Periquito en Elm Street

Imprescindible en una película de terror sobrenatural: crear un clima tenso que anticipe el caos y la muerte. Si quieres acongojar al respetable y decirle que “de donde viene esto, hay más y peor”, necesitas escenas en las que un elemento cotidiano se vuelve paranormal y amenaza a los protagonistas. Puede ser el mobiliario (Poltergeist), un matrimonio vecino de aspecto apacible (La semilla del diablo), una pelota de tenis (El resplandor), una pared agrietada (Repulsión), una cama (El exorcista)… o un periquito. Da igual siempre y cuando funcione. La escena que nos ocupa, que pertecene a la segunda parte de Pesadilla en Elm Street, es un magistral ejemplo de cómo inquietar al espectador:

Analicemos la escena: ¿por qué hace tanto calor en el salón? Misterio. Cubrir la jaula es un fallo fatal de la madre, dentro la temperatura será insoportable y eso pondrá al periquito de una mala leche mortal; ¿por qué? Más misterio. Él solito se basta para causar los mismos daños que toda una bandada de cuervos en ‘Los pájaros’: su semejante degollado, lamparas al suelo, mejillas laceradas; y cuando creemos que la familia tiene lápida reservada en el cementerio local, el perverso agaporni se inmola en un estruendo de plumas. Misterio con mayúsculas. Nuestro culo, torcido.

La inmolación del ave es el clímax de una escena en la que comprobamos hasta dónde puede llegar el sadismo retorcido de Freddy Krueger. Si es capaz de eso, será capaz de cualquier cosa. En la resolución, que está a la altura de las circunstancias, el padre da una explicación plausible pero que no convence, ya que un escéptico es también fundamental cuando de sucesos extraños se trata. “Tú has montado todo esto”, le dice a su hijo, después de descartar que sea un escape de gas ya que por la fricción de las alas es improbable hacer saltar chispas. “¿Que has usado, petardos?”, le espeta a continuación; más verosímil, cierto, pero en el fondo de nuestro corazón sentimos que está acusando injustamente a su hijo. El drama familiar está servido, un delicado contrapunto a la tensión acumulada.

Brillante.

PS: Thanks again watercooler.

4 thoughts on “Periquito en Elm Street

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