Kurosawa, 100 años de un ser humano
Hoy se cumplen 100 años del nacimiento del director japonés Akira Kurosawa. Su obra comprende 31 películas a lo largo de más de 50 años, con títulos como Rashomon, Trono de sangre, Ran, Los siete samuráis, Kagemusha o Vivir. Es imposible hacer justicia a su arte en unas pocas líneas, así que me limito a rescatar un momento personal (para mi) e indeleble, de su filmografía.
En Dersu Uzala hay un personaje terciario protagonista de una breve pero cautivadora escena. Se llama Li Tsun Bin, y lo descubren el Capitán y Dersu en una de sus acampadas. Lleva viviendo 40 años en soledad -imaginar ese tiempo me supera- en algún lugar del bosque siberiano (esto es, en los confines del universo). Su mujer le abandonó por su hermano, y él se retiró a una mísera choza entre la nieve, donde dedica el resto de su existencia a recrear un pasado menos aciago.
-¿Llamamos al anciano para que se siente ante la hoguera?- pregunta el capitán, incapaz de ignorar el frío cruel.
-No capitán, no se debe molestar- contesta Dersu. -Ahora él piensa mucho. Su casa ve, jardín ve. Todo el jardín con flores.
A la mañana siguiente de su primer encuentro con semejantes en toda una vida, Li Tsun Bin deja su retiro y parte resuelto hacia su destino.
Kurosawa tenía siempre memoria para los olvidados, su humanismo rescataba de la indiferencia a aquellos a los que el mundo había vuelto la espalda. Yo creo que amaba a su prójimo en un sentido hinduista: él era el prójimo, ambos formaban parte de un “alma universal” donde ignorar a cualquiera de sus individuos es ignorarse a sí mismo.
Quizás por eso la escena posee una poesía inefable: todos somos Li Tsun Bin.






Qué grande. A todo esto, en Abril (creo ) hay ciclo Kurosawa en la filmoteca.
Li Tsun Bin no es otro que el hermitaño que los Monty Python hicieron hablar tras 16 años de silencio por un pisotón…