En defensa de la versión original, con la ayuda de Bogart

En un reciente artículo de El Cultural, Juan Sardá escribe sobre la problemática sociopolítica, económica y artística del doblaje. Lo que surgió durante la dictadura como defensa del idioma y como vehículo de la censura sigue bien arraigado en nuestra sociedad 70 años después. Es uno de esos absurdos que sobreviven por inercia, que se resisten al cambio por la terca fuerza de la costumbre. Ya expresé en su momento mi rechazo a ver una película con voces ajenas por motivos de idioma. Sardá resume mis quejas en el siguiente párrafo:

Los españoles se han acostumbrado a que hablen con el mismo tono de castellano neutro un actor de una película de Zhang Yimou que un pijo de Nueva York interpretado por Ashton Kutcher o un mafioso. La riqueza original de una lengua es intraducible. Su variedad de matices y tonalidades expresan mucho más que un contenido objetivo. Más cuando esa traducción debe ajustarse a la coordinación labial.

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