La Jetée y la tentación de la memoria

Con todo eso, te hago saber, hermano Panza —replicó don Quijote—, que no hay memoria a quien el tiempo no acabe, ni dolor que muerte no le consuma.

—Pues ¿qué mayor desdicha puede ser —replicó Panza— de aquella que aguarda al tiempo que la consuma y a la muerte que la acabe?

Miguel de Cervantes, El ingenioso hidalgo Don Quijote de La Mancha (1605)

Siempre me ha llamado la atención de La Jetée (1962) que el acto de viajar en el tiempo requiera tan poco movimiento. El protagonista visita muchas veces el pasado (y alguna el futuro), ida y vuelta, tumbado en una hamaca. No creo que el hecho se deba a que el cortometraje de Chris Marker sea de producción humilde, incapaz de reproducir el trajín de una película de ciencia ficción de Hollywood, o a que su historia se cuente con fotografías (y no a 24 por segundo). La Jetée cuenta una historia de viajes en el tiempo porque es de producción humilde y lo hace con fotografías: es el matrimonio perfecto para una metáfora de la memoria que no se conforma con el aspecto figurativo, y traslada esa equivalencia a una representación inmediata: tumbarse a recordar es viajar en el tiempo.

Sigue leyendo