Cuestión de ritmo

Siempre he pensado que el arte es cuestión de ritmo; es decir, de un orden específico de naturalezas contrapuestas. Si el resultado es armónico, se habla de una gran obra. Existen obras de un ritmo tan perfecto que cualquier alteración, por mínima que sea, las rebaja. Por extensión (¿o era al revés?) creo que la vida misma es cuestión de ritmo, de altos y bajos, de claros y oscuros, y que se trata de encontrar tu frecuencia y ajustarte a su período o, al menos, de no estar muy desfasado.

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Dirigir bien no es casualidad

En el segundo 18 del nuevo tráiler de Shame, la película de Steve McQueen en la que participé como ayudante de producción, el centro del plano lo ocupa una señal de paso de peatones. Llama la atención inmediatamente que está rota: la base que la unía al poste se ha partido y la señal se mantiene de forma precaria mediante el cable de luz. El hombrecillo que anuncia que podemos pasar cuelga boca-abajo, y la imagen es de un extraño simbolismo; una metáfora pertinente (tanto que se ha incluido en el trailer) de la vida del protagonista, que está apenas sustenta, del revés y al borde de una caída definitiva. La imagen parece fruto de un cuidadoso diseño de producción y de una dirección ingeniosa.

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