Hitchcock y conservar la emoción

North by Northwest

Del libro ‘El cine según Hitchcock’

ALFRED HITCHCOCK Cuando un personaje, que estaba sentado, se levanta para andar por una habitación, procuro siempre evitar el cambio de ángulo o hacer retroceder la cámara. Comienzo siempre el movimiento en el primer plano, en el mismo primer plano de que me servía cuando estaba sentado. En la mayoría de las películas, si se presenta a dos personajes discutiendo, tiene usted un primer plano de uno, primer plano de otro, primer plano de uno, primer plano de otro, y, de pronto, un plano general para permitir a uno de los personajes que se levante y se marche. Pienso que es una equivocación hacer eso.

FRANÇOIS TRUFFAUT Yo también lo creo porque en ese caso la técnica precede a la acción el lugar de acompañarla y el público puede adivinar que uno de los personajes va a levantarse… Dicho de otra manera, no hay que cambiar nunca el emplazamiento de la cámara con el deseo de favorecer la colocación futura de lo que va a seguir.

A.H. Exáctamente, porque de esa manera se interrumpe la emoción, y estoy convencido de que eso es malo. Si un personaje se mueve y se quiere conservar la emoción sobre su cara, hay que hacer que el primer plano viaje.

Sigue leyendo

Storyboard de Los pájaros (1963): Hitchcock da la clase

El storyboard es una herramienta muy útil para el proceso de visualización de una película. A modo de dibujo se representa el punto de vista de la cámara con los distintos elementos que intervienen en la imagen; sirve para concretar lo que el director tiene en mente y dar una idea del resultado final, es decir, la sucesión de planos y la puesta en escena pretendidos.

Alfred Hitchcock era uno de los mayores promotores y entusiastas del storyboard, y lo utilizaba continuamente para planificar sus escenas más complicadas. Presumía de que sus películas estaban ya terminadas antes de empezar a hacerse, y lo cierto es que su visión de lo que quería era tan contundente y cristalina en su cabeza que casi nunca miraba a través del objetivo de la cámara. Los storyboards daban la primera forma tangible a las imágenes abstractas que Hitchcock concebía en su genialidad, y demostraban que efectivamente había rodado la película antes de pisar un solo set.

El que viene a continuación es obra del director artístico y dibujante Harold Michelson, que trabajó para Hitchcock en Marnie, la ladrona y Los pájaros; a esta última corresponden los dibujos que van acompañados, al final, de un vídeo de la escena en cuestión. Se trata del momento en que los pájaros atacan a los niños de la escuela de Bodega Bay, una escena que se me quedó grabada desde la primera vez que la vi y es una de las muchas causas de que venere sin concesión a Alfred Hitchcock.

Sigue leyendo

El cine según Hitchcock, de François Truffaut

Una de las entrevistas más famosas de la historia del cine es la que François Truffaut, un cineasta de la Nouvelle vague francesa, le hizo a Alfred Hitchcock. 50 horas de exhaustivas preguntas repasando cada película de la extensa filmografía del director inglés que contribuyeron enormemente a la admiración, respeto y estudio que hoy se tiene por su obra. Antes de nada, quisiera rescatar unos párrafos del prólogo del libro en los que encontramos el porqué de su existencia:

En los años cincuenta y sesenta, Hitchcock se encontraba en la cima de su creatividad y de su éxito. […] Este éxito y esa popularidad, la crítica americana y europea iba a hacérselo pagar examinando su trabajo con condescendencia, denigrando un film tras otro.

[…]Mi pasado de critico era todavía muy reciente, yo no me había liberado de aquel deseo de convencer que era el punto común de todos los jóvenes de Cahiers du Cinéma. Entonces pensé que Hitchcock, cuyo genio publicitario solo tiene parangón con el de Salvador Dalí, había sido finalmente la víctima, en América, al lado de los intelectuales, de tantas entrevistas superficiales y deliberadamente dirigidas hacia la burla. Contemplando sus films era evidente que este hombre había reflexionado sobre los medios de su arte más que ningún otro de sus coetáneos y que, si por vez primera aceptaba responder a un cuestionario sistemático, podría resultar de ahí un libro capaz de modificar la opinión de los críticos americanos.

Con esta premisa Truffaut pretende (y consigue) ir más allá de la superficialidad de algunos y demostrar que Hitchcock es un cineasta de primera, con una narrativa visual única y una búsqueda constante de nuevas formas para su arte. Hitchcock repasa con severidad algunas de sus películas (Pánico en la escena, La soga) y se muestra muy orgulloso de otras (La sombra de una duda, Encadenados) en tono a veces reservado, otras alegre y pasional, pero siempre ameno y nada pedante o autocomplaciente.

La relación con los actores, curiosidades de los rodajes y la producción, técnicas utilizadas para filmar determinadas escenas, motivos de la película, reflexiones sobre el arte de hacer cine; Truffaut no duda en preguntar ni Hitchcock en responder. Algunas de esas respuestas se han convertido en lecciones con el tiempo. Bien conocida es aquella que con un revelador ejemplo explicaba la base del suspense:

Nosotros estamos hablando, acaso hay una bomba debajo de la mesa y nuestra conversación es muy anodina, no sucede nada especial y de repente: bum, explosión. El público queda sorprendido, pero antes de estarlo se le ha mostrado una escena anodina, desprovista de interés. Examinemos ahora el suspense. La bomba está debajo de la mesa y el público lo sabe, probablemente porque ha visto que un anarquista la ponía. El público sabe que la bomba estallará a la una y es la una menos cuarto (hay un reloj en el decorado); la misma conversación anodina se vuelve de repente muy interesante porque el público participa de la escena. Tiene ganas de decir a los personajes que están en la pantalla: “¡No deberías contar cosas tan banales, hay una bomba debajo de la mesa y pronto va a estallar!”

El cine según Hitchcock es un libro en el que descubrir el arte cinematográfico. Es perfecto para conocer desde dentro las películas y a su creador, sirviendo de puente entre el que ve y el que muestra, de manera que al acercarse al segundo disfrutamos más como el primero. Un libro que crea afición al cine de Hitchcock en particular y al séptimo arte en general.