The Act of Killing, el acto de matar

El jueves pasado asistí a la proyección de The Act of Killing en el ICA (Institute of Contemporary Arts) aquí en Londres. Su director iba a estar presente y fui por una mezcla de interés en ver el documental y, aunque escasa, por la posibilidad de conocer a alguien de la industria del cine que me ayudase, al menos de forma indirecta, a encontrar trabajo. Con un móvil que es la raíz del árbol genealógico de los 4G, y después de un viaje en metro en el que tuve que pedir permiso para respirar, salí a Trafalgar Square medio confuso y apremiado (tenía el tiempo justo), y medio contemplativo (no conocía esa parte de la ciudad). Resultó que los británicos no confían en la puntualidad a la que dan nombre y la proyección empezó tras darme tiempo a llegar tarde y comprar una botella de agua en la cafetería.

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Del campo y la ciudad

El Hyde Park de Londres ofrece un contraste mayor al de Central Park en Nueva York. Aquí los edificios rara vez se imponen por encima de las tres o cuatro plantas y, 100 metros adentro, de la ciudad sólo queda un murmullo de actividad y algún solitario rascacielos que lo atestigua. Hyde Park no es el campo, pero lo parece: lo que toma prestado de éste en sus extensiones de hierba, en sus árboles y lagos, en sus patos y cisnes y cuervos, es suficiente para que la sensación se aproxime, a pesar de los bancos y de los caminos pavimentados que abandoné cuando descubrí que se podía pisar el césped.

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Id a ver Gravity

Ayer, casi en el mismo instante en que el último plano de Gravity daba paso a una pantalla en negro, se encendían las luces de la sala 12 de Kinépolis perturbando la intimidad emocional de todos los asistentes; ese gesto tan feo y maleducado, equivalente a que te señalen mientras lloras, es una horrible e inexplicable costumbre que despierta una indignación proporcional al impacto de lo que acabas de ver. Aguanté la respiración, contuve mis pensamientos. Pasados unos instantes busqué a alguien que tuviera pinta de poder aclarar los motivos de la estúpida práctica. Le pregunté, me contó algo con poco sentido. Salí de la sala esperando a Bea, y volví a respirar.

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Consejo de maquinista

Johnnie Gray lamenta que su amada le tome por un pusilánime.
Convertido en héroe, Johnnie se alegra de que Annabelle haya cambiado de parecer.

Para ser feliz, búscate un/a compañero/a de viaje.

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Imágenes
The General (El maquinista de la General) (Buster Keaton, 1926).

El dilema de Breaking Bad

Breaking Bad llega a su fin este domingo y yo sigo sin estar convencido de que, hoy día, las series de televisión estén a la altura, y mucho menos por encima, del cine. Después de 46 horas dedicadas a seguir el hundimiento moral de un hombre brillante consumido por su orgullo y su vanidad, espero ansioso a que el final de la mejor serie que recuerdo me convenza de que estoy equivocado.

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El videoclip que he dirigido este verano

Hace cosa de tres meses, Fisherman’s Horizon, un grupo de música de Madrid, me pidió consejo para un videoclip con el que presentar su última canción. Con un par de proyectos de corto frustrados, la ocasión de volver a dirigir se presentó y, en lugar de responder a sus cuestiones, les ofrecí hacerlo yo mismo.

No puedo presentar el resultado sin agradecer a David Alayón su generosidad, y a José Luis López-Linares y Arantxa Aguirre su amabilidad y su ayuda incondicionales.

Espero que os guste.

Efectos primarios y secundarios

Todavía estáis a tiempo para ver en el cine Efectos Secundarios, la última película de Steven Soderbergh. Soderbergh viene diciendo que lo de última, además de más reciente, significa también que ya no hay más; si es verdad, habrá dejado un puñado de buenas películas (Traffic, Un romance muy peligroso, Bubble, Ocean’s Eleven) a las que hay que sumarle ésta, en una carrera prolífica y heterogénea como pocas en Hollywood.
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