Ayer, por primera vez en la historia del festival de Cannes, una película de animación daba el pistoletazo de salida. Ayer, por primera vez en la historia del festival de Cannes, se proyectaba una película en 3 dimensiones. Estos dos hitos pertenecen a un mismo largometraje, lo último de Pixar: ‘Up’. Y es que, ¿quién si no Pixar iba a liderar un cambio en la industria del cine? ¿Quién si no la compañía incorformista, nido de genios creativos, que viene dando desde su creación algunas de las mejores películas, de animación o no, de los últimos 15 años?
Quiero dejar claro, si acaso no lo he hecho aún, que profeso admiración absoluta por John Lasseter y su equipo. No tienen complejos, ni prejuicios, ni ataduras; tienen talento a raudales, amor por el cine y ganas de emocionar a niños pequeños y grandes mientras buscan nuevas formas cinematográficas. Parece que ahora han dado con la tercera dimensión, con la que siempre me he mostrado reacio; el director de ‘Up’, Peter Docter, que también lo fue de ‘Montruos S.A.’, ha explicado la visión que tienen ellos de la “nueva” tecnología:
Queremos que la profundidad funcione como un elemento más, como el color o la fotografía. La profundidad que facilita este sistema es un elemento emocional más. Se trata de eso, de emocionar.
Es decir, nada de enfatizar la acción y punto; quieren usar la extensión del plano como una herramienta más de la puesta en escena. Qué queréis que os diga, a mi me ha convencido.
Hace dos años era una rata cocinera; el año pasado, un robot mudo en un planeta desértico; este año es un abuelete el que lidera una película infantil ¿Tienen límites creativos? ¿Hay restricciones en el guión, por disparatado que sea? Yo creo que no. Imagino que si Brad Bird hubiera planteado en cualquier otra productora del mundo, que su película iba de una rata que coronaba el templo de la cocina mundial, estaría rodeado finalmente de ratas, pero de las de verdad.
La reacción en Cannes ha sido un aplauso unánime. Roger Ebert, del Chicago Suntimes, que no ha tenido la oportunidad de verla con las gafas turno, afirma que “es una película maravillosa”. Dice también que “los personajes tienen carácter, problemas y obsesiones [...] son monos y bobalicones; pero no monos como empalagosos animalitos animados, si no monos a la humana manera del maestro de animación Hayao Miyazaki” (autor de ‘La princesa Mononoke’ o ‘El viaje de Chihiro’).
Peter Bradshaw, del británico The Guardian, afirma que “la presentación en 3D le da un auténtico empuje, pero esta película te eleva en el aire gracias a su fortaleza tradicional: argumento, caracterización e ingeniosa animación con los los varlores de claridad y simplicidad de toda la vida”.
Aquí en España, Luis Martínez, de El mundo, no escatima en halagos: “El director Pete Docter, el mismo de ‘Monstruos S.A.’ y uno de los fundadores de la factoría Pixar, regala lo que, sin miedo a equivocarse, puede ser calificado como una simple obra maestra. Entre Chaplin y ‘El mago de Oz’, ‘Up’ ofrece un delicado y nada afectado homenaje al cine, a su historia.”
En ‘Up’ se han invertido 175 millones de dólares. Insisto: en un largometraje de animación protagonizado por un vendedor de globos de 78 años se han invertido 175 millones de dólares. Con Hollywood adocenado, envuelto en remakes, precuelas y secuelas, Pixar comercia con innovación y talento, sabiendo que para mantener su producción hay que hacer dinero, pero sin importarle asumir riesgos. Así, fantaseando, si tuviera que rechazar las cuantiosas ofertas de dirección que tengo sobre mi mesa, trabajaría allí a destajo por 0.0 dólares (o lo qué al cambio sea eso en euros). Me conformaré por ahora con ver ‘Up’ cuando se estrene, aunque qué lejos queda el 14 de agosto.












