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¡¿Cómo se atchrueve?!

Indiana Jones

Indiana Jones y la última cruzada (1989)


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“¡¿Cómo se atchrueve?!”

Llaman a las puertas del castillo de Brunwald. El mayordomo hace pasar a Indiana Jones y a la doctora Elsa Schneider; es imposible pasar por alto que se han intercambiado los atuendos. Indy protesta al mayordomo:

- Ya era hora. ¿Pensaba tenernos espeggando en la puerta todo el día?, estamos empapados. ¡¡¡Acpshuaa!!!… ¿Lo vé?, ya me he acatadrado.
- ¡¿Le están espeggando?! - replica el mayordomo visiblemente molesto y desconcertado. Indy ni se inmuta:

- No me habla en ese tono, buen hombre. Vaya a decirle al Barón Brunwald que Lord Clarence McDonald y su encantadora ayudante… han venido a ver los tapises.

Calvo pero no tonto, debe pensar el “buen hombre”. No está dispuesto a que se la metan doblá:

- ¿Tapises?
- Vaya por Dios, que torpe es - continúa Indy - Esto es un castillo, ¿no?; ¿No hay, tapises?

La paciencia se agota:

- Esto es un castillo, y tenemos muchísimos tapises; peggo si usted es un lord escosés ¡yo soy el ggatón Mickey!

 

¡Hasta ahí podíamos llegar!:


- ¡¿Cómo se atchrueve?!


- ¡PAF!

 

El mayordomo ‘is out’…

 

De todas las citas escogidas hasta ahora esta es una de las más personales, y eso teniendo en cuenta que todas lo son. No es una sentencia inteligente ni un lúcido axioma; tampoco es una frase ingeniosa o reveladora. Es simplemente el clímax de una escena con la que me he reído siempre y que forma parte de mi infancia. La recuerdo con esa nostalgia en la que te revuelcas gustoso como cerdo en charco. Viene la cuarta parte y quería recordar a los de mi generación que Indiana Jones nos gusta tanto porque es un personaje imborrable de nuestro ‘yo’ pequeñito.

“Si alguno os abofetea la mejilla derecha, presentadle también la otra”

Primeros planos con distinta iluminación y fondo; el mismo rostro. El escenario cambiante resalta a un joven de mirada profunda que habla con firmeza y sencillez. Según Mateo, Jesucristo le dijo a sus apóstoles:

Jesucristo según Pasolini
No juzguéis a los demás si no queréis ser juzgados. Porque con el mismo juicio que juzgareis, habreis de ser juzgados. Y con la misma medida que midiereis, seréis medidos ¿Con qué cara te pones a mirar la mota en el ojo de tu hermano, si ni siquiera eres capaz de ver la viga que tienes en el tuyo?

Jesucristo según Pasolini (bis)
Habéis oído que se dijo, ojo por ojo y diente por diente. Pero yo os digo que no pongais resistencia al agravio. Y si alguno os abofetea la mejilla derecha, presentadle también la otra.

Habéis oído que se dijo, amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo. Pero yo os digo: amad a vuestros enemigos, orad por vuestros perseguidores, para que seais dignos hijos de vuestro padre celestial, que hace salir su sol para los buenos y los malos, que envía su lluvia sobre los justos y los injustos.

“No, no lo intentes. Hazlo o no lo hagas. Pero no lo intentes”


En un recóndito y cenagoso planeta se esconde el maestro de Jedi más poderoso de la galaxia. El joven Luke Skywalker llega hasta allí en su X-Wing con el androide R2D2, buscando al mentor que ha de convertirlo en un verdadero Caballero Jedi. Para su sorpresa, el famoso Yoda es un enano verde que utiliza un bastón para caminar. La Fuerza, sin embargo, no entiende de apariencias.

Mientras Luke entrena su cuerpo y su mente, cabeza abajo sujetando a su maestro y a una piedra, su nave se sumerge sin remedio en el agua de la ciénaga. Pierde la concentración y caen él y Yoda al romperse el delicado equilibrio en que se encontraban.

