La duda de Nosferatu

En la lista anual que Kristin Thompson dedica a las mejores películas del año, hace 90 años (éste tocaba 1922), el par de párrafos que comparto a continuación consiguieron que quisiera volver a ver, inmediatamente, Nosferatu de F.W. Murnau, y que todas mis neuronas bailaran a un tiempo el rock de la cárcel:

Uno de mis momentos favoritos de Nosferatu es la escena en la que el Conde Orlock está a punto de atacar a Hutter en una de las habitaciones del castillo. Ellen, desde su casa de Wisburg, de alguna forma lo presiente y, llena de pánico, abre los brazos en un gesto desesperado pidiendo misericordia. Orlock se da la vuelta y aparta la mirada de Hutter, y el siguiente plano muestra de nuevo la súplica de Ellen.

Es el clásico plano/contra-plano, y sin embargo los dos están dos países distintos, a kilómetros de distancia. La situación resulta ambigua. ¿Puede Orlock sentir la súplica de Ellen? ¿La ve en la distancia, mágicamente? Sea lo que fuere, Orlock acaba saliendo del cuarto de Hutter, y la implicación clara es que el gesto de Ellen ha motivado la retirada. Ese enfoque del espacio es, como poco, inusual.

Las neuronas bailan el rock de la cárcel (o cualquier otro, que casi todos valen) cuando, deslumbradas por la claridad algo bello, revelador y elocuente, el éxtasis se apodera de ellas.

El cine de 2012

2012 ha sido un año de poco cine. Ha pillado en medio de una etapa de distancia y cierta indiferencia con lo que tantas horas y fantasías llenaba. Lleva tiempo (el cine) comportándose como una novia caprichosa y posesiva, y me he cansado un poco. La metáfora funciona a medias: quiero decir que me he cansado un poco de mí, de esa parte que me pedía, sin saber cómo, dedicarme al cine. La música ha dado salida a mis inquietudes creativas (que lo de las inquietudes es frase hecha, pero la tercera acepción de “inquieto” lo clava: “desasosegado por una agitación del ánimo”), y lo ha hecho con gran éxito porque, a diferencia del cine y los cortos o los vídeos, he sido capaz de componer canciones y compartirlas; en parte porque es más fácil (a nivel logístico, al menos) y en parte porque tenía más ganas. Y aquí seguimos en 2013, guitarreando para olvidar.

Pero no olvido. Todavía no, porque no es fácil. Hay algo indescriptible en crear un mundo ficticio a partir de imágenes, y ese algo se puede apreciar hasta en películas muy malas. Abstrayendo más, olvidándose de la historia, que es fundamental, y de los personajes, que lo son tanto, capturar (verbo apropiadísimo) imágenes bidimensionales en movimiento, te hechiza. No sé si será la condición de espectador puro (lo que ves es lo que hay, las decisiones están tomadas, no puedes intervenir), o la libertad (y el permiso) de mirar sin consecuencias, o qué cojones, pero no hay otra cosa igual en el mundo. Desde que tengo uso de razón me quedo mirando la pantalla de cualquier dispositivo encendido, y sigo haciéndolo todavía, con la misma intensidad, sea el sitio que sea, hasta que me llaman la atención o recuerdo que estoy con gente o en mitad de una conversación. No lo puedo evitar; los hay que se muerden las uñas.

Así que cuando se me pase el cabreo, volveré a ver tantas películas como antes, o retomaré los proyectos de cortos que dejé a medias, o ambas cosas. No son propósitos para este año, que yo no hago de eso, son consecuencias. Parte de las causas las he agrupado en dos listas: una con las películas que me gustaron mucho y que se estrenaron en 2012 en el cine, y otra con las que me gustaron mucho y vi por primera vez en pantallas más pequeñas.

De las estrenadas este año merecen mención especial Take Shelter y Michael Shannon en el papel principal; Millenium (la de Fincher), una película llena de crueldad y violencia en la que la escena más desgarradora es la de un desengaño amoroso; y Moonrise Kingdom, la primera que veo de Wes Anderson y que no será la última. Del resto merecen mención especialísima Buenos días de Ozu, otra película perfecta del japonés, y Un largo adiós de Robert Altman, de lo mejor del noir que yo haya visto, incluyendo los 40 y los 50 americanos. Algunas no me han vuelto loco pero tienen cualidades que las salvan y justifican: Looper aviva la esperanza de que el cine americano de género salga del coma; Keyhole tiene momentos sacados de un sueño incómodo de Phillip Marlowe; en Help! salen los Beatles y está rodada en plenitud sesentera.

Todas merecen la pena ser vistas, aunque tengan que descargarse ilegalmente. Y en todas me quedé mirando, fijamente, hasta que no tuve más conciencia que la de los personajes, ni más historia que la suya.

Estrenos 2012

Bestias del sur salvaje (2012), Benh Zeitlin
Érase una vez en Anatolia (2011), Nuri Bilge Ceylan
Jiro dreams of Sushi (2011), David Gelb
Keyhole (2012), Guy Maddin
Looper (2012), Rian Johnson
Millenium (2011), David Fincher
Moonrise Kingdom (2012), Wes Anderson
Outrage Beyond (2012), Takeshi Kitano
El topo (2011), Tomas Alfredson
Take Shelter (2011), Jeff Nichols

Me estreno en 2012

Tres páginas de un diario (1929), Georg Wilhelm Pabst
La mujer del cuadro (1944), Fritz Lang
Laura (1944), Otto Preminger
Narciso negro (1947), Michael Powell, Emeric Pressburger
La casa en la sombra (1952), Nicholas Ray
Agente Especial (1955), Joseph H.Lewis
Buenos días (1959), Yasujiro Ozu
Help! (1965), Richard Lester
Un largo adiós (1973), Robert Altman
Cículo rojo (1980), Jean-Pierre Melville
Election 2 (2006), Johnnie To
Caminando (2008), Hirokazu Koreeda