Mulholland Dr.: el misterio no es el medio, es el fin

Mulholland Dr. (2001)

dirigida por David Lynch
escrita por David Lynch
interpretada por Naomi Watts, Laura Harring y Justin Theroux

Mulholland Dr.

Admiro, en mayor o menor medida, toda la obra de David Lynch. Entre sus cortos, series y largometrajes hay, por supuesto, cosas que no me gustan (‘Carretera perdida’), o impenetrables (‘Inland Empire’, a falta de una revisión), o decepcionantes (la segunda temporada de ‘Twin Peaks‘). Y, sin embargo, nada de lo que haya hecho carece de imagenes propias; impregna cada fotograma de un estilo tan característico que cualquier escena que haya rodado es inconfundiblemente suya. Autoría, que le dicen; un término tan ambiguo que se amolda a incluso a directores como Michael Bay. Por eso hay que matizar: la visión de Lynch es reconocible en su inimitable exploración del misterio y en su inquietante, y a veces macabra, versión del lado oscuro del alma.

Mulholland Drive, una carretera secundaria de Los Ángeles que recorre el paradigma del sueño americano: las viviendas más selectas de Hollywood, el club más exclusivo del mundo. Ofrece vistas a la cuenca Los Ángeles, al valle de San Fernando y al celebérrimo cartel insignia del cine americano. De noche, la ciudad se ilumina mutando la vasta urbe en un campo de estrellas, como un reflejo del cielo nocturno que Spielberg utilizó para el casco de su colosal nave en ‘Encuentros en la tercera fase’. Todo está ahí; Mulholland Drive es un recorrido por el mito del séptimo arte… Lynch hace un doloroso incapié en que se trata, efectivamente, de un mito.

Si de algo va ‘Mulholland Dr.’ es de eso, de la ingratitud y crueldad de una industria que bajo el disfraz del estrellato, la fama y la gloria, esconde una hedionda ciénaga de envidia y frivolidad, una sociedad corrupta por el ansia de éxito y sin otro principio que la consecución del mismo. Pero todo eso es lo de menos. En palabras del crítico Roger Ebert: “Una película no va sobre lo que va; va sobre cómo va sobre lo que va”. No es la trama, apenas perceptible en la segunda mitad, lo que mantiene unida la película; el pegamento son sus imágenes, que provocan un constante y sutil ritmo de inmersión en un misterio creciente.

Pensad en el personaje del Cowboy, por ejemplo. No sabemos de dónde viene ni a dónde va, pero es un albino sin cejas que da muy mal rollo… Una lámpara intermitente que emite una luz mortecina en un inhóspito rancho, una figura que surge de la oscuridad ataviada de una forma que constrasta brutalmente con su aspecto… Habla con una enigmática calma que pone los pelos de punta: “Me verás una vez más, si lo haces bien. Me verás, dos veces más, si lo haces mal. Buenas noches”. Perturbador como poco.

When you see the girl in the picture that was shown to you earlier today, you will say, "this is the girl".

El misterio de esta y casi todas las escenas de la película no es algo únicamente recóndito e incomprensible, sino también atractivo y de alguna forma bello, que genera interés además de desconcertar. A diferencia del thriller al uso, en ‘Mulholland Dr.’ la amenaza no se concreta según avanza el metraje. Al contrario; con el tiempo nos hundimos más y más en una realidad incoherente de falsas apariencias y extrañas conexiones. Cuando creemos pisar tierra esta se desvanece y nos deja como al Coyote en uno de sus despistes hacia el precipicio.

La película está dividida, aproximadamente, en dos partes. Un accidente de coche es el pistoletazo de salida. La única y morena superviviente (Laura Elena Harring, que se hace llamar Rita) vaga amnésica por la ciudad hasta colarse en casa ajena. Ésta la ocupa temporalmente Betty, una rubia (Naomi Watts) que pretende hacerse con un papel que lanzará su carrera al infinito y más allá. Lo que les pasa a partir de su encuentro está entrelazado con la historia de un director que pierde el control de su película. Parece que la cosa avanza y los puntos se conectan hasta que, maldita sea, abren la dichosa caja azul y todo se pone patas arriba.

Lynch hila el caos con motivos que se repiten y paralelismos entre la realidad y el sueño, aunque nunca sepamos exactamente si algo sucede en el plano real, en el imaginario o en ambos. El color del pelo de las protagonistas (peluca mediante); una vieja premonitoria; un enano (el danzarín de ‘Twin Peaks’) que se comunica por un interfono tras un cristal; un espresso que no está al gusto de un italiano incomunicativo; una tal Camilla Rhodes; el rojo; el azul; un casting perfecto. Elementos que combina Lynch en armonía para componer una historia sobre la pérdida de identidad, la perfidia y la culpa.