-Jamás la sacaremos de ahí - se resigna Luke
-¿Tan seguro estás?… Tú siempre dices que no se puede. Nada oyes de lo que digo - responde Yoda. Pero Luke desconfía:
-Maestro, mover piedras es una cosa pero esto, esto es totalmente diferente
-No, no es diferente, sólo es diferente en tu mente. Tienes que olvidarte de lo que has aprendido

Luke parece no entender a pesar de las palabras de Yoda; con desgana, suelta: está bien, lo intentaré. Yoda le recuerda que lo mediocre y la falta de convicción no tienen cabida en el Jedi:


No, no lo intentes. Hazlo, o no lo hagas. Pero no lo intentes

Luke fracasa. Quieres lo imposible, espeta, y Yoda pasa de la teoría a la práctica:


Con la nave a salvo, después de una demostración de lo que la confianza en uno mismo puede conseguir, Luke admite que había subestimado a la Fuerza:

-Yo no, no puedo creerlo…
-Ya, por eso has fallado

“Redrum. Redrum. Redrum.”

resplandorresplandor2Redrum. Redrum. Redrum.

Tony habla desde dentro de Danny Torrance. Con voz rota y tono constante repite el nombre de la habitación de la que Danny debía haberse mantenido alejado. Pero Danny entró, y ahora Tony ha salido con tanta fuerza que le domina por completo. Su madre, Wendy Torrance, duerme para no despertar en la pesadilla.

resplandor3resplandor4Redrum. Redrum. Redrum.

Danny ase el cuchillo que hay en la mesita pegada a la cama; pasa el pulgar por la hoja afilada ¿Se corta? Parece que no. Da media vuelta y con el cuchillo todavía empuñado coge el lápiz de labios que hay encima de la cómoda. Vuelve al lado de su madre, sólo que esta vez se enfrenta a la puerta que da al baño y empieza a escribir en letras grandes y rojas: REDRUM.

resplandor5resplandor6REDRUM. REDRUM. REDRUM.

Los gritos de Tony despiertan a Wendy, que sorprende a su hijo en estado de shock. Lo abraza con fuerza. Abre los ojos y lo que ve la llena de pánico; el espejo de la cómoda revela el misterio del cuarto rojo al invertir la palabra escrita por Danny: MURDER.

En ese preciso instante, alguien llama a la puerta…

resplandor7

El resplandor es mucho más que una película de miedo. Es un estudio de la esquizofrenia, del proceso de alienación de un hombre, en donde no se puede distinguir qué es real y qué no, quién ve y quién imagina. Stanley Kubrick le dió importancia a un género considerado menor a base de psicología, calculada tensión y un ambiente onírico plagado de imágenes inquietantes y cautivadoras. Se atrevió a ir más allá de las convenciones y se adentró en el cuarto rojo de la mente humana.

“Let’s go”; “Why not?”

Pike Bishop (William Holden) es el líder de un grupo de forajidos que se gana la vida asaltando trenes y robando bancos en el tardío oeste. La mayoría están viejos y cansados, llevan mucho tiempo haciendo lo mismo, pero eso no les ha hecho perder sus principios. Entre ellos figura el de defender a un amigo cueste lo que cueste.

Por eso le duele tanto a Pike y a los suyos ver como vejan y humillan a su compañero Ángel (Jaime Sánchez), arrastrado cruelmente por el coche del despótico y cobarde General Mapache (Emilio Fernández), un mejicano con pocos escrúpulos y mucho poder.

God I hate to see that! - exclama Pike cuando observa con rabia la tortura a la que están sometiendo a su amigo.

No more than I do - le contesta Dutch (Ernest Borgnine).

Intentan sin éxito pagar a Mapache para que les devuelva a Angel, pero el mezquino bigotudo se niega a deshacerse de su preciado juguete, y su ejército evidencia que intentar otra cosa sería un suicidio.

