En el segundo 18 del nuevo tráiler de Shame, la película de Steve McQueen en la que participé como ayudante de producción, el centro del plano lo ocupa una señal de paso de peatones. Llama la atención inmediatamente que está rota: la base que la unía al poste se ha partido y la señal se mantiene de forma precaria mediante el cable de luz. El hombrecillo que anuncia que podemos pasar cuelga boca-abajo, y la imagen es de un extraño simbolismo; una metáfora pertinente (tanto que se ha incluido en el trailer) de la vida del protagonista, que está apenas sustenta, del revés y al borde de una caída definitiva. La imagen parece fruto de un cuidadoso diseño de producción y de una dirección ingeniosa.
Hace unos meses, con la excusa de ponernos al día, le enseñé mis cortos a Pablo y a Enrique, dos buenos amigos y compañeros de facultad que hacía tiempo que no veía. Existe siempre una incomodidad compartida y latente a la hora de mostrar tus creaciones a conocidos, porque uno desconfía de la imparcialidad del juicio y el otro teme verse obligado a esconder una mala reacción (“Los spaguettis están muy buenos”, dijo Fulanito mientras disimulaba el agrio espasmo que le recorrió la cara, sabiendo que Menganito no le quitaba ojo de encima). Enrique y especialmente Pablo, más expresivo, fueron honestos (con esa paz que da saber que lo estás siendo) cuando me dijeron que el último que les enseñé les gustó mucho. Creo que fue ése el punto de inflexión que me llevó a enseñarlo más y cuya consecuencia última es ésta entrada: necesité alimentar el ego para darme cuenta que no pasa nada si se queda con hambre.
Durante un tiempo, me resistí a subir Off-key(Desafinado en español), el corto final del curso que realicé en la NYU, por temas de derechos de autor (que no vienen al caso y entenderéis visto el corto), aunque secretamente, incluso para mí, era una sutil excusa para no exponer mis vergüenzas. Admitido que no son las consecuencias legales, irrisorias en el fondo, las que me impedían compartir mi obra más elaborada, entendí que me cuesta mucho superar que me equivoco. Mucho más difícil fue comprender que el error no sólo es ineludible, sino necesario, y que las creaciones no tienen sentido sin oyente, sin lector, sin espectador.
Así que aquí lo tenéis, gente de Internet. Prefiero no decir nada y responder cuestiones en los comentarios. Para mí, aunque tiene algunos puntos a su favor, no es un gran corto. Aunque lo que yo opine, la verdad, da un poco igual.
Nota: Se ve mucho mejor a pantalla completa y pulsando la opción “720p”.
El pasado jueves asistí a la charla que dio Werner Herzog con motivo del festival de documetales de Nueva York que organizan IFC Films y la división de la universidad de Nueva York donde yo estudio mi curso: NYU-SCPS. Para los que necesita presentación, Herzog es el director de Aguirre: la cólera de Dios, una absurda aventura con la selva como perfecto escenario para la locura y el olvido absoluto, o Fitzcarraldo, película que es al tiempo un increíble cómo se hizo donde las búsquedas de cineasta y personaje se mezclan y confunden. Si eso no basta, comento que también ha dirigido dos documentales que incluí en mi lista de las mejores películas de la década: Grizzly Man y el que posiblemente sea mi documental favorito, Encuentros en el fin del mundo. Para un loco del cine algo mitómano como yo, poder asistir en directo a las palabras de este extraño hombre, persuasivo y fascinante, despertó una enorme expectación.
Aproximarse al cine con voluntad creativa pasa, en algún momento, por preguntarse como se escribe un guión. Para mí, que me paso de sistemático, ese momento viene antes de coger una cámara y ponerse a grabar. Por las mismas, antes de teclear sin más, he querido familiarizarme con la forma de la escritura para cine, intentando equilibrar la necesidad de pautas para escribir con confianza (¿está esto “bien escrito”?) y la libertad creativa; cosa que he descubierto ser harto complicada porque, si cada maestrillo tiene su librillo, en esto de escribir guiones todos parecen tener el mismo.
… Dos meses, a la New York Film Academy. Tienen una sede en el recinto de Universal Studios donde imparten cursos de cine, y yo me incorporo al de 8 semanas de mayo y junio. Es un curso práctico intensivo orientado a aprender las bases de la producción y el lenguaje cinematográficos. La idea es que cada alumno escribe y dirige 4 cortometrajes, al tiempo que participa, rotando de disciplina (director de fotografía, asistente de cámara, iluminación, sonido…), en los de sus compañeros. El curso está estructurado de forma que, a medida que avanza, los cortos ascienden en dificultad técnica y en duración. Se realizan 3 el primer mes, y el segundo mes entero se dedica al cuarto.
Hace dos días, Miriam me pasó un vídeo de un señor del que no hubiese oído ni mu (a pesar de ser célebre en su campo) de no tener email y no exisitir Youtube; es lo que tiene Internet. Este señor -o Sir, como le dicen en Gran Bretaña- se llama Ken Robinson, y en una conferencia para la fundación TED expone una serie de ideas que han supuesto una revelación tan grande como la más reveladora de todas cuantas he tenido. En 19 minutos ha dado forma a pensamientos que vengo rumiando desde hace demasiado tiempo, y me ha guiado hasta conclusiones que han hecho que reinterprete acontecimientos decisivos de mi educación y mi vida. Ha sido como protagonizar el final de una película de M. Night Shyamalan, cuando, incrédulo, revisitas las escenas anteriores bajo el prisma de un nuevo descubrimiento que altera definitivamente lo visto hasta entonces.
Hace 5 ó 6 años descubrí la mayor fuente de infomación sobre cine que pude imaginar, IMDb.com. Cinéfilo en ciernes (aunque en etapa avanzada de desarrollo), el inmediato acceso a una base de datos interminable de películas, potenció mi inquietud y curiosidad hacia el cine. Era adictivo (y sigue siéndolo) perderse en la maraña de links que relacionaba directores, actrices, guionistas, productoras, montadores… el mundo del cine es un pañuelo, y yo navegaba por su merdiana demostración. ¡Qué ordenado estaba todo! ¡Qué fácil era encontrar lo que se buscaba! ¡Qué divertido ver que aquél había dirigido tal producida por éste, el mismo que mas tarde dirigió ésta escrita por ése que el primero rechazó! Por último, a modo de climax, supe que podías hacerte usuario, lo que suponía, principalmente, poder puntuar las películas. Eso significaba que no sólo el cine estaría clasificado, sino también mi cine, el que había visto y me pertenecía. Y comencé a puntuar, de forma impulsiva, toda película que recordara haber visto a lo largo de mi vida.