Amor a primera escucha

Vi Her hace poco y, más o menos a mitad, empecé a removerme en mi asiento de frustración al no poder comprender que el protagonista se enamorara de una voz. La falta de interacción física es en la película una nota discordante, un grito de socorro pidiendo una cara, un cuerpo, unas manos y sus lenguajes. El problema no tiene nada que ver con que ella sea una inteligencia artificial. El problema es que sea una inteligencia sin ojos, sin cintura, sin pecho, sin sonrisa; una voz en el ciberespacio que ni se puede mirar ni agarrar. La relación entre Theodore y Samantha es, de hecho, una larga conversación telefónica. Como beber vino con el olfato. “¡Pero si para beber vino hay que probarlo!”. Pues eso.

Theodore escucha a Samantha
Theodore escucha a Samantha

Si es lo que Spike Jonze pretende, mostrar la clase de alienación hacia la que vamos encaminados como especie, ha dado en clavo; Her es de hecho una melancólica muestra de los males de la era del smart phone. Pero si la idea es acompañarlos en su historia de amor, le ha salido el tiro por la culata: daban ganas de zarandear a Joaquin Phoenix de los hombros y darle un par, así con la mano abierta, hasta hacerle entender que así no se hace.

El cine de 2013

2013 ha sido el sexto año de no soy director de cine. Con el paso del tiempo, las circunstancias me alejan del blog, donde ahora más que nunca ya sólo queda escribir por amor al arte (en realidad el único motivo verdadero que he tenido). Con las redes sociales y el auge de tumblr, el blog sólo tiene sentido en entradas largas a las que soy incapaz de dedicar menos de tres o cuatro horas, un tiempo en el que rara vez no hay algo más urgente o menos pesado que hacer. Sin embargo, ninguna de esas cosas atestigua mi dedicación al cine ni calma mi inquietud como un post listo para publicarse. Así, son más las veces que lamento dejar pasar la oportunidad de escribir algo que las que no atiendo esto por olvido; y así, me gusta aprovechar la práctica borrega de las listas para dejar constancia de lo que he visto y saldar, en parte, la deuda con mis lectores.

A continuación tenéis las películas del año pasado que más me gustaron. Feliz 2014.

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Efectos primarios y secundarios

Todavía estáis a tiempo para ver en el cine Efectos Secundarios, la última película de Steven Soderbergh. Soderbergh viene diciendo que lo de última, además de más reciente, significa también que ya no hay más; si es verdad, habrá dejado un puñado de buenas películas (Traffic, Un romance muy peligroso, Bubble, Ocean’s Eleven) a las que hay que sumarle ésta, en una carrera prolífica y heterogénea como pocas en Hollywood.
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Holy Motors

Chocado por lo poco que me gustó la muy recomendada Holy Motors, escribí mis impresiones en el iPad como desahogo y como ejercicio. Después de repasar mis palabras más allá de una minuciosiadad sana y sin encontrar una continuidad de discurso que me satisfaciese, he decidido que me pueden dar mucho por ahí y que publico igualmente lo que hay. A saber: que me gustó más la idea, y la película, cuando ya no tuve que sentarme a verla.

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El cine de 2012

2012 ha sido un año de poco cine. Ha pillado en medio de una etapa de distancia y cierta indiferencia con lo que tantas horas y fantasías llenaba. Lleva tiempo (el cine) comportándose como una novia caprichosa y posesiva, y me he cansado un poco. La metáfora funciona a medias: quiero decir que me he cansado un poco de mí, de esa parte que me pedía, sin saber cómo, dedicarme al cine. La música ha dado salida a mis inquietudes creativas (que lo de las inquietudes es frase hecha, pero la tercera acepción de “inquieto” lo clava: “desasosegado por una agitación del ánimo”), y lo ha hecho con gran éxito porque, a diferencia del cine y los cortos o los vídeos, he sido capaz de componer canciones y compartirlas; en parte porque es más fácil (a nivel logístico, al menos) y en parte porque tenía más ganas. Y aquí seguimos en 2013, guitarreando para olvidar.

Pero no olvido. Todavía no, porque no es fácil. Hay algo indescriptible en crear un mundo ficticio a partir de imágenes, y ese algo se puede apreciar hasta en películas muy malas. Abstrayendo más, olvidándose de la historia, que es fundamental, y de los personajes, que lo son tanto, capturar (verbo apropiadísimo) imágenes bidimensionales en movimiento, te hechiza. No sé si será la condición de espectador puro (lo que ves es lo que hay, las decisiones están tomadas, no puedes intervenir), o la libertad (y el permiso) de mirar sin consecuencias, o qué cojones, pero no hay otra cosa igual en el mundo. Desde que tengo uso de razón me quedo mirando la pantalla de cualquier dispositivo encendido, y sigo haciéndolo todavía, con la misma intensidad, sea el sitio que sea, hasta que me llaman la atención o recuerdo que estoy con gente o en mitad de una conversación. No lo puedo evitar; los hay que se muerden las uñas.