Media vuelta y a ahogar las penas en un burdel, intentando prolongar lo inevitable, ocultar lo evidente, callar lo que todos saben. Pero no por mucho tiempo. Pike, después de desahogarse en la lujuria, se viste, le da un trago a la botella de whisky y pierde la mirada por un momento… Se cuelga su revolver y entra en la habitación donde Lyle y Tector (Warren Oates y Ben Johnson, respectivamente) se lo han montado con una mejicana que reclama su dinero. Mira a uno, después a otro. Se entienden.

Let’s go - dice Pike entre dientes, que no puede obviar la verdad por más tiempo.

Why not? - responde Lyle, hablando por él y por todos.

Estas palabras, con sus gestos y miradas, otorgan una entidad dramática fundamental a la última escena de esta maravilla de Sam Peckinpah que es The Wild Bunch (Grupo salvaje). Los cuatro hombres caminan juntos para enfrentarse a su destino, porque no queda sino defender aquello en lo que creen; joder, lo primero es lo primero, a un amigo no se le deja solo.

“Well, let’s not start sucking each other’s dicks quite yet”

Retocando un par de cosas del diseño del blog (aunque no noteís cambios tenía un jaleo importante en la barra lateral derecha) me dí cuenta de que la presentación se pasa de minimalista; vi que es algo monótona. Un instante después, en el que se hubiese encendido una bombilla encima de mi cabeza si fuera un dibujo animado, se me ocurrió que una buena forma de alegrar el aspecto de la página era incluyendo una cita de una película en la barra izquierda. Si, además, esa cita se renovase semanalmente y se explicase el porqué de su elección, entonces tendría la categoría que ahora presento: Cita de la semana. Para estrenarla, Pulp Fiction es perfecta. Como norma, la cita estará en su idioma original salvo que este sea el japonés o igualmente incomprensible.

Vincet y Jules, John Travolta y Samuel L. Jackson respectivamente, se ven en un jodido marrón cuando, de camino al garito de Marcellus Wallace (Ving Rhames) en coche, Vincent dispara accidentalmente al pasajero del asiento de atrás. La bala impacta en la cabeza y llena de sesos y sangre el interior del automóvil, que automáticamente se convierte en una señal luminosa para la pasma que dice algo así como “venid a detenernos”. No les queda más remedio que ir a casa del hombre de confianza más cercano, Jimmie, interpretado por Quentin Tarantino.

La verborrea de los tres provoca una conversación sin desperdicio, donde Julius y Vincent intentan convencer al huesped de que se quede el cadáver en su casa el tiempo indispensable, mientras éste se queja de que si su mujer los pilla se divorcia. Al intento de peloteo de Jules alabando el café que les ha preparado, Jimmie contesta:

I don’t need you to tell me how fucking good my coffee is, okay? I’m the one who buys it. I know how good it is. When Bonnie goes shopping she buys SHIT. I buy the gourmet expensive stuff because when I drink it I want to taste it. But you know what’s on my mind right now? It AIN’T the coffee in my kitchen, it’s the dead nigger in my garage

El ambiente se calma cuando Marcellus, tras la llamada de socorro de Jules, avisa al hombre que soluciona problemas, El Lobo, véase un Harvey Keitel magistral. Su esencial labor consiste en decir que limpien el coche, que cambien la tapicería de los asientos y finalmente que se deshagan de los trajes ensangrentados.

Vincent y Jules limpian el coche a conciencia. Tanto que, Jimmie, sorprendido con el increíble resultado, exclama:

I can’t believe this is the same car

Y entonces El Lobo suelta la bomba, algo parecido a “no empecemos a chuparmos las pollas todavía”:

Well, let’s not start sucking each other’s dicks quite yet

Ese tono irónico y picaresco resume muy bien el guión ágil, ingenioso y divertidísimo de un Tarantino en estado de gracia. Pulp Fiction es su obra maestra y lo consagró como el director más influyente de los noventa. A partir de su estreno en 1994, las pantallas se llenarían de gangters facundos y predicadores, pero ninguno de ellos estuvo a la altura de Vincent Vega o Jules Winnfield.