Dirigir bien no es casualidad

En el segundo 18 del nuevo tráiler de Shame, la película de Steve McQueen en la que participé como ayudante de producción, el centro del plano lo ocupa una señal de paso de peatones. Llama la atención inmediatamente que está rota: la base que la unía al poste se ha partido y la señal se mantiene de forma precaria mediante el cable de luz. El hombrecillo que anuncia que podemos pasar cuelga boca-abajo, y la imagen es de un extraño simbolismo; una metáfora pertinente (tanto que se ha incluido en el trailer) de la vida del protagonista, que está apenas sustenta, del revés y al borde de una caída definitiva. La imagen parece fruto de un cuidadoso diseño de producción y de una dirección ingeniosa.

Aquel día, Wayne, mi inmediato superior, nos envió al final del recorrido que Michael Fassbender haría corriendo. Mi tarea y la de Adam y Mike consistía en asegurarnos de que ningún incauto transeúnte, procedente de la acera en que se pierde la perspectiva, entrara en plano, mirara a cámara y echara por tierra una toma muy larga -con su muy largo paseo al galope para Michael (así le llaman los que han jugado con él al billar). La toma acababa precisamente ahí -el protagonista cruza y sale del plano-, por lo que era importante esa composición final; el puesto móvil de faláfels y kebabs que había justo donde vemos a Fassbender, no ayudaba, pues, demasiado. Nos acercamos los cuatro de producción que estábamos allí al dueño del tenderete, y le pedimos que cambiara de acera su negocio para que pudiésemos continuar con el nuestro. El amable señor accedió con la única condición, que por supuesto aceptamos, de que le ayudásemos a moverlo.

Antes he dicho que aquello era móvil, y eso es técnicamente cierto. El puesto tenía el tamaño de una caravana pequeña (pero no muy pequeña) y ruedas como las que se usan para aprender a montar en bici. Decidimos que dos de nosotros tiraríamos, guiando lo posible, y los otros dos, junto con el dueño, empujarían. La cosa funcionó más o menos hasta que la rampa que baja de la acera a la calle hizo que el bicho cogiera una inercia que demostró ser demasiado para nuestro control. Entre varios “Watch it!” inútiles, el lateral fue a dar un viaje fino contra el poste de la farola, amortiguando el golpe, eso sí, con la señal de tráfico que arrancó sin mucho estruendo. La clásica cara de haberla liado se acentuó al darnos cuenta de que un policía había contemplado, impasible, la escena, y se diluyó al ver que era impasible también evaluando consecuencias. Retirado el estorbo, se rodó sin mayor percance. Steve quedó contento, como era habitual en él pero raro en un rodaje, después de 5 o 6 tomas. Era el último plano del día y como casi todos volví a casa satisfecho, con una satisfacción que solo entendí (o quizá interpreté) un tiempo después.

Que la señal caída pretende ser relevante, teniendo en cuenta la posición central que ocupa en el plano y lo bien que le va al tono de la película, es, a mi juicio, casi seguro. Si ha quedado claro que el destrozo no fue decisión creativa, ¿la metáfora visual es pura chiripa? Yo creo que no. Creo que la primera o la segunda vez que pasaron, Sean Bobbit (director de fotografía) o Steve cayeron en la cuenta de que la señal rota les podía dar una imagen significativa y decidieron componerla así (también es posible que se fijaran montando la película, pero se me antoja mucho menos probable). Era fácil decirle a Michael que se parara un metro antes o después, y más todavía mover la cámara hacia un lado u otro; así que en mi opinión aquello les gustó y decidieron enfatizarlo.

David Wexler, un profesor que tuve en Los Ángeles y que fue asistente de cámara en Mulholland Drive, comentaba que hay muchas cosas en una película fruto de una accidente afortunado. Había leído, efectivamente, que dirigir consistía también en saber aprovechar esas casualidades. No lo aprendí hasta que hice mis propios cortos, y ayer lo comprobé viendo el tráiler de Shame.

6 thoughts on “Dirigir bien no es casualidad

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  2. Este tipo de anécdotas molan. Me recuerda a las “batallitas” de los profesores de la uni y del máster, que hacían que te quedaras con la copla (o al menos parte) de lo que habían explicado.

  3. Y no sólo en el cine. Hay muchas muestras en el arte en general que demuestran que las anecdotas fruto de la casualidad fomentan la calidad global del producto final.

    ¡Gracias por compartir ésta!

    Saludos,

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