La protagonista, o así lo entiendo yo, se siente traicionada por la que creía su amor verdadero, que huye de su regazo hacia los brazos de papá Hollywood. Humillada y dolida, comete un acto mucho más vil y su pecado la consume sin remedio. De nuevo, este podría ser el resumen de cualquier telenovela vespertina; y de nuevo la clave está en la atmósfera, seductora y desasosegante, que ilustra el viaje al subconsciente de una mente en proceso autodestructivo.

Llorando...

En este sentido, mención aparte merece la escena del teatro ‘Silencio’. En ella, Betty y Rita lloran desconsoladas sin motivo lógico, mientras nos preguntamos de dónde vendrá el sonido, ya que queda claro que “no hay banda”. Si Rebekah del Río y su versión del ‘Crying’ de Roy Orbison no te cala hasta los huesos es que tienes la sensibilidad de un cardo borriquero.

Y es que la música es fundamental para dar con un tono específico; si cumple su función, nos sitúa con inmediatez en el estado de ánimo que quiere el director para una determinada escena. La música en el la obra de Lynch es igual a Angelo Badalamenti. De todos sus colaboradores es con él con quien más en deuda está. Su talento es de otro nivel, y la compenetración entre ambos no podría estar más afinada. Haced la prueba, por ejemplo, de quitar el audio al comienzo, cuando la limusina conduce por Mulholland Drive en la noche cerrada. No es lo mismo.

David Lynch acierta en dejar para otra ocasión sus caprichos, excesos y humor de mal gusto que minan el talento de algunas de sus películas. Como en el episodio piloto de ‘Twin Peaks’ (‘Mulholland Dr.’ fue concebida en principio como una serie para televisión), simplemente parece decirte, con su lenguaje intermitente y extraño: “Ven, entra de lleno en un universo desconocido, que te prometo que la experiencia no te dejará indiferente”.

En lo que al cine se refiere, se trata precisamente de eso. Bienvenido a Mulholland Drive.

13 thoughts on “Mulholland Dr.: el misterio no es el medio, es el fin

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  2. Esta es sin lugar a dudas una de mis películas preferidas. Junto a “in the Mood for love” y “El cocinero, su mujer y su amante”, por supuesto. Cine en estado puro.

    Y sí, la versión de Crying es buena, pero me quedo con “I’ve Told Every Little Star”. Estoy seguro que Lynch montó ese guión de la película dentro de la película sólo para poner esta canción en su metraje.

  3. A mi la película me encanta (incluyendo la fascinante escena de sexo lésbico entre las protagonistas, que no mencionas).

    En mis buenos tiempos la habría puesto a parir con el rollo de los enanos al final, pero ahora lo veo plenamente coherente. O, diciéndolo de otra forma, lo que David Lynch quiere decir es “qué más me da cómo acaba, lo que importa es que me has seguido hasta aquí.” Tengo que verla otra vez.

  4. Uf, vas a tener que expandirte un poco porque no entiendo lo de pretencioso. ¿Dónde la ves presuntuosa? ¿En qué momento se vanagloria de algo? No hay menciones a Freud, ni a la psicología lacaniana, ni a Beckett… Lynch no ofrece claves en sus entrevistas, cuando bien podría decir: “no, es que yo leo un montón sobre la mente y tal, y lo mío es postcine psicoanalítco con dos cojones”. Está convencido de su discurso, pero eso no significa que sea vanidoso en la pantalla. Solamente invita a mirar, sin juzgar al espectador.

    Pretenciosa es ‘Funny Games’. Asquerosamente pretenciosa.

  5. Pretencioso es que pretende ser más de lo que es, no que se vanaglorie de serlo. También, como bien dices pretencioso puede ser sinónimo de presuntuoso (pero yo entiendo más bien la segunda acepción de la Rae: Que pretende pasar por elegante o lujoso) y eso también me lo parece un poco, sobre todo lo de elegante. No digo que esté mal la película, sólo que me parece que en todo momento me dio la impresión de que quería que fuese más de lo que finalmente es. Sin más. Eso no me pasó con el hombre elefante. Aún así digo que me gustó, por poner un ejemplo, más que Sor Citröen pero no la pondría en mi top 10 de la década (aunque libres sois de llamarme de todo por ello)

  6. Eterna discusión porque cada uno tiene una idea de lo que pretende la película y lo que es finalmente. Pero vayamos con la definición de la RAE:

    Pretencioso: presuntuoso, que pretende ser más de lo que es.

    Debemos tomar toda la definición, y no únicamente lo que va después de la coma.

    Presuntuoso, 1ª acepción: Lleno de presunción y orgullo. 2ª: Que pretende pasar por muy elegante o lujoso.

    La segunda acepción no es peyorativa, lo malo sería pretenderlo y no conseguirlo. Es decir, no viene al caso. Me quedo con lo de “Lleno de presunción y orgullo”.

    Presunción: acción y efecto de presumir.

    Y aquí es donde viene lo subjetivo: por las razones argumentadas, no creo que la película presuma de nada. Tú opinas lo contrario, y por ello te voy a banear del blog, llamándote ignorante mercachifle…

    No, ahora en serio, es un peliculón, revísala por si logra convencerte y te pasas al bