“Una lección de cine”… y tanto

A vueltas con el guión de un corto que no acaba de tomar forma, me topé con éste de Nacho Vigalondo en una de mis investigaciones por la red en busca de inspiración o de algo que plagiar. Hace doblemente honor al título que lleva: primero, expone que el suspense es más importante que lo que lo genera y que su resolución; segundo, que lo único que hace falta para rodar un cortometraje es una buena idea. Así dicho, conseguirlo parece trivial, y sin embargo cualquiera que haya visto un par de cortos de este señor se dará cuenta de que tener su imaginación no es cosa ordinaria.

El toro Ferdinando era un toro diferente

Bloquedao, somnoliento y sin tiempo, así estoy hoy; una maravilla, vamos. “¿Y pones un post para desahogarte, escribes como terapia, buscando catarsis en la red?”… Sí, sin que ello suponga contar mi vida. Respeto a los bloggers que lo hacen, pero entiendo que para el lector no morboso suele resultar aburrido, y a mi tampoco me ayudaría demasiado.

Salvo un pequeño rodeo en forma de comentario, os dejo este corto de Disney ganador de un Oscar en 1939. El toro Ferdinando cuenta la historia de un astado distinto a los demás, pacífico, contemplativo y candoroso. Mientras sus iguales, ávidos de combate, hacen continuas demostraciones de fuerza y ferocidad, Ferdinando reposa apacible a la sombra de un árbol, oliendo las flores campestres. Una casualidad le lleva a una plaza de toros de donde sale ileso, paradójicamente, gracias a su espíritu nada beligerante.

Algunos verán un alegato antitaurino en la historia; otros no podrán pasar por alto la curiosa y recurrente representación de los españoles (bigotudos y con sombrero ellos, guapas y con peineta ellas, todo muy castizo y folclórico); personalmente me quedo con el dibujo, con su color, su grácil fluir, su detallismo y su energía y vida. Qué recuerdos me trae de aquellas tardes inocentes frente a un tubo de rayos catódicos, viendo varias cintas VHS seguidas con los mejores cortometrajes Disney recopilados.

Notodofilmfest: ésta es la mía

¡No-directores del mundo, prestad atención! ¡La oportunidad de descubrir al mundo vuestro desbordante talento ha llegado! Por fin podréis compartir con el resto de los hombres los visionario conceptos que rondan esas bulliciosas mentes: ya está aquí la VII edición de Notodofilmfest.

notodofilmfest cartel

Efectivamente, hállome ligeramente hiperbólico, y tiene su explicación: por razones que no comprendo del todo, acojo con inusitado jolgorio la noticia de que se ha abierto el plazo de presentación de cortos para el Notodofilmfest. He sentido, de forma repentina, una extraña revelación que me decía que si concursaba, algo me iba a llevar. He visto el éxito llamar a mi puerta, en una forma indefinida pero tangible. Fortuna y gloria, como las que anhelaba el Doctor Jones, serían mías.

Por supuesto no tengo ni idea de lo que voy a enviar, y seguro que, como mucho y teniendo suerte, me llevo una palmadita en la espalda, pero uno no puede evitar dejarse llevar por el entusiasmo febril momentáneo. Además, sin un poco de autosugestión al final no hago nada.

Datos relevantes para los no-directores interesados:

1. Puedes presentar tantos cortometrajes como quieras.

2. La duración máxima permitida es 3 minutos y medio, con un peso no superior a los 20 megabytes.

3. Los cortos deben estar subtitulados en inglés si el idioma hablado es español y viceversa.

4. Fecha límite: 12 de enero de 2009 a las 12 del mediodía.

5. 60.000€ en total se repartirán entre las distintas categorías.

vigalondo
La dirección del festival corre a cargo de Nacho Vigalondo, exconcursante y exjurado del mismo, cortometrajista experimentado donde los haya y reciente director de cine gracias a Los cronocrímenes. Él y otros seis cineastas y no tan cineastas forman un jurado heterogéneo y en cierto sentido célebre: Jaime Rosales, Joaquín Reyes, Gracia Querejeta, Javier Fesser, Alberto Rodríguez y Luis Alejandro Berdejo. Como curiosidad notifico que todos ellos presentarán su corto en las mismas condiciones que el resto de los mortales.

