El asiduo al blog -gracias, lector, soy vanidoso y necesito suscriptores- sabrá que he defendido la versión original en varias ocasiones, y el amigo cercano o el familiar sabrá que la tendremos si insiste en ver conmigo una película doblada. Entre los que se resisten en ver una película en su idioma, he comprobado, o creído comprobar, que contra lo que lucho es contra la fuerza de la costumbre, y que mis argumentos no corren la deseable suerte de ser rebatidos; normalmente, se ignoran. Por eso he resistido la tentación de publicar otra entrada sobre el tema, temía aburrir al personal con la insistencia en un debate que parecía agotado y sin propósito. Hoy, he claudicado.
(…) A diferencia de Newton y Schopenhauer, su antepasado [Ts'ui Pên] no creía en un tiempo uniforme, absoluto. Creía en infinitas series de tiempos, en una red creciente y vertiginosa de tiempos divergentes, convergentes y paralelos. Esa trama de tiempos que se aproximan, se bifurcan, se cortan o que secularmente se ignoran, abarca todas las posibilidades.
Jorge Luis Borges, El jardín de los senderos que se bifurcan
¿Es posible hacer un buen videoclip que consista en un solo plano estático de un desconocido bailando? Sí, si el desconocido baila bien. Siempre es refrescante que de entre el frenesí de golpes de efecto sincopados de los music videos surja algo así. En éste, promoción del single “Lonely Boy” de The Black Keys, la imagen, en lugar de enfatizar la música, ofrece un sencillo contrapunto a su intenso empuje rockero capturando la esencia del Youtube original, aquel en el que cualquier hijo de vecino podía ser mundialmente famoso si era excéntrico en su justa medida y que ahora está dominado, irónicamente, por videoclips.
El protagonista del hipnótico baile, Derrick T. Tuggle, músico, actor y sí, guardia de seguridad, en principio fue contratado como extra para una coreografía más complicada. Él mismo explica cómo acabó dándolo todo a solas:
El director como que me vió bailar y me preguntó: “¿Sabes bailar?”, Y yo le dije: “Sé bailar, cualquiera sabe bailar”. Así que cogí pasos de todo el mundo, de John Travolta en Fiebre de sábado noche y Pulp Fiction, del baile Carlton Banks en el Príncipe de Bel-Air y un poco de Michael Jackson, como un bufé con poco de todo.
Se está produciendo una especie de fenómeno caníbal. Productores, guionistas y directores han adquirido la costumbre de rodar una y otra vez las películas que en pasado demostraron tener algo que las convertía en éxito de taquilla. No quiero decir que sencillamente vuelvan a realizarlas. Las desmenuzan en los elementos de que están compuestas, estudian estos elementos exahustivamente y después vuelven a utilizarlos ordenándolos de un modo diferente como partes de una nueva historia, dependiendo de ellos para que la nueva película tenga el mismo atractivo que la primera vez.
- George Stevens en Wiliam R. Weaver, “Seek new ways, says Stevens”, MPHerald, pág. 168, nº 2
2011 ha sido un año considerable de cine, como es habitual desde que don Liberato despertara definitivamente mi curiosidad en 4º de la ESO, cuando empecé a preocuparme en ver películas “buenas” y demandaba que tuvieran “mensaje”. Más de una década después tengo un blog y un corto. Quién sabe lo que puede pasar durante la siguiente. Sigue leyendo »
La imagen superior corresponde a la película Bola de fuego, dirigida por Howard Hawks y escrita por Billy Wilder y Charles Brackett. Con mucha profundidad de campo, enfocando elementos en primer plano y en el fondo, me llamó la atención porque, tratándose de una comedia romántica de Hawks, no esperaba un despliegue de facultades fotográficas tan evidente. Por contexto (Hollywood, 1941) uno asocia el plano a Ciudadano Kane o La loba, dramas famosos por, entre otras cosas, su llamativa y “moderna” fotografía. Mis sospechas tenían fundamento: un repaso a los créditos reveló que todas comparten a Gregg Toland como director de foto.
Hace unas semanas Bea me encomendó un estimulante cometido: elegir 12 fotogramas de películas en blanco y negro con las que decorar su cuarto. Fue una original petición que me encantó porque me dio la oportunidad de sumergirme en la autocomplaciente tarea de recordar películas que me gustan, como cuando hago recomendaciones, pero con un giro muy cinematográfico: debía escoger una imagen en particular.