Cuestión de ritmo

Siempre he pensado que el arte es cuestión de ritmo; es decir, de un orden específico de naturalezas contrapuestas. Si el resultado es armónico, se habla de una gran obra. Existen obras de un ritmo tan perfecto que cualquier alteración, por mínima que sea, las rebaja. Por extensión (¿o era al revés?) creo que la vida misma es cuestión de ritmo, de altos y bajos, de claros y oscuros, y que se trata de encontrar tu frecuencia y ajustarte a su período o, al menos, de no estar muy desfasado.

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En caso de tormenta, el río se desborda

Una semana sin publicar y no tengo nada sustancial que ofrecer. De cosecha propia, se entiende, porque navegando por la web encuentra uno cosas interesantes:

Scorsese, el ‘presionista

Martin Scorsese, siempre sensible a la historia del cine, a la evolución de técnicas y estilos, se ha empapado de otras películas como canales para liberar su propia visión, en la que las influencias son claras sin que por ello sea menos personal. David Borwell, historiador y teórico de cine, nos explica aquí como el director se ha valido de la manifestación cinematográfica de dos tendencias artísticas, el impresionismo y el expresionismo, para sugerir el estado mental de sus personajes.

Las mejores películas de Scorsese contribuyen a una rica tradición en la que el cine, habitualmente comprometido con la realidad objetiva, hace palpable lo que ocurre en nuestro interior.

La entrada del blog, como tantas otras, es una modesta y brillante clase de cine. (Está en inglés, of course, un idioma muy útil para esto de Internet).

Lynch el meteorólogo

David Lynch lleva sin informar al mundo del tiempo que hace en Los Angeles desde el 23 de febrero. Me preocupa que un conejo gigante le haya secuestrado de camino a la peluquería; y si me preocupo en vano porque sigue en su casa tomando café, es una descortesía abandonar los partes meteorológicos. Hay mucha gente que quiere saber qué tiempo hace en Mulholland Drive.

Actualización (29/04/2010): Ayer me escribió Lynch diciendo que había leído esta entrada (entiende bien el español y es fan del blog), que lo siente y que había actualizado el parte. Pinchando en el enlace podemos saber que ayer en Los Ángeles el cielo estuvo prácticamente despejado, que corría una fuerte brisa y que la temperatura era de 16 grados centígrados.

Buster Keaton, el héroe del río

El héroe del río

Buster Keaton es uno de mis cineastas preferidos. Su álter ego es amable e íntegro, ejemplo de firme resolución en mitad del caos, de valiente determinación al borde del precipicio. No pide condescencia o aplauso, sus objetivos son humildes y sin embargo no es un conformista: si las circunstancias son adversas (y por suerte vaya si lo son) él, incansable, hace lo que esté en su mano para reestablecer el orden y alcanzar el final feliz. Y todo ello sin dejar un minuto de ser divertidísimo.

Pero eso es sólo mi impresión, y ni siquiera completa porque todavía no entiendo bien por qué me gustan tanto las películas de este tipo. Para comprender un poco mejor su cine, lo suyo es verlo primero –dvdgo tiene El héroe del río por poco menos de 6 euros, pero para los escépticos (“¿me voy a gastar 5,95 euros en una película muda?”) dejo este enlace en el podéis encontrar ésa y otras tantas buenísimas- y después, por ejemplo, leer el magnífico ensayo de Jim Emerson The Beauty of Buster. Again, en inglés; y sí, bajo el horrible diseño web de finales de los 90.

Ciclo David Lynch en el cine Doré

Amigos del cine, del subconsciente y de los peinados estrafalarios: estamos de enhorabuena. La filmoteca –cine Doré para los colegas- dedica febrero a David Lynch, y proyectará su filmografía entera incluídos sus cortos y todos los episodios de ‘Twin Peaks’ -pena que el piloto se proyecte hoy a las 19:00, es decir, que me lo pierdo. Para más detalles os dejo el enlace al programa, pero vamos, que ponen todos los largometrajes un par de veces. No hay excusa.

Sombras desproporcionadas agotan la escalera de caracol.

inlandempire

Lo que usted diga, señor Lynch

Últimamente estoy bastante enganchado a vídeos en los que aparece David Lynch, o sencillamente a cualquier cosa en Internet que tenga que ver con su persona -o personaje, porque no lo tengo claro. Ayer me topé con uno sobre sus directores de cine preferidos:

Stanley Kubrick, Federico Fellini, Jaques Tati, Alfred Hitchcock; entre otros, supongo. Indudablemente la coincidencia en gustos me produce simpatía hacia su persona, pero lo que me llama la atención de éste y otros vídeos es su manera extrañamente calma de decir las cosas. Su tono es como una versión apacible de su cine, sin lo sórdido pero con el mismo deje desconcertante.

Por cierto, también hace partes meteorológicos: here in L.A.

De cómo David Lynch no dirigió ‘El retorno del Jedi’

El vídeo en el que David Lynch cuenta la historia y que encabezaba esta entrada ya no está en Youtube. Podéis pinchar aquí para ver el mismo vídeo colgado por otro usuario, que al haber desactivado la opción de insertar me impide incluirlo aquí.

George me pidió que me acercara a verle y hablar con él, sobre dirigir lo que sería la tercera ‘Guerra de las galaxias’, y tenía casi cero interés. Pero siempre he admirado a George. ¿Sabéis?, George es un tío que hace lo que le encanta, yo hago lo que me encanta, la diferencia es que lo que a él le encanta genera cientos de miles de millones de dólares. Así que pensé que al menos debía visitarle, y fue increíble. Tuve que ir antes a un edificio en Los Ángeles, y conseguir una tarjeta de crédito especial, y llaves especiales, y un mapa… Y fui al aeropuerto, cogí el vuelo, y tenían un coche de alquiler preparado para mi, todo estaba listo. Y se suponía que debía conducir hasta este sitio, y entré en una oficina y allí estaba George. Habló conmigo un rato y luego me dijo: “te quiero enseñar algo”… Más o menos entonces me entra un ligero dolor de cabeza, ya sabéis a lo que me refiero (risas)… Así que me llevó al piso de arriba, y me enseñó unas cosas llamadas wookies, y el dolor de cabeza va en aumento… me enseñó muchos animales y cosas por el estilo. Entonces me dió una vuelta en su Ferrari para ir a comer, y George es bajito, y estaba casi tumbado en su choche; volábamos a través de un pequeño pueblo del norte de California… Fuimos a un restaurante, no es que no me guste la ensalada, pero lo único que tenían eran ensaladas (risas). Entonces me viene casi una migraña, y estaba deseando llegar a casa, e incluso antes de llegar a casa me arrastré hasta una cabina, llamé a mi agente y le dije: “no hay forma de que yo haga esto, no la hay”; y me dijo: “David, David, David, tranquilízate, no tienes que hacerlo”. George, que Dios le bendiga, lo llamé al día siguiente y le dije que él debía dirigirla, que era su película, había inventado todo sobre ella. Pero no le gusta demasiado dirigir, así que otra persona acabo dirigiéndola. Llamé a mi abogado y le dije que no lo iba a hacer, y me dijo: “acabas de perder nosécuantos millones de dólares”. Pero no pasa nada.