Entrevista a Vigalondo aquí. Web oficial, con todo lo que hay que saber, here.

Y ahora, id y grabad hermanos.

“¡Presto, mi zanahoria!”

¿Por qué no le da al pobre conejo la zanahoria? Visto lo que tarda al final en comérsela, no tiene por qué preocuparse por el tiempo. Yo creo que está tan ensimismado que olvida que el acto no es solamente obra suya y que es esencial la complicidad del roedor. Claro, él ya ha comido, y puede concentrar toda su atención en el éxito de su espectáculo mientras su colega orejudo tiene que trabajar con el buche vacío. Esa actitud egoísta merece reprimenda; estoy con el conejo, dale su zanahoria.

Este conflicto sencillo pero fuerte sienta una perfecta base para un corto estilo slapstick, muy común en los dibujos animados, que por su forma recuerda a otros que he puesto de Keaton. El conejo quiere su zanahoria y el mago una función deslumbrante, y ambos dedican todos sus recursos a la consecución de su objetivo. Parecen objetivos excluyentes, pero ninguno parará hasta conseguir el suyo. En esa lucha, física, muy física, está el meollo vertebral del corto.

Conseguir hacer reír pasa por empatizar con el personaje, y lograr esa empatía en tan poco tiempo es muy difícil. Pixar (en este caso Doug Sweetland) entiende perfectamente las reglas del corto y las aplica con maestría y un acabado técnico espectacular obteniendo pequeñas joyas de animación como ésta. Presto es un manual de instrucciones de cómo realizar un cortometraje de éxito. Sin embargo, igual que en la cocina, que sigas la receta no significa que el resultado vaya a ser tan exquisito.

Buster Keaton: Vecinos (1920)

Qué mejor forma de recuperar el blog que con otro corto de Buster Keaton. Después de El espantapájaros (1920) os presento Vecinos, del mismo año que el anterior, en el que dirigió otros dos cortos y participó en total en siete producciones. Está claro que entonces la producción cinematográfica era otra cosa.

Disfrutad de Vecinos y más abajo comentamos:

¿A alguien más le recuerda la acción a los dibujos animados? Un guión y una puesta en escena que bien podrían protagonizar Mickey, Pluto, Donald, Bugs Bunny, el Pato Lucas o Tom y Jerry. Resalto este punto para insistir en la tremenda dificultad y la perfecta coordinación de los números, circenses y exquisitamente cómicos a la vez. Dibujar un corto de Buster Keaton es infinitamente más sencillo que rodarlo.

Y a pesar de todo la reacción más común al verlo no es el asombro, sino la risa. No es sólo cómo lo hace, sino sobretodo a quién y por qué. Esto quiere decir que lo primero son los personajes, arquetipos, identificables al momento, que hacen que una acrobacia se convierta en un gag.

La primera escena, en la que él y ella se pasan mensajes de amor por el hueco de la verja que separa sus patios, es un alarde de ingenio para presentar a dos amantes clandestinos. Luego está el suegro-ogro, el juez, el policía… todos forman parte de un lenguaje que se entiende a primera vista, que necesita la complicidad del espectador y por eso, entre otras cosas, es tan gracioso.

No sé si logro explicarme, si desentraño aunque sea un poco el origen del genio de Buster Keaton, pero con que os hayais reído la mitad que yo me conformo.

Buster Keaton: El espantapájaros (1920)

Buster Keaton es uno de mis ídolos cinematográficos. De todos los cómicos de cine mudo es mi preferido, y El maquinista de la general se encuentra entre una de las películas que más me gustan de la historia del cine.

Además de sus largometrajes, la filmografía de Buster Keaton está repleta de pequeñas joyas en forma de cortos que realizó desde 1920 hasta 1929, cuando el sonido se había impuesto definitivamente y ya nadie estaba interesado en hacer películas en las que no se hablara.

