Dime qué te parece la película, no cuánto

Hace 5 ó 6 años descubrí la mayor fuente de infomación sobre cine que pude imaginar, IMDb.com. Cinéfilo en ciernes (aunque en etapa avanzada de desarrollo), el inmediato acceso a una base de datos interminable de películas, potenció mi inquietud y curiosidad hacia el cine. Era adictivo (y sigue siéndolo) perderse en la maraña de links que relacionaba directores, actrices, guionistas, productoras, montadores… el mundo del cine es un pañuelo, y yo navegaba por su merdiana demostración. ¡Qué ordenado estaba todo! ¡Qué fácil era encontrar lo que se buscaba! ¡Qué divertido ver que aquél había dirigido tal producida por éste, el mismo que mas tarde dirigió ésta escrita por ése que el primero rechazó! Por último, a modo de climax, supe que podías hacerte usuario, lo que suponía, principalmente, poder puntuar las películas. Eso significaba que no sólo el cine estaría clasificado, sino también mi cine, el que había visto y me pertenecía. Y comencé a puntuar, de forma impulsiva, toda película que recordara haber visto a lo largo de mi vida.

Sin querer teorizar ni extenderme en algo de lo que no tengo ni puñetera idea, como es la neurología, está claro que a nuestro cerebro le pirra el orden. Si puede establecer relaciones lógicas en una información determinada, podrá memorizarla con incomparablemente menos esfuerzo que si ésta es arbitraria. La asociación de conceptos o ideas independientes, sirve además para establecer causas, y eso sí que hace que las neuronas griten de júbilo; en un universo donde la Incertidumbre es la reina, un poco de orden, por impostado que sea, aumenta nuestra seguridad y confianza.

Así que puntué y puntué, y mi cine dejó de ser algo indefinido para convertirse en ceros y unos muy bien dispuestos: porque Vertigo me encantaba, tenía un 10, y si Vertigo tenía un 10 era porque me encantaba. Del 1 al 10 clasifiqué cerca de 1000 películas, seguro del inmutable veredicto, el cual iba guiado, únicamente, por los vestigios de la impresión que me dejó la película cuando la vi por última vez, de lo que en muchos casos hacía tiempo suficiente como para que el número no fuera más que una vaga aproximación. Pero me daba igual, porque qué bien puesto estaba ese 9, no menos tal 4, y por supuesto merecido este 10.

No pasó mucho tiempo hasta que mi condición de indeciso patológico hizo que cada estrellita estuviese bajo riguroso examen: ¿un 6? ¿De verdad? Un 7 casi, porque la escena del bar aquel estaba muy bien resuelta, y el tipo este, ¿cómo se llama?, interpreta bien a su personaje por difuso que sea… Bueno, pero el rollo final moralizante ese no tiene excusa, aunque el resto sea convincente: un 6. ¿A pesar del tiroteo del principio?… Sí, un 6… ¿Un 6?. Cuántas veces pude revisar puntuaciones, comparándolas con las de otras películas, lamentando que los números fuesen naturales, cambiando lo que al rato dejaba igual que al principio. Era un profesor (qué osadía y cojones los míos), y las películas exámenes de alumnos.

Un día, saliendo del cine, no sé cual, ni si fue uno concreto o muchos superpuestos en la memoria, me sentí tan estúpido rumiando el total de estrellas que iba a marcar al llegar a casa -sin siquiera haber atado los últimos cabos sueltos de mis emociones- que decidí que mi tiempo de puntuar había terminado. Tuve una revelación que me llevó a unas conclusiones que todavía mantengo, y espero que así siga siendo en un futuro por el bien de mi salud cinematográfica. Tales, fueron:

Reducir la interpretación de una obra a un número es, inevitablemente, empobrecerla. Por un lado inmediato, se empobrece al asignar un valor concreto, simple e indiferente, a un conjunto de sensaciones complejas y difícilmente definibles. Por otro, el hábito de la puntuación condiciona futuras respuestas, porque te predispone a un tipo de razonamiento que está orientado no ya a descubrir la película y por qué te ha hecho sentir de tal manera, sino a averiguar qué nota le corresponde. Aunque efectivamente son las virtudes de la película las que deciden su lugar en la escala, profundizas en tu interpretación para hallar un número que hable por ti.

El fenómeno de poner nota, que supongo que tiene muchos antecedentes que no vienen al caso, ha alcanzado su paroxismo en la web 2.0. Todo es puntuable, desde los vídeos de Youtube hasta, en muchas páginas, los mismos comentarios. Es una forma rápida y clara de manifestar tu opinión, acorde con la cultura de la inmediatez y el consumo de grandes cantidades de información característicos de Internet; pero como es igualmente insustancial y escasa, no vale igual para el vídeo de una ardilla amenazante que para la experiencia de ver Chinatown.

