Amor a primera escucha

Vi Her hace poco y, más o menos a mitad, empecé a removerme en mi asiento de frustración al no poder comprender que el protagonista se enamorara de una voz. La falta de interacción física es en la película una nota discordante, un grito de socorro pidiendo una cara, un cuerpo, unas manos y sus lenguajes. El problema no tiene nada que ver con que ella sea una inteligencia artificial. El problema es que sea una inteligencia sin ojos, sin cintura, sin pecho, sin sonrisa; una voz en el ciberespacio que ni se puede mirar ni agarrar. La relación entre Theodore y Samantha es, de hecho, una larga conversación telefónica. Como beber vino con el olfato. “¡Pero si para beber vino hay que probarlo!”. Pues eso.

Theodore escucha a Samantha
Theodore escucha a Samantha

Si es lo que Spike Jonze pretende, mostrar la clase de alienación hacia la que vamos encaminados como especie, ha dado en clavo; Her es de hecho una melancólica muestra de los males de la era del smart phone. Pero si la idea es acompañarlos en su historia de amor, le ha salido el tiro por la culata: daban ganas de zarandear a Joaquin Phoenix de los hombros y darle un par, así con la mano abierta, hasta hacerle entender que así no se hace.