He escogido El espantapájaros sin ningún motivo en particular. Iré poniendo todos aquellos cortos que encuentre, porque mi objetivo es que aquel que no conozca el genio de Keaton lo descubra y se dé cuenta de lo divertidas que siguen siendo sus obras más de ochenta años después. Esto se debe quizás a que el blanco y negro y la ausencia de palabras hacen del mudo un lenguaje basado exclusivamente en la imagen, es cine puro que no pretende parecerse a la realidad, sino que más bien crea un universo paralelo y atemporal.

El corto está dividido en dos partes, no siguiendo una lógica narrativa, sino simplemente porque en Youtube los vídeos largos pierden calidad.

Entre Keaton y los demás elementos que componen la escena existe una coordinación perfecta que tiene un fluir continuo y asombroso, casi musical. Sus pericias entrañan serios riesgos físicos, saltos, carreras y caídas que serían un peligro para la salud de cualquiera, pero que su naturalidad al ejecutarlos nos dice que no pasa nada, que ante la adversidad a sacudirse el polvo y a seguir pa’lante. Por esa razón precisamente es tan gracioso: después de jugarse la vida no se para a decirnos “¡eh!, mira lo que acabo de hacer!”, sino que decido y voluntarioso continúa con su empresa, ya sea huir o conquistar a la chica.

El espantapájaros está lleno de momentos desternillantes. La casa en la que viven los dos protagonistas se rige por la ley del mínimo esfuerzo; todo en ella tiene más de una función, la ingeniosa mecánica que convierte un sillón en una bañera le da un nuevo sentido a lavar los platos o pasar la sal.

La persecución del perro tiene su momento álgido en la delgada estructura del techo de una casa en ruinas, donde una carrera en círculo se alarga hasta donde podría resultar reiterativo sino fuera por la destreza de Keaton y el calculado ritmo de la acción. Keaton, disfrazado de espantapájaros, patea el culo de su compañero y el del padre de la chica con la sencillez y la honestidad del humor menos cínico. Luego está, como no, la manera en que las circunstancias se conjuran para que ambos se casen, con la recogida express del cura y el “sí quiero” pasado por agua.

Buster Keaton es un genio de la comedia (y del cine). Para mi es inevitable volver una y otra vez a sus películas y no sonreir con espíritu renovado.

Un rasurado a la Scorsese

Después de unos días sin actualizar el blog debido a los exámenes, vuelvo con fuerza esperando que este breve periodo de sequía no haya espantado a alguno de mis escasos lectores. Rescato para la ocasión una curiosa rareza filmada hace más de 40 años. Con ustedes, The big shave:

Nada menos que Martin Scorsese firma este cortometraje. Sencillo, breve y sangriento, vio la luz en 1967 (el mismo año que su primera película, ¿Quien llama a mi puerta?) y es un proyecto para la escuela neoyorkina Tisch School of the Arts donde Scorsese estudió dirección.

En The big shave vemos a un hombre afeitarse una y otra vez hasta herirse mortalmente, tiñendo de rojo el impoluto baño en el que había entrado. Críptico y no apto para estómagos sensibles, de acuerdo, pero no carente de sentido; su título alternativo, Viet ’67, ofrece una pista.

El proceso de autodestrucción sufrido por Estados Unidos, a raíz de su participación en la guerra del Vietnam, inspira esta metáfora de Scorsese en la que un hombre se empeña en repetir el afeitado sin tener en cuenta que las cuchillas cortan. La trompeta de Bunny Berigan acompaña una escena cotidiana mientras se transforma en una cruda autolaceración que termina con un tajo limpio en la yugular. Algunas de las técnicas y motivos del cine posterior de Scorsese están presentes aquí: la sangre, el Jazz, el montaje utilizado cuando el hombre se quita la camiseta, los planos detalle presentando un baño puro…

Ahora bien, ¿creéis que el corto llamaría la atención si no apareciese Scorsese en los créditos?. Parece claro que no hubiese pasado de “proyecto de clase” sin Taxi Driver o Toro Salvaje pero, ¿gustaría igual como corto anónimo?. En cualquier caso siempre es interesante ver cómo empiezan los grandes.