El pasado jueves asistí a la charla que dio Werner Herzog con motivo del festival de documetales de Nueva York que organizan IFC Films y la división de la universidad de Nueva York donde yo estudio mi curso: NYU-SCPS. Para los que necesita presentación, Herzog es el director de Aguirre: la cólera de Dios, una absurda aventura con la selva como perfecto escenario para la locura y el olvido absoluto, o Fitzcarraldo, película que es al tiempo un increíble cómo se hizo donde las búsquedas de cineasta y personaje se mezclan y confunden. Si eso no basta, comento que también ha dirigido dos documentales que incluí en mi lista de las mejores películas de la década: Grizzly Man y el que posiblemente sea mi documental favorito, Encuentros en el fin del mundo. Para un loco del cine algo mitómano como yo, poder asistir en directo a las palabras de este extraño hombre, persuasivo y fascinante, despertó una enorme expectación.
A pesar de todo esto, me sorprendió la naturalidad, distancia incluso, con la que afronté el asunto. Quizás distraído por la vorágine de tareas de aprendizaje y pre-producción que se acumulan estas semanas, escuché la charla que mantuvieron Herzog y el crítico de cine David Eldestein con sumo interés pero ni fascinado ni devoto. Y es raro. Yo al menos esperaba algo más de nervios o exaltación tratándose de uno de mis cineastas activos favoritos. No creo que madurar tenga que ver; creo que mis sentidos están abrumados últimamente con tanto cine y un par de crisis creativas que no vienen a cuento.
El caso es que allí sentado presto atención plena a Herzog, desviándola sólo a mi cámara de vez en cuando para hacer unas cuantas de fotos como estas que veis. No llegué a tiempo para un sitio mejor y la suerte quiso que la silla de cara a mi butaca no la ocupara Herzog sino Eldestein -sacar una buena foto no fue fácil porque rara vez encaraba mi zona del público. Hablaron de muchas cosas, de las que ahora recuerdo estas: el bien sabido rechazo del director al cinema verité y su defensa de la verdad extática (ecstatic truth) frente a la mera presentación de hechos; el audio en el que quedaron registradas las agónicas y terribles muertes de Timothy Treadwell y su novia, devorados por un oso grizzly, al que Herzog hizo referencia en Grizzly Man pero no mostró por considerarlo una obscenidad; el disparo de un rifle de aire comprimido que recibió durante una entrevista en Los Ángeles; su último documental Cave of Forgotten Dreams, sobre las paleolíticas cuevas de Chauvet en el sur de Francia, rodado en 3D; y otro documental suyo, El país del silencio y la oscuridad, sobre el remoto mundo de personas ciegas y sordas, que es un gratificante y conmovedor relato de incomunicación que no había visto pero ví al día siguiente y no hizo sino aumentar mi respeto y admiración por Herzog.
Sobre todo esto y otros temas habló el director y también escritor (opina que sus libros sobrevivirán a sus películas) con su característico acento alemán y su tono melódico. Terminó rápido, o eso me pareció a mí, justo después de una cortísima ronda de preguntas del público en la que no pude pronunciar la que tenía. Se levantó, y yo también, asiendo mi cámara réflex mientras pedía paso a los que sentados dificultaban el mío. Como una exhalación cruzó la línea de mi fila un instante antes de que yo alcanzase el pasillo. Con un ojo en su espalda salí de la sala mientras seleccionaba el modo automático de la cámara, por si acaso. Unos metros más adelante, ya en la puerta del cine, le pedí que nos hiciéramos una foto. Me miró, me explicó que tenía mucha prisa, me volvió a mirar, y puso un pero que no oí bien y me dio a entender que la hiciera igualmente. Una mujer que le acompañaba se ofreció a tomarla:
Tan serio como aparece, me sonrió afable ofreciéndome la mano antes de marcharse definitivamente. Le di la mía sorprendido por el gesto y las gracias por la foto. De vuelta a casa, recordé la víspera de un Madrid-Barsa al que me llevó mi padre hace muchos años, cuando en un hotel de la capital nos encontramos a Michael Laudrup por casualidad.



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que interesante!
y que suerte la tuya de poder estar ahi!
adoro a ese hombre y su fascinante cabecita
sin duda grizzly man y encounters at the end of the world son dos de mis documentales favoritos también!
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Espectacular la foto. la verdad es que herzog sale con cara de haber visto un fantasma…
VITOR por lo que veo te ha ido bien en N.Y.!!!! Genial esa foto tuya con Herzog, o como decimos en México “De poca Madre”!!!!!! Que bueno que estes aprovechando tu tiempo alla.
Echaba de menos que no escribieras sobre tus aventuras por NYC. ¡Disfruta y aprende! Te veré en Navidades
Abrazo