Así que cuando se me pase el cabreo, volveré a ver tantas películas como antes, o retomaré los proyectos de cortos que dejé a medias, o ambas cosas. No son propósitos para este año, que yo no hago de eso, son consecuencias. Parte de las causas las he agrupado en dos listas: una con las películas que me gustaron mucho y que se estrenaron en 2012 en el cine, y otra con las que me gustaron mucho y vi por primera vez en pantallas más pequeñas.

De las estrenadas este año merecen mención especial Take Shelter y Michael Shannon en el papel principal; Millenium (la de Fincher), una película llena de crueldad y violencia en la que la escena más desgarradora es la de un desengaño amoroso; y Moonrise Kingdom, la primera que veo de Wes Anderson y que no será la última. Del resto merecen mención especialísima Buenos días de Ozu, otra película perfecta del japonés, y Un largo adiós de Robert Altman, de lo mejor del noir que yo haya visto, incluyendo los 40 y los 50 americanos. Algunas no me han vuelto loco pero tienen cualidades que las salvan y justifican: Looper aviva la esperanza de que el cine americano de género salga del coma; Keyhole tiene momentos sacados de un sueño incómodo de Phillip Marlowe; en Help! salen los Beatles y está rodada en plenitud sesentera.

Todas merecen la pena ser vistas, aunque tengan que descargarse ilegalmente. Y en todas me quedé mirando, fijamente, hasta que no tuve más conciencia que la de los personajes, ni más historia que la suya.

Estrenos 2012

Bestias del sur salvaje (2012), Benh Zeitlin
Érase una vez en Anatolia (2011), Nuri Bilge Ceylan
Jiro dreams of Sushi (2011), David Gelb
Keyhole (2012), Guy Maddin
Looper (2012), Rian Johnson
Millenium (2011), David Fincher
Moonrise Kingdom (2012), Wes Anderson
Outrage Beyond (2012), Takeshi Kitano
El topo (2011), Tomas Alfredson
Take Shelter (2011), Jeff Nichols

Me estreno en 2012

Tres páginas de un diario (1929), Georg Wilhelm Pabst
La mujer del cuadro (1944), Fritz Lang
Laura (1944), Otto Preminger
Narciso negro (1947), Michael Powell, Emeric Pressburger
La casa en la sombra (1952), Nicholas Ray
Agente Especial (1955), Joseph H.Lewis
Buenos días (1959), Yasujiro Ozu
Help! (1965), Richard Lester
Un largo adiós (1973), Robert Altman
Cículo rojo (1980), Jean-Pierre Melville
Election 2 (2006), Johnnie To
Caminando (2008), Hirokazu Koreeda

Sitges 2012

El pasado puente del 12 de octubre estuve en Sitges en el festival de cine fantástico. Era mi primera vez en un festival de cine, nunca había visto cinco películas en un mismo día. Me agobió y encandiló la experiencia, que se parece mucho al duermevela de esas mañanas en las que puedes retozar y se sucenden sin descanso sueños que recuerdas al despertarte.

Vi nueve películas en total de las que comento tres. Pasan los días, no encuentro tiempo para comentar el resto y me olvido de las películas, o al menos de la experiencia de verlas. Así que quedan comentadas las que están y añado que evitéis Paranormal Activity 4 y Spring Breakers y que, si tenéis oportunidad, no os perdáis Beasts of Southern Wild y Outrage Beyond.
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La Jetée y la tentación de la memoria

Con todo eso, te hago saber, hermano Panza —replicó don Quijote—, que no hay memoria a quien el tiempo no acabe, ni dolor que muerte no le consuma.

—Pues ¿qué mayor desdicha puede ser —replicó Panza— de aquella que aguarda al tiempo que la consuma y a la muerte que la acabe?

Miguel de Cervantes, El ingenioso hidalgo Don Quijote de La Mancha (1605)

Siempre me ha llamado la atención de La Jetée (1962) que el acto de viajar en el tiempo requiera tan poco movimiento. El protagonista visita muchas veces el pasado (y alguna el futuro), ida y vuelta, tumbado en una hamaca. No creo que el hecho se deba a que el cortometraje de Chris Marker sea de producción humilde, incapaz de reproducir el trajín de una película de ciencia ficción de Hollywood, o a que su historia se cuente con fotografías (y no a 24 por segundo). La Jetée cuenta una historia de viajes en el tiempo porque es de producción humilde y lo hace con fotografías: es el matrimonio perfecto para una metáfora de la memoria que no se conforma con el aspecto figurativo, y traslada esa equivalencia a una representación inmediata: tumbarse a recordar es viajar en el tiempo.

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