa final americana tampoco es alentadora. Tengo que remontarme a Desmontando a Harry para encontrar la última que me convenció. Saliendo del cine, me fue inevitable acordarme de Isaac Davis y Mary Wilkie en blanco y negro paseando por Nueva York, o de Alvy Signer y Annie Hall cocinando langostas, o de Judah Rosenthal conversando con Cliff Stern, y entre nostálgico y risueño me pregunté cuándo volvería Woody Allen a regalarnos una maravilla parecida.

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