Esto no quiere decir que el pensamiento crítico lo deje para mejor ocasión -interiorizar la película de forma consciente y deliberada, “terminarla” fuera de la sala, debe formar parte del hecho de ser espectador; descifrar sus claves (por qué y cómo) es algo que me veo inclinado a hacer como cinéfilo y como aspirante a director-, significa que ahora puedo disfrutar de la película con mayor libertad. Ya sólo estamos ella y yo; la reacción que me provoca y mi interpretación de la misma no le deben nada a nadie.

En el blog, en un principio un sistema de cámaras rojas juzgaba la calidad de la película de 0 a 5. Eso también cambió, como algunos sabéis. He querido mantener sin embargo un sistema binario de me gusta/no me gusta la película, mucho menos riguroso y que no condiciona el hecho de verla: en la inmensa mayoría de los casos sabes, instintivamente, si te ha gustado o no, si la recomendarías a un amigo indeciso o si le dirías que a otra cosa.

Mantengo en IMDb, eso sí, la lista de películas que he visto, repartidas en carpetas que corresponden a cada década, desde la primera del siglo XX hasta la actualidad. Sigue siendo mi cine, ordenado, con su innegable componente de onanismo mental (“!Cuántas he visto y cuántas me quedan por ver!”), pero sin la odiosa dictadura matemática. No puedo decir ni quiero, si la última película que he visto es un notable bajo, alto o mediano; ¿a quién le iba a interesar eso? A vosotros seguro que no. A mi, tampoco.

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  1. Isra
    April 13th, 2010 at 20:35 | #1

    Ole, eso es y así debe ser. Deja las puntuaciones para aquellos que, a parte de onanistas mentales compulsivos, también les fluctúa la neurona públicamente. Dedícate a gozar del cine, del bueno, del malo, subjetivamente hablando siempre, las matemáticas para los doctos en el asunto; nada más hermoso que la libertad de crear y disfrutar el proceso, que si bien el cine es un arte pasivo, bulle algo dentro los primeros minutos (u horas) después de cada proyección, de innegable valor. Los legos en críticas como yo, aunque disfrute de la verbosa parrafada, nos limitamos a crear y crear compulsivamente, una de las dos normas para llegar a ser bueno en lo que haces. Un abrazo Víctor.

  2. April 13th, 2010 at 21:28 | #2

    Durante un tiempo colaboré en una web en la que había que poner notas y, acostumbrado a lo que hago en Furia, me parecía la cosa más rara del mundo. Además con decimales, oiga. “¿Qué le pongo al disco este, un 6.5 ó un 6.75?”. He llegado a ver webs donde las notas tienen hasta tres cifras decimales, lo que me lleva a pensar que tienen un complejo sistema de puntuación donde toman diversos factores como técnica, ejecución y cosas parecidas y, tras puntuarlos independientemente, ponderan dichas notas para obtener un 7.895 que no sé lo que significa.

    Quien se guía por una nota no tiene demasiado interés por ver de qué va algo, ya sea un disco, un libro, una película o un puticlub 2.0. El comentario de un tipo anónimo como cualquiera de nosotros no debería ser tomado más en serio, pero al menos tiene motivaciones, sean objetivas o no, y creo que eso es lo que tiene valor como crítica en todo caso.

  3. April 13th, 2010 at 22:02 | #3

    Totalmente de acuerdo. Hace muuuuucho tiempo, tanto que ni me acuerdo, quizá sí hacía caso de las notas que encontraba, pero ya hace demasiado que me parece absurdo puntuar un disco o una película. Como bien dices en cualquier obra confluyen muchas cosas que influyen de distinta manera en su valoración, no se puede reducir a una cifra objetiva …que encima resulta totalmente subjetiva.
    Además siempre me ha parecido que las notas de IMDb están bastante infladas, o por lo menos no cuadran con la sensación que a mi me da la película. En ese sentido me resulta más fiable filmaffinity. Aunque ya digo que no es algo que me tome en serio.

  4. April 14th, 2010 at 14:18 | #4

    Todo depende de como se puntúe. Para ciertas cosas los sistemas cualitativos son mejores, en el cine como para cualquier arte es así, qué nota le das a las Meninas? y el Guernika? más que a la libertad guiando al pueblo? menos que a Noche estrellada? es un tanto ridículo. A mí para las pelis me gusta el sistema de tres categorías (mala – para pasar un rato tonto – buena), binario me parece demasiado blanco o negro. En cualquier caso, el sistema de puntuación de IMDb produce que te encuentres cosas como la trilogía del señor de los anillos por delante de Ciudadano Kane o Memento muy por encima de Chinatown.

  1. April 13th, 2010 at 20:20 | #1