Cantando bajo la lluvia del olvido
La gala de los Goya de ayer fue una gala distinta. Libres del mal gusto de Corbacho y de los anuncios -sin auncios sí, La 1 no tiene anuncios, Dios bendiga a quien haga falta- había mucho terreno ganado. Si bien dos de las grandes candidatas estaban nominadas por inercia (‘Agora’ del muy nominable Amenábar y el ‘El baile de la victoria’ o Trueba en las últimas) las otras dos eran muy buenas películas, ‘Celda 211′ (que ganó todos los importantes) y especialmente ‘El secreto de sus ojos’; volvió Almodóvar, sorpresa, un logro notable del presidente de la Academia con más repercusión en prensa y en la industria que en el público, poco interesado supondo en rencillas internas. Sin embargo la verdadera singularidad de la gala de ayer, récord de audiencia por cierto, estuvo en el inuadito discurso de Álex de la Iglesia, que por fin dejó la autocompasión, los piratas y el malo de Hollywood para la cháchara del backstage.
Tenemos que ser humildes, estar agradecidos y pedir perdón por haber fallado muchas veces. Nunca reconocemos nuestros errores. Nos miramos al ombligo, nos encanta nuestro ombligo. Tenemos pósters de nuestro ombligo en casa, cuadros de ombligos llenando nuestras paredes. Creemos que somos artistas, genios alternativos, creadores. Antes de todo eso, somos trabajadores. Nos pagan por hacer un trabajo, y hay que hacerlo bien. Este año ha sido uno de los mejores, pero el siguiente tiene que ser todavía mejor. Los primeros que tenemos que arrimar el hombro somos nosotros. Yo ruedo mañana, así que no me quedo a los canapés.
La negrita la pongo yo porque la frase va en dirección opuesta a lo que el ego soberbio de un cine en decadencia nos viene acostumbrando desde hace años. Tampoco hubo política en el discurso, la incansable apelación a la ideología y los partidos con la que De la Iglesia bromeó: “Desde aquí quiero hacer un llamamiento a los grupos de poder que pueden facilitar este cambio. Me refiero a las televisiones”. Igual anoche se produjo un pequeño punto de inflexión, lo mismo la -no puede ser verdad- autocrítica del presidente de la Academia de cine no es un espejismo sino un reflejo de la realidad de un cine que por fin se ha puesto el mono de currante. Soy escéptico, no quiero pecar de ingénuo, Sinde apludiendo sonriente sigue dando escalofríos, sólo espero que esta vez sea de verdad.
He tenido que hacer un esfuerzo considerable para sacar a relucir el discurso. He tenido que convencerme de su importancia objetiva para dedicarle unas líneas; porque esta entrada va de otra cosa, ahora que ha pagado el debido tributo a lo “fundamental” e “interesante”. Anoche el Goya Honorífico lo recibía Antonio Mercero, famoso por cabinas y farmacias pero que hizo muchas cosas más, un trabajador humilde de los que tanto necesita Álex de la Iglesia. Mercero no pudo asistir a la gala porque tiene Alzheimer, una enfermedad neurodegenerativa que en su forma más común se caracteriza por la pérdida progresiva de memoria. De la Iglesia en persona le llevó el premio a su casa, donde se grabó el siguiente vídeo.
Y tampoco es ésto a lo que me refiero. Poco antes, su hijo, el guionista Antonio Mercero, agradecía el premio en directo. En ese momento, que no aparece en ningún resumen de la gala (podéis pinchar aquí y esperar al minuto 13), me pilló por sorpresa la frase más dolorosamente bella de amor por el cine que recuerdo:
Nuestro padre está muy bien. Se puso muy contento cuando se enteró de que le dábais este premio. Ahora estará en casa viendo la gala con una copita de champán… y, cuando acabe, seguro que se pone la película ‘Cantando bajo la lluvia’, que es su película favorita, que la ha visto 500 veces… Él dice que se quiere morir rodeado de sus hijos viendo ‘Cantando bajo la lluvia’. Yo creo que la única cosa buena que tiene el Alzheimer es que puedes ver ‘Cantando bajo la lluvia’ 500 veces siempre como si fuera la primera vez.






Pues sí, debe ser lo único bueno del alzheimer…
Por otro lado y dejando la poesía, lo malo de lo que dice Alex de la Iglesia es que él probablemente siempre se ha visto como un currante y no como un genio por encima del bien y del mal. Habrá que ver, y si el cine español pretende ser, algún día, de la calidad que presume, necesita muchos menos egos y muchos más currelas…
Lo de Álex de la Iglesia no es “inuadito”. Desde que tomó el mando de la Academia de cine lleva haciendo declaraciones en ese sentido, distanciándose de las posturas SGAE y diciendo que algo hacía mal el cine español si no contactaba con el público. Como creador no me termina de llenar (creo que tiene magníficos conceptos que no logra rematar) pero desde que tomó las riendas de la Academia de cine su labor está siendo para quitarse el sombrero. De hecho ver a Almodóvar, que nos guste más o menos, es una de las cabezas visibles de la industria, volviendo al “redil” es otro triunfo suyo.
Pero como digo, es Alex de la Iglesia. Habrá que ver si esta vez cierra bien el argumento. No como en sus películas.
Todavía me estremezco cuando recuerdo la forma tan bella que elegió para definir la devastadora fuerza del Alzheimer, y aún así sacar algo positivo orientándolo hacia su amor al cine. Si yo hubiera tenido que hablar a continuación en la gala, habría sido incapaz. Aún tengo un nudo en la garganta.
@Joserra
Y sin embargo al día siguiente ya estaban montando el paripé en la Moncloa, pagando tributo, lavando un poquito la imagen de un presidente con una gestión penosa.
@DdS: Eso en realidad no pasa de ser un acto oficial, el protocolo es así, no le busques tres pies al gato porque en cualquier caso, los presidentes del gobierno, sean quienes sean, van a hacer recepciones de premiados (como hicieron Aznar y González con deportistas, cineastas, escritores…) Es parte de la vida política.
No me molesta porque sea Zapatero el político de la foto, me molesta que siempre tenga que haber uno en todas las fotos. Aunque este caso concreto es especialmente sangrante; si no era un logro conseguido en competición extranjera, si no era mérito de España en el mundo (mundiales de baloncesto, eurocopas, Duque en la NASA) sino un premio interno de una industria -aunque con subvenciones- privada que se otorga todos los años ¿Qué pinta el presidente y su mujer (!) Goya en mano, saludando sonrientes a las cámaras? ¿Posa cada vez que se entrega el Premio Planeta? Oportunismo barato con la connivencia de los artistas.
De todas formas, me gustaría que los comentarios del post no se convirtieran en un debate sobre política y dar así relevancia a lo que fue de verdad importante para el cine en la gala. Por supuesto podéis seguir hablando de lo que queráis, pero por mi parte éste es mi último comentario relacionado con ZP.