El escritor, la última película de Roman Polanski, desarrolla una trama de crimen en la sombra, conspiración internacional y CIA (qué thriller político no andaría cojo sin la conyuntura de los del pentágono), prestándole sólo un poco más de verdadera atención que la que Hitchcock dedicaba a sus MacGuffin. La idea es que el protagonista está metido hasta las cejas en un embrollo que ni le va ni le viene, en el que se expone a perder más de lo que imaginaba, y del que no puede salir, principalmente, por su irrefrenable impulso de conocer la verdad; el interés reside entonces en explorar este personaje, en los sutiles elementos, desconcertantes y raros, que trasforman su rutina en una pesadilla de creciente paranoia, y en cómo la inexorable fatalidad le persigue y condena desde el instante en que acepta su encargo.
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