Antes que el diablo sepa que has muerto (2007)
dirigida por Sidney Lumet
escrita por Kelly Masterson
interpretada por Philip Seymour Hoffman, Ethan Hawke, Marisa Tomei
‘Antes que el diablo sepa que has muerto’ nos advierte: ten cuidado con el rencor, si lo dejas crecer libre en tu alma se convertirá en un leviatán impredecible, increíblemente doloroso, y despiadado. El rencor hacia una persona es directamente proporcional a la fuerza del lazo que nos une a ella, y no hay lazo más poderoso que el de la sangre. Cuando los grilletes de seguridad económica y social se debilitan, el monstruo de Andy Hanson se libera y la única forma de pararlo es con uno más grande: el de su padre. Pero esto se corresponde al último tramo de la película, antes asistimos al progresivo hundimiento de Andy y como consecuencia al de toda su familia, en una ola de meteduras de pata que demuestran que, puestos a caer dos veces sobre la misma piedra, que sean cuatro, o cinco, o todas las veces que la pongan en mi camino.
El punto de partida es un estado ideal y poco realista que busca recuperar Andy, que no es otro que una sesión de sexo perfecto con su mujer. Aspira a recuperar la pasión perdida, aunque creo que debajo se esconde un anhelo mayor: vibrar verdaderamente por algo, sentir que aún está vivo a pesar de las alienantes drogas y la rutina que lo sumen en una indeferencia autodestructiva. Dado que el polvo lo echan el Rio de Janeiro, lo suyo es irse a vivir allí ¿no? Tiene que conseguir el dinero para rehacer su vida como sea.
- Primero, Andy, no creo que sea tan sencillo como largarse a otro país a vivir. ¿De verdad crees que tus fantasmas y los de tu mujer no te van a perseguir? Es bastante notable que después de lo que presumiblemente sean varios años de matrimonio no tengáis hijos todavía, ¿qué te hace pensar que ese proyecto nuevo va a funcionar mejor? Segundo, ¿cómo vas a conseguir toda esa pasta en tan poco tiempo?- Entonces una sonrisa autosuficiente y maliciosa responde a la última pregunta ignorando las anteriores.
Hank, el hermano de Andy, es lo que gracias a cientos de películas americanas conocemos como loser. También él podría haber engendrado una criatura terrible, pero la distraen las desgracias de las que es víctima por, en parte, su incapacidad de enfrentarse a las cosas. Endeudado hasta las cejas con la pensión que le tiene que pasar a su ex-mujer por la hija que tienen en común -y que quiere con locura-, se deja arrastrar por la deseperación y un hermano que le da mil vueltas en astucia, sinuosidad y malicia, y que tiene un plan: le propone atracar la joyería de sus padres. “Estás loco, ni de coña”; “que no, ya verás como todo sale bien”; “imposible”; “que sí, que es muy sencillo, es dinero seguro”; “…bueno vale, si tú lo dices…”.
¿A que esa última parte os la sabíais? Pues no del todo, diría yo. La línea argumental vuelve sobre sí misma una y otra vez ofreciéndonos nuevos puntos de vista de los mismos hechos, de forma que según avanza la película los rastros de clichés desaparecen al tiempo que se añaden dimensiones a cada personaje, explicando el por qué de sus actos y complicandolo todo un poco más. Vuelta de tuerca tras vuelta de tuerca, la historia, que es la misma todas las veces, gana en interés y fuerza dramática. Y todo esto sin obligadas escenas de transición ni huecos en el trama.
Al estupendo guión de Kelly Masterson, preciso cual bisturí, Lumet introdujo en pre-producción un cambio tan fundamental para el resultado como el final agridulce lo fue para Casablanca: los personajes de la historia formarían parte de una misma familia. Como núcleo primario de la sociedad que es, el hundimiento de la familia, en este caso los Hanson, tiene un ambición representativa mayor que si a los protagonistas los uniese la amistad o las circunstancias. No en vano un gran secundario le dice a su viejo conocido Charles, padre de Hank y Andy, que el mundo es perverso, y que mientras unos sufren, otros ganan dinero con ello (él mismo regenta un negocio de dudosa moralidad).
Se ha insitido bastante en que Sidney Lumet tenía 83 años cuando la dirigió. Muchos se han sorprendido de la energía que posee la película y de su vigorosa dirección, impropias, en principio, de un hombre de esa edad. Creo que confunden el cine con la gimnasia rítmica; el hombre que llegue lúcido a más de ochenta es candidato lógico para rodar una película como ésta. A su conservada vitalidad hay que añadirle la sabiduría atesorada durante casi un siglo, de forma que pueda perfectamente tenerte pegado a la butaca mientras te aconseja que, si vas a escoger el camino de Hank, “más vale que estés media hora en el cielo… antes que el diablo sepa que has muerto”.

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Una de las mejores películas de la última decada, al menos para mi gusto. Si la ruedan en blanco y negro, ya lo bordan, porque esa es la sensación que da… de una vieja película de las de antes.
Carpe Diem
Un peliculón, estoy de acuerdo. La gracia e ironía de que todo pasaba mal le da un toque de humor negro, pero la sensación general de mala suerte y desacierto te deja un poco crispado, aunque vaya, se veía que todo iba a salir mal, sobretodo con la cara que tiene Philip Seymour, se capta a kilómetros que con esa sonrisilla y esa cara burlesca va a pifiarlo todo, o al menos el plan saldrá mal
Una película muy interesante, que recibió buenas críticas y no es para menos.
Muy buen artículo. Un saludo.
Puff, no sé, a mi no convenció demasiado. Es una película muy tremendista, muy efectista, con unos personajes casi caricaturescos. Hay muy poca naturalidad en esta propuesta de Lumet y muchas ganas de impresionar al personal. Lo de los flashbacks, desgraciadamente, no aporta nada (quizá sí lo haga la escena en que Hoffman y Finney conversan en el jardín de su casa después del funeral, pero es en todo caso demasiado breve). Con algún detalle de interés, pero demasiado efectista.
El tremendismo y efectismo son algo que no me suelen gustar; no digo que esta película los tenga, pero entiendo tu punto de vista. Lo de ganas de impresionar es un juicio de intenciones arriesgado, a no ser que conozcas personalmente a Lumet, en cuyo caso te pediría que me lo presentaras.
De vuelta con el efectismo, su impacto es relativo. Piensa por ejemplo, en ‘El precio del poder’, efectista donde las haya y una de las que más nos gusta de DePalma. Las de John Woo que veneras, o la misma ‘Wanted’, son el paroxismo del efecto; al lado de ellas esta de Lumet parece dirigida por Ozu.
Con el tremendismo me refería a que toda la historia familiar que te cuentan aquí es excesivamente siniestra y despojada de moralidad, sin ofrecer ninguna perspectiva ni ningún valor al espectador (nihilismo). A mi eso me suele gustar cuando veo una película de acción, pero este drama te deja con mal sabor de boca.
Por cierto, hablando de John Woo, la Mostra de Venecia ha decidido otorgar el León de Oro a este gran director. En palabras del propio festival:
“un cineasta que en las últimas décadas, con su revolucionaria concepción de la puesta en escena y del montaje, ha renovado los cimientos del filme de acción, estilizándolo al máximo, ya sea en Asia o en Hollywood.”
http://www.blogdecine.com/venecia/john-woo-sera-leon-de-oro-honorifico-en-2010
Odio repetirme: la película les dice a los Andy Hanson de la vida que de elegir ese camino de pecado, “más vale que estés media hora en el cielo… antes que el diablo sepa que has muerto” -porque te espera la condenación eterna. No veo falta de moralidad ni nihilismo por ninguna parte.
En Venecia están de rebajas.
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