Efectos primarios y secundarios

Todavía estáis a tiempo para ver en el cine Efectos Secundarios, la última película de Steven Soderbergh. Soderbergh viene diciendo que lo de última, además de más reciente, significa también que ya no hay más; si es verdad, habrá dejado un puñado de buenas películas (Traffic, Un romance muy peligroso, Bubble, Ocean’s Eleven) a las que hay que sumarle ésta, en una carrera prolífica y heterogénea como pocas en Hollywood.
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Hasta siempre Roger Ebert

A veces dos eventos relacionados coinciden en el tiempo como sólo lo hacen en las películas. Últimamente vengo pensando en la muerte con frecuencia, no sólo como final de la vida de un hombre, sino como otra de las manifestaciones del cambio, del constante e irreversible paso del tiempo; las dos historias que manejo para convertir en un corto tienen que ver con eso mismo de formar directa, sin haberlo premeditado. Ayer murió Roger Ebert, uno de los cimientos de mi amor por el cine, y su partida es otra bofetada a la noción de que aquello que nos importa siempre va a estar ahí, algo que, después del primer arranque de nostalgia, me recuerda lo raro y valioso de la existencia.

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Holy Motors

Chocado por lo poco que me gustó la muy recomendada Holy Motors, escribí mis impresiones en el iPad como desahogo y como ejercicio. Después de repasar mis palabras más allá de una minuciosiadad sana y sin encontrar una continuidad de discurso que me satisfaciese, he decidido que me pueden dar mucho por ahí y que publico igualmente lo que hay. A saber: que me gustó más la idea, y la película, cuando ya no tuve que sentarme a verla.

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PES, recetas en stop motion

No recuerdo en qué circunstancias pero sí que fue mi amigo David el que, hace ya varios años, me enseñó un vídeo que me encantó y que se perdió en el mismo anonimato en el que vino. Ni recordaba haberlo visto (para eso claro, tenía que volver a verlo) hasta que leí una entrada en el blog de Sam sobre los cortos de animación nominados este año al Oscar. Averigué, después de que el concepto y el estilo lo delataran, que uno de los nominados venía firmado por el mismo autor del primero. PES, que así se hace llamar Adam Pesapane, tardó cuatro meses en producir el más corto de los cortometrajes nominados al Oscar, Fresh Guacamole:
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¡Sea un ‘mensch’!

Hace poco vi por enésima vez El apartamento (1960), la película de Billy Wilder que es algo así como el testamento de la comedia romántica del Hollywood clásico. Siempre me había llamado la atención cómo su ritmo acelerado bajaba de vueltas a mitad de metraje; la sucesión frenética de entradas y salidas del apartamento de Baxter se estrellaba contra lo que en restrospectiva era inevitable (una tentativa de suicidio), y la recuperación de la trama es lenta y el pulso nunca vuelve a ser el mismo*. Esta vez me fijé especialmente, en guardia como estaba, en la escena en cuestión, y además de no sentir que la película perdía un poco de fuelle, descubrí que era fundamental.
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La duda de Nosferatu

En la lista anual que Kristin Thompson dedica a las mejores películas del año, hace 90 años (éste tocaba 1922), el par de párrafos que comparto a continuación consiguieron que quisiera volver a ver, inmediatamente, Nosferatu de F.W. Murnau, y que todas mis neuronas bailaran a un tiempo el rock de la cárcel:

Uno de mis momentos favoritos de Nosferatu es la escena en la que el Conde Orlock está a punto de atacar a Hutter en una de las habitaciones del castillo. Ellen, desde su casa de Wisburg, de alguna forma lo presiente y, llena de pánico, abre los brazos en un gesto desesperado pidiendo misericordia. Orlock se da la vuelta y aparta la mirada de Hutter, y el siguiente plano muestra de nuevo la súplica de Ellen.

Es el clásico plano/contra-plano, y sin embargo los dos están dos países distintos, a kilómetros de distancia. La situación resulta ambigua. ¿Puede Orlock sentir la súplica de Ellen? ¿La ve en la distancia, mágicamente? Sea lo que fuere, Orlock acaba saliendo del cuarto de Hutter, y la implicación clara es que el gesto de Ellen ha motivado la retirada. Ese enfoque del espacio es, como poco, inusual.

Las neuronas bailan el rock de la cárcel (o cualquier otro, que casi todos valen) cuando, deslumbradas por la claridad algo bello, revelador y elocuente, el éxtasis se apodera de ellas.

El cine de 2012

2012 ha sido un año de poco cine. Ha pillado en medio de una etapa de distancia y cierta indiferencia con lo que tantas horas y fantasías llenaba. Lleva tiempo (el cine) comportándose como una novia caprichosa y posesiva, y me he cansado un poco. La metáfora funciona a medias: quiero decir que me he cansado un poco de mí, de esa parte que me pedía, sin saber cómo, dedicarme al cine. La música ha dado salida a mis inquietudes creativas (que lo de las inquietudes es frase hecha, pero la tercera acepción de “inquieto” lo clava: “desasosegado por una agitación del ánimo”), y lo ha hecho con gran éxito porque, a diferencia del cine y los cortos o los vídeos, he sido capaz de componer canciones y compartirlas; en parte porque es más fácil (a nivel logístico, al menos) y en parte porque tenía más ganas. Y aquí seguimos en 2013, guitarreando para olvidar.

Pero no olvido. Todavía no, porque no es fácil. Hay algo indescriptible en crear un mundo ficticio a partir de imágenes, y ese algo se puede apreciar hasta en películas muy malas. Abstrayendo más, olvidándose de la historia, que es fundamental, y de los personajes, que lo son tanto, capturar (verbo apropiadísimo) imágenes bidimensionales en movimiento, te hechiza. No sé si será la condición de espectador puro (lo que ves es lo que hay, las decisiones están tomadas, no puedes intervenir), o la libertad (y el permiso) de mirar sin consecuencias, o qué cojones, pero no hay otra cosa igual en el mundo. Desde que tengo uso de razón me quedo mirando la pantalla de cualquier dispositivo encendido, y sigo haciéndolo todavía, con la misma intensidad, sea el sitio que sea, hasta que me llaman la atención o recuerdo que estoy con gente o en mitad de una conversación. No lo puedo evitar; los hay que se muerden las uñas.

Así que cuando se me pase el cabreo, volveré a ver tantas películas como antes, o retomaré los proyectos de cortos que dejé a medias, o ambas cosas. No son propósitos para este año, que yo no hago de eso, son consecuencias. Parte de las causas las he agrupado en dos listas: una con las películas que me gustaron mucho y que se estrenaron en 2012 en el cine, y otra con las que me gustaron mucho y vi por primera vez en pantallas más pequeñas.

De las estrenadas este año merecen mención especial Take Shelter y Michael Shannon en el papel principal; Millenium (la de Fincher), una película llena de crueldad y violencia en la que la escena más desgarradora es la de un desengaño amoroso; y Moonrise Kingdom, la primera que veo de Wes Anderson y que no será la última. Del resto merecen mención especialísima Buenos días de Ozu, otra película perfecta del japonés, y Un largo adiós de Robert Altman, de lo mejor del noir que yo haya visto, incluyendo los 40 y los 50 americanos. Algunas no me han vuelto loco pero tienen cualidades que las salvan y justifican: Looper aviva la esperanza de que el cine americano de género salga del coma; Keyhole tiene momentos sacados de un sueño incómodo de Phillip Marlowe; en Help! salen los Beatles y está rodada en plenitud sesentera.

Todas merecen la pena ser vistas, aunque tengan que descargarse ilegalmente. Y en todas me quedé mirando, fijamente, hasta que no tuve más conciencia que la de los personajes, ni más historia que la suya.

Estrenos 2012

Bestias del sur salvaje (2012), Benh Zeitlin
Érase una vez en Anatolia (2011), Nuri Bilge Ceylan
Jiro dreams of Sushi (2011), David Gelb
Keyhole (2012), Guy Maddin
Looper (2012), Rian Johnson
Millenium (2011), David Fincher
Moonrise Kingdom (2012), Wes Anderson
Outrage Beyond (2012), Takeshi Kitano
El topo (2011), Tomas Alfredson
Take Shelter (2011), Jeff Nichols

Me estreno en 2012

Tres páginas de un diario (1929), Georg Wilhelm Pabst
La mujer del cuadro (1944), Fritz Lang
Laura (1944), Otto Preminger
Narciso negro (1947), Michael Powell, Emeric Pressburger
La casa en la sombra (1952), Nicholas Ray
Agente Especial (1955), Joseph H.Lewis
Buenos días (1959), Yasujiro Ozu
Help! (1965), Richard Lester
Un largo adiós (1973), Robert Altman
Cículo rojo (1980), Jean-Pierre Melville
Election 2 (2006), Johnnie To
Caminando (2008), Hirokazu Koreeda