El videoclip que he dirigido este verano

Hace cosa de tres meses, Fisherman’s Horizon, un grupo de música de Madrid, me pidió consejo para un videoclip con el que presentar su última canción. Con un par de proyectos de corto frustrados, la ocasión de volver a dirigir se presentó y, en lugar de responder a sus cuestiones, les ofrecí hacerlo yo mismo.

No puedo presentar el resultado sin agradecer a David Alayón su generosidad, y a José Luis López-Linares y Arantxa Aguirre su amabilidad y su ayuda incondicionales.

Espero que os guste.

El cine de 2012

2012 ha sido un año de poco cine. Ha pillado en medio de una etapa de distancia y cierta indiferencia con lo que tantas horas y fantasías llenaba. Lleva tiempo (el cine) comportándose como una novia caprichosa y posesiva, y me he cansado un poco. La metáfora funciona a medias: quiero decir que me he cansado un poco de mí, de esa parte que me pedía, sin saber cómo, dedicarme al cine. La música ha dado salida a mis inquietudes creativas (que lo de las inquietudes es frase hecha, pero la tercera acepción de “inquieto” lo clava: “desasosegado por una agitación del ánimo”), y lo ha hecho con gran éxito porque, a diferencia del cine y los cortos o los vídeos, he sido capaz de componer canciones y compartirlas; en parte porque es más fácil (a nivel logístico, al menos) y en parte porque tenía más ganas. Y aquí seguimos en 2013, guitarreando para olvidar.

Pero no olvido. Todavía no, porque no es fácil. Hay algo indescriptible en crear un mundo ficticio a partir de imágenes, y ese algo se puede apreciar hasta en películas muy malas. Abstrayendo más, olvidándose de la historia, que es fundamental, y de los personajes, que lo son tanto, capturar (verbo apropiadísimo) imágenes bidimensionales en movimiento, te hechiza. No sé si será la condición de espectador puro (lo que ves es lo que hay, las decisiones están tomadas, no puedes intervenir), o la libertad (y el permiso) de mirar sin consecuencias, o qué cojones, pero no hay otra cosa igual en el mundo. Desde que tengo uso de razón me quedo mirando la pantalla de cualquier dispositivo encendido, y sigo haciéndolo todavía, con la misma intensidad, sea el sitio que sea, hasta que me llaman la atención o recuerdo que estoy con gente o en mitad de una conversación. No lo puedo evitar; los hay que se muerden las uñas.

Así que cuando se me pase el cabreo, volveré a ver tantas películas como antes, o retomaré los proyectos de cortos que dejé a medias, o ambas cosas. No son propósitos para este año, que yo no hago de eso, son consecuencias. Parte de las causas las he agrupado en dos listas: una con las películas que me gustaron mucho y que se estrenaron en 2012 en el cine, y otra con las que me gustaron mucho y vi por primera vez en pantallas más pequeñas.

De las estrenadas este año merecen mención especial Take Shelter y Michael Shannon en el papel principal; Millenium (la de Fincher), una película llena de crueldad y violencia en la que la escena más desgarradora es la de un desengaño amoroso; y Moonrise Kingdom, la primera que veo de Wes Anderson y que no será la última. Del resto merecen mención especialísima Buenos días de Ozu, otra película perfecta del japonés, y Un largo adiós de Robert Altman, de lo mejor del noir que yo haya visto, incluyendo los 40 y los 50 americanos. Algunas no me han vuelto loco pero tienen cualidades que las salvan y justifican: Looper aviva la esperanza de que el cine americano de género salga del coma; Keyhole tiene momentos sacados de un sueño incómodo de Phillip Marlowe; en Help! salen los Beatles y está rodada en plenitud sesentera.

Todas merecen la pena ser vistas, aunque tengan que descargarse ilegalmente. Y en todas me quedé mirando, fijamente, hasta que no tuve más conciencia que la de los personajes, ni más historia que la suya.

Estrenos 2012

Bestias del sur salvaje (2012), Benh Zeitlin
Érase una vez en Anatolia (2011), Nuri Bilge Ceylan
Jiro dreams of Sushi (2011), David Gelb
Keyhole (2012), Guy Maddin
Looper (2012), Rian Johnson
Millenium (2011), David Fincher
Moonrise Kingdom (2012), Wes Anderson
Outrage Beyond (2012), Takeshi Kitano
El topo (2011), Tomas Alfredson
Take Shelter (2011), Jeff Nichols

Me estreno en 2012

Tres páginas de un diario (1929), Georg Wilhelm Pabst
La mujer del cuadro (1944), Fritz Lang
Laura (1944), Otto Preminger
Narciso negro (1947), Michael Powell, Emeric Pressburger
La casa en la sombra (1952), Nicholas Ray
Agente Especial (1955), Joseph H.Lewis
Buenos días (1959), Yasujiro Ozu
Help! (1965), Richard Lester
Un largo adiós (1973), Robert Altman
Cículo rojo (1980), Jean-Pierre Melville
Election 2 (2006), Johnnie To
Caminando (2008), Hirokazu Koreeda

Mi parte de ‘Shame’, de Steve McQueen

Hoy se estrena Shame, de Steve McQueen. Por estas mismas fechas, hace un año, comenzaba el rodaje del único largometraje de ficción del que he formado parte, y me vienen un montón de cosas a la cabeza que no consigo ordenar: la noche en que, febril, tuve que vigilar los camiones de cámara y eléctricos a 5 bajo cero hasta que Bob, chófer del rodaje, me ofreció el resguardo de su furgoneta y sus anécdotas sobre grandes actores a los que alguna vez había llevado a casa; la charla que tuve con Steve McQueen sobre dirección, en un receso a causa de unos coches que bloqueaban una toma, cuando en un bar cercano le interpelé entre el director de fotografía y una de las actrices para preguntarle por un plano de Hunger, su película anterior, y cuya valiosa respuesta no acerté a memorizar por culpa del alcohol que ambos llevábamos encima; cómo los primeros días cambiaron mi idea de un rodaje profesional, que yo suponía más precisa de lo que era; el borracho que le quité de encima a Michael Fassbender, indignado y con claras intenciones (pero escasas posibilidades) de zurrarle al actor, porque “él venía de vivir en Los Ángeles y estaba harto de tanto rodaje cortándole el paso”; mi insistencia en poner TCM clásico en la recepción de la Torre 31, el edificio que alojaba el apartamento del protagonista, y cómo eso llevo a un brevísimo intercambio de opiniones favorables sobre Hanna y sus hermanas entre el director y yo; el propio McQueen cantando los Beatles, concretamente ‘Dear Prudence’, e invitando a que cualquiera le siguiera aunque sólo yo, con cautela primero y exceso después, parecía saberme la letra; la mañana en que me escaqueé por haber dormido tres horas esa noche, y no muchas más la anterior, y el sentimiento de culpabilidad que me acompañó hasta que me incorporé al rodaje otra vez; la noche en que, por insistencia impropia de mi posición, Steve me explicó que le enseñó a Fassbender la última escena de La Strada, de Fellini, como ejemplo de un hombre muy hombre (Anthony Quinn) llorando desconsolado, algo que él tendría que hacer en un muelle momentos después.

A Jason, de localizaciones, le pareció muy curioso que me echara una cabezadita sin más

Mi incidencia en el resultado final de la película es tendente a cero, y sé que el tiempo y otras circunstancias han trasformado mi recuerdo y su importancia, pero me siento parte de Shame. En el departamento en el que trabajé, el aspecto creativo pasaba por delante de ti indiferente y rápido; producción no es el mejor sitio para aprender a dirigir, y salvo en ocasiones esporádicas, no es precisamente eso lo que yo hacía. Aún así, no cambiaría esos dos meses de mi vida por nada de este mundo, y hoy iré al cine a ver la que es, de forma ínfima y rocambolesca, mi película. La verdad, estoy muy orgulloso.

Dirigir bien no es casualidad

En el segundo 18 del nuevo tráiler de Shame, la película de Steve McQueen en la que participé como ayudante de producción, el centro del plano lo ocupa una señal de paso de peatones. Llama la atención inmediatamente que está rota: la base que la unía al poste se ha partido y la señal se mantiene de forma precaria mediante el cable de luz. El hombrecillo que anuncia que podemos pasar cuelga boca-abajo, y la imagen es de un extraño simbolismo; una metáfora pertinente (tanto que se ha incluido en el trailer) de la vida del protagonista, que está apenas sustenta, del revés y al borde de una caída definitiva. La imagen parece fruto de un cuidadoso diseño de producción y de una dirección ingeniosa.

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‘Off-key’, mi corto

Hace unos meses, con la excusa de ponernos al día, le enseñé mis cortos a Pablo y a Enrique, dos buenos amigos y compañeros de facultad que hacía tiempo que no veía. Existe siempre una incomodidad compartida y latente a la hora de mostrar tus creaciones a conocidos, porque uno desconfía de la imparcialidad del juicio y el otro teme verse obligado a esconder una mala reacción (“Los spaguettis están muy buenos”, dijo Fulanito mientras disimulaba el agrio espasmo que le recorrió la cara, sabiendo que Menganito no le quitaba ojo de encima). Enrique y especialmente Pablo, más expresivo, fueron honestos (con esa paz que da saber que lo estás siendo) cuando me dijeron que el último que les enseñé les gustó mucho. Creo que fue ése el punto de inflexión que me llevó a enseñarlo más y cuya consecuencia última es ésta entrada: necesité alimentar el ego para darme cuenta que no pasa nada si se queda con hambre.

Durante un tiempo, me resistí a subir Off-key (Desafinado en español), el corto final del curso que realicé en la NYU, por temas de derechos de autor (que no vienen al caso y entenderéis visto el corto), aunque secretamente, incluso para mí, era una sutil excusa para no exponer mis vergüenzas. Admitido que no son las consecuencias legales, irrisorias en el fondo, las que me impedían compartir mi obra más elaborada, entendí que me cuesta mucho superar que me equivoco. Mucho más difícil fue comprender que el error no sólo es ineludible, sino necesario, y que las creaciones no tienen sentido sin oyente, sin lector, sin espectador.

Así que aquí lo tenéis, gente de Internet. Prefiero no decir nada y responder cuestiones en los comentarios. Para mí, aunque tiene algunos puntos a su favor, no es un gran corto. Aunque lo que yo opine, la verdad, da un poco igual.


Nota: Se ve mucho mejor a pantalla completa y pulsando la opción “720p”.

Werner Herzog y yo

Werner Herzog

El pasado jueves asistí a la charla que dio Werner Herzog con motivo del festival de documetales de Nueva York que organizan IFC Films y la división de la universidad de Nueva York donde yo estudio mi curso: NYU-SCPS. Para los que necesita presentación, Herzog es el director de Aguirre: la cólera de Dios, una absurda aventura con la selva como perfecto escenario para la locura y el olvido absoluto, o Fitzcarraldo, película que es al tiempo un increíble cómo se hizo donde las búsquedas de cineasta y personaje se mezclan y confunden. Si eso no basta, comento que también ha dirigido dos documentales que incluí en mi lista de las mejores películas de la década: Grizzly Man y el que posiblemente sea mi documental favorito, Encuentros en el fin del mundo. Para un loco del cine algo mitómano como yo, poder asistir en directo a las palabras de este extraño hombre, persuasivo y fascinante, despertó una enorme expectación.

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Escribe a mi manera

screenplay

Aproximarse al cine con voluntad creativa pasa, en algún momento, por preguntarse como se escribe un guión. Para mí, que me paso de sistemático, ese momento viene antes de coger una cámara y ponerse a grabar. Por las mismas, antes de teclear sin más, he querido familiarizarme con la forma de la escritura para cine, intentando equilibrar la necesidad de pautas para escribir con confianza (¿está esto “bien escrito”?) y la libertad creativa; cosa que he descubierto ser harto complicada porque, si cada maestrillo tiene su librillo, en esto de escribir guiones todos parecen tener el mismo.

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