Mantener el ánimo para no cesar en el esfuerzo

El esfuerzo y el ánimo (2009)

okdirigida por Arantxa Aguirre
escrita por Arantxa Aguirre
fotografiada por José Luis López-Linares y Carlos Carcas

Gil Román

Maurice Béjart fue un bailarín y coreógrafo francés que dedicó su vida a la danza. Esculpió su amor a este arte creando, tras muchos años de formas inconclusas, su propia compañía, la Béjart Ballet Laussane. Maurice Béjart fue imán de público inédito en el ballet, incansable buscador formas con las que llevar su pasión hacia la misma meta pero por distintos caminos. Maurice Béjart fue un genio de la danza del siglo XX.

Sin embargo, en el ‘El esfuerzo y el ánimo’, Maurice Béjart es todo esto sólo tangencialmente. En este documental dirigido por Arantxa Aguirre, Béjart es el modelo de vida al que aspiramos, la constante referencia para evaluar nuestro trabajo, la figura dominante que observa rigurosa a la vez que nos alienta a que sigamos. Maurice Béjart es el amigo, el padre, el maestro. Lo necesitamos como apoyo porque perdemos pie; buscamos su aprobación y orgullo porque le queremos.

Gil Román, heredero indiscutible del Béjart Laussane, es el hijo, el alumno. Le debe media vida (o casi tres cuartos) a su mentor, y el vacío que deja su muerte solamente puede llenarlo con una obra, nueva, que esté a la altura de lo que de él esperaría Béjart. Arantxa Aguirre ofrece un primerísimo plano de la urgencia de un hombre por demostrarse a sí mismo que merece la enorme y pesadísima confianza depositada en él.

Para mi fue sencillo identificarme con Román. De ballet no tengo ni idea (recuerdo que en Rusia asistí a una respresentación de El cascanueces), y por supuesto no he visto ninguna obra de la compañía. Oí hablar de Maurice Béjart poco antes de ver la película… Canto del perogrullo: decir que ‘El esfuerzo y el ánimo’ es un documental de danza es como decir que ‘Grizzly Man’ es uno de osos; es el trasfondo humano lo que nos conecta con las imágenes, no el tema.

¿Pero cómo ha conseguido Arantxa Aguirre unir al espectador, versado o no en la danza, con el conflicto de Román? En mi opinión, su éxito se explica porque ella como directora vive en un paralelo de Gil Román. Cuando el motor de tu vida es la pasión por un arte, cuando dependes de la reacción de tu público, cuando te juegas todo, después de meses de trabajo, en apenas hora y media, da igual que lo tuyo sea el cine, la danza o la cocina (véase El pollo, el pez y el cangrejo real, también una producción de López-Li Films), porque eres otra cara de la misma moneda.

Desde el primer minuto observamos de cerca la presión a la que están sometidos todos los miembros de la compañía, que nos cuentan mucho más durante su estoica preparación que en las entrevistas que la intercalan. No es que falte sinceridad, es que la cámara de José Luis López-Linares y Carlos Carcas capta esos gestos y miradas que, aunque quieran, no saben expresar con palabras. Angustia, ilusión, dolor, alegría y, gracias a dios, sentido del humor. Desdramatizar de vez en cuando se ve que no está de moda, y menos mal que ‘El esfuerzo y el ánimo’ poco tiene que ver con las tendencias. Gracias a momentos espontáneos cuidadosamente escogidos (Sergio Deustua, hábil en el montaje) te ríes, tomas aire, y sigues -aunque qué pena que no se vea la resolución de la visita del alcalde de Laussane.

Este documental se estrenó el pasado viernes en el Pequeño Cine Estudio, única sala en la que se exhibirá en Madrid durante solo una semana salvo improbable pero posible afluencia masiva a las proyecciones. En su infinita modestia, retrata casi sin querer su propia suerte: el eco del aplauso final de Gil Román adquiere todo su sentido dentro y fuera de la película; parece recitar las palabras prestadas de Don Quijote que le valen tanto a él como al documental que protagoniza: “Bien podrán los encantadores quitarme la ventura, pero el esfuerzo y el ánimo será imposible”.

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