Consejo de maquinista

Johnnie Gray lamenta que su amada le tome por un pusilánime.
Convertido en héroe, Johnnie se alegra de que Annabelle haya cambiado de parecer.

Para ser feliz, búscate un/a compañero/a de viaje.

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Imágenes
The General (El maquinista de la General) (Buster Keaton, 1926).

El héroe del río, aunque sea en Youtube

Llega el viernes y el blog con estos pelos; uno acude a nosoynoséqué para orientarse en su ocio y encuentra el mismo vídeo de hace siete días (“¡Pero si ya he visto Con la muerte en los talones mil veces!”). El fin de semana no puede pillarnos sin cine que ver y criticar (en la primera acepción de la RAE de la palabra), y a falta de una post trabajado que no llegará a tiempo, una recomendación para paliar la sequía de esta semana: El héroe del río (1928), de Buster Keaton. Un atento usuario de youtube pone las cosas muy fáciles al haber colgado la película completa en calidad más que aceptable (480p), dejando sin excusas al que diga que no la encuentra en su videoclub o que la Fnac le pilla muy lejos. Mi más cansina insistencia en que dediquéis 70 minutos a esta excepcional poesía del movimiento, una de mis películas preferidas de la historia del cine. Con vosotros, Steamboat Bill, Jr:

En caso de tormenta, el río se desborda

Una semana sin publicar y no tengo nada sustancial que ofrecer. De cosecha propia, se entiende, porque navegando por la web encuentra uno cosas interesantes:

Scorsese, el ‘presionista

Martin Scorsese, siempre sensible a la historia del cine, a la evolución de técnicas y estilos, se ha empapado de otras películas como canales para liberar su propia visión, en la que las influencias son claras sin que por ello sea menos personal. David Borwell, historiador y teórico de cine, nos explica aquí como el director se ha valido de la manifestación cinematográfica de dos tendencias artísticas, el impresionismo y el expresionismo, para sugerir el estado mental de sus personajes.

Las mejores películas de Scorsese contribuyen a una rica tradición en la que el cine, habitualmente comprometido con la realidad objetiva, hace palpable lo que ocurre en nuestro interior.

La entrada del blog, como tantas otras, es una modesta y brillante clase de cine. (Está en inglés, of course, un idioma muy útil para esto de Internet).

Lynch el meteorólogo

David Lynch lleva sin informar al mundo del tiempo que hace en Los Angeles desde el 23 de febrero. Me preocupa que un conejo gigante le haya secuestrado de camino a la peluquería; y si me preocupo en vano porque sigue en su casa tomando café, es una descortesía abandonar los partes meteorológicos. Hay mucha gente que quiere saber qué tiempo hace en Mulholland Drive.

Actualización (29/04/2010): Ayer me escribió Lynch diciendo que había leído esta entrada (entiende bien el español y es fan del blog), que lo siente y que había actualizado el parte. Pinchando en el enlace podemos saber que ayer en Los Ángeles el cielo estuvo prácticamente despejado, que corría una fuerte brisa y que la temperatura era de 16 grados centígrados.

Buster Keaton, el héroe del río

El héroe del río

Buster Keaton es uno de mis cineastas preferidos. Su álter ego es amable e íntegro, ejemplo de firme resolución en mitad del caos, de valiente determinación al borde del precipicio. No pide condescencia o aplauso, sus objetivos son humildes y sin embargo no es un conformista: si las circunstancias son adversas (y por suerte vaya si lo son) él, incansable, hace lo que esté en su mano para reestablecer el orden y alcanzar el final feliz. Y todo ello sin dejar un minuto de ser divertidísimo.

Pero eso es sólo mi impresión, y ni siquiera completa porque todavía no entiendo bien por qué me gustan tanto las películas de este tipo. Para comprender un poco mejor su cine, lo suyo es verlo primero –dvdgo tiene El héroe del río por poco menos de 6 euros, pero para los escépticos (“¿me voy a gastar 5,95 euros en una película muda?”) dejo este enlace en el podéis encontrar ésa y otras tantas buenísimas- y después, por ejemplo, leer el magnífico ensayo de Jim Emerson The Beauty of Buster. Again, en inglés; y sí, bajo el horrible diseño web de finales de los 90.

Buster Keaton: Vecinos (1920)

Qué mejor forma de recuperar el blog que con otro corto de Buster Keaton. Después de El espantapájaros (1920) os presento Vecinos, del mismo año que el anterior, en el que dirigió otros dos cortos y participó en total en siete producciones. Está claro que entonces la producción cinematográfica era otra cosa.

Disfrutad de Vecinos y más abajo comentamos:

¿A alguien más le recuerda la acción a los dibujos animados? Un guión y una puesta en escena que bien podrían protagonizar Mickey, Pluto, Donald, Bugs Bunny, el Pato Lucas o Tom y Jerry. Resalto este punto para insistir en la tremenda dificultad y la perfecta coordinación de los números, circenses y exquisitamente cómicos a la vez. Dibujar un corto de Buster Keaton es infinitamente más sencillo que rodarlo.

Y a pesar de todo la reacción más común al verlo no es el asombro, sino la risa. No es sólo cómo lo hace, sino sobretodo a quién y por qué. Esto quiere decir que lo primero son los personajes, arquetipos, identificables al momento, que hacen que una acrobacia se convierta en un gag.

La primera escena, en la que él y ella se pasan mensajes de amor por el hueco de la verja que separa sus patios, es un alarde de ingenio para presentar a dos amantes clandestinos. Luego está el suegro-ogro, el juez, el policía… todos forman parte de un lenguaje que se entiende a primera vista, que necesita la complicidad del espectador y por eso, entre otras cosas, es tan gracioso.

No sé si logro explicarme, si desentraño aunque sea un poco el origen del genio de Buster Keaton, pero con que os hayais reído la mitad que yo me conformo.

Buster Keaton: El espantapájaros (1920)

Buster Keaton es uno de mis ídolos cinematográficos. De todos los cómicos de cine mudo es mi preferido, y El maquinista de la general se encuentra entre una de las películas que más me gustan de la historia del cine.

Además de sus largometrajes, la filmografía de Buster Keaton está repleta de pequeñas joyas en forma de cortos que realizó desde 1920 hasta 1929, cuando el sonido se había impuesto definitivamente y ya nadie estaba interesado en hacer películas en las que no se hablara.

He escogido El espantapájaros sin ningún motivo en particular. Iré poniendo todos aquellos cortos que encuentre, porque mi objetivo es que aquel que no conozca el genio de Keaton lo descubra y se dé cuenta de lo divertidas que siguen siendo sus obras más de ochenta años después. Esto se debe quizás a que el blanco y negro y la ausencia de palabras hacen del mudo un lenguaje basado exclusivamente en la imagen, es cine puro que no pretende parecerse a la realidad, sino que más bien crea un universo paralelo y atemporal.

El corto está dividido en dos partes, no siguiendo una lógica narrativa, sino simplemente porque en Youtube los vídeos largos pierden calidad.

Entre Keaton y los demás elementos que componen la escena existe una coordinación perfecta que tiene un fluir continuo y asombroso, casi musical. Sus pericias entrañan serios riesgos físicos, saltos, carreras y caídas que serían un peligro para la salud de cualquiera, pero que su naturalidad al ejecutarlos nos dice que no pasa nada, que ante la adversidad a sacudirse el polvo y a seguir pa’lante. Por esa razón precisamente es tan gracioso: después de jugarse la vida no se para a decirnos “¡eh!, mira lo que acabo de hacer!”, sino que decido y voluntarioso continúa con su empresa, ya sea huir o conquistar a la chica.

El espantapájaros está lleno de momentos desternillantes. La casa en la que viven los dos protagonistas se rige por la ley del mínimo esfuerzo; todo en ella tiene más de una función, la ingeniosa mecánica que convierte un sillón en una bañera le da un nuevo sentido a lavar los platos o pasar la sal.

La persecución del perro tiene su momento álgido en la delgada estructura del techo de una casa en ruinas, donde una carrera en círculo se alarga hasta donde podría resultar reiterativo sino fuera por la destreza de Keaton y el calculado ritmo de la acción. Keaton, disfrazado de espantapájaros, patea el culo de su compañero y el del padre de la chica con la sencillez y la honestidad del humor menos cínico. Luego está, como no, la manera en que las circunstancias se conjuran para que ambos se casen, con la recogida express del cura y el “sí quiero” pasado por agua.

Buster Keaton es un genio de la comedia (y del cine). Para mi es inevitable volver una y otra vez a sus películas y no sonreir con espíritu renovado.