Me pierdo por el foco

La imagen superior corresponde a la película Bola de fuego, dirigida por Howard Hawks y escrita por Billy Wilder y Charles Brackett. Con mucha profundidad de campo, enfocando elementos en primer plano y en el fondo, me llamó la atención porque, tratándose de una comedia romántica de Hawks, no esperaba un despliegue de facultades fotográficas tan evidente. Por contexto (Hollywood, 1941) uno asocia el plano a Ciudadano Kane o La loba, dramas famosos por, entre otras cosas, su llamativa y “moderna” fotografía. Mis sospechas tenían fundamento: un repaso a los créditos reveló que todas comparten a Gregg Toland como director de foto.

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Así de memoria

Hace unas semanas Bea me encomendó un estimulante cometido: elegir 12 fotogramas de películas en blanco y negro con las que decorar su cuarto. Fue una original petición que me encantó porque me dio la oportunidad de sumergirme en la autocomplaciente tarea de recordar películas que me gustan, como cuando hago recomendaciones, pero con un giro muy cinematográfico: debía escoger una imagen en particular.

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Alien y el misterioso pasajero

No me gustan las películas que son tan superficiales que confían todo a los efectos especiales, y las películas de ciencia ficción son famosas por eso mismo. Siempre he creído que hay otra manera de hacerlo: debería dedicarse un gran esfuerzo a presentar el entorno de la nave, o del viaje espacial -de cualquiera que sea el escenario fantástico de la historia- tan convincentemente como sea posible, pero siempre de fondo. Así la historia y los personajes surgen y se hacen más auténticos.

Ron Cobb sobre sus diseños en Alien, el octavo pasajero

Hace poco vi Alien por enésima vez y descubrí, sorprendido, lo arriesgada que es en comparación con la inmensa mayoría de las películas que pueblan los géneros de terror y de ciencia ficción de las últimas dos décadas. Pensé que muchas de las decisiones que la convirtieron en icono cinematográfico son de lo más peregrinas para un gran estudio, que difícilmente podría esperar algo parecido del Hollywood de hoy. Sin entrar en si ver “cine de género” bueno es una especie en extinción -no me gusta el término, con ese otro de “cine de autor” separa el cine en dos ligas, y la cosa es más complicada-, ahora fórmulas taquilleras se repiten en ciclos interminables, ofreciendo a un público fiel un cine del que tienen una idea previa muy aproximada: secuelas, adaptaciones de cómics y bestsellers, remakes… (Curiosamente, la mejor película de ciencia ficción de la década pasada fue Wall·E, una historia de animación sin diálogos en su primera mitad y con un robot como protagonista). Una industria no sobrevive sin repetirse al menos un poco, ni se puede descubrir la pólvora dos veces al año, pero yo echo de menos algún proyecto de aquellos en los que un grupo de gente con talento (Ridley Scott, Dan O’Bannon o Sigourney Weaver, pero también H. R. Giger, Derek Vanlit o el mencionado Ron Cobb), aunados por un productor movido por algo más que la rentabilidad (Walter Hill, David Giler), se la juega por una idea y una historia.

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Cuestión de ritmo

Siempre he pensado que el arte es cuestión de ritmo; es decir, de un orden específico de naturalezas contrapuestas. Si el resultado es armónico, se habla de una gran obra. Existen obras de un ritmo tan perfecto que cualquier alteración, por mínima que sea, las rebaja. Por extensión (¿o era al revés?) creo que la vida misma es cuestión de ritmo, de altos y bajos, de claros y oscuros, y que se trata de encontrar tu frecuencia y ajustarte a su período o, al menos, de no estar muy desfasado.

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Dirigir bien no es casualidad

En el segundo 18 del nuevo tráiler de Shame, la película de Steve McQueen en la que participé como ayudante de producción, el centro del plano lo ocupa una señal de paso de peatones. Llama la atención inmediatamente que está rota: la base que la unía al poste se ha partido y la señal se mantiene de forma precaria mediante el cable de luz. El hombrecillo que anuncia que podemos pasar cuelga boca-abajo, y la imagen es de un extraño simbolismo; una metáfora pertinente (tanto que se ha incluido en el trailer) de la vida del protagonista, que está apenas sustenta, del revés y al borde de una caída definitiva. La imagen parece fruto de un cuidadoso diseño de producción y de una dirección ingeniosa.

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En blanco y negro, como dice Spielberg

Minuto 1, segundo 12:

Mis hijos siempre me preguntan: “¿Es en blanco y negro?” Porque siempre les pongo películas, y lo que más temen es que sea en blanco y negro. Y cuando les digo que sí, no quieren verla. Lo cierto es que la primera reacción instintiva de mis hijos, es que no quieren ver una película en blanco y negro. Pero entonces les digo que tienen que verla, y le prometo que a los 10 minutos de empezar no saben si es en blanco y negro o en color o si el formato es 1.66:1 o 2.35:1… están metidos en la película; y por lo general, si les ha gustado, cuando acaba están como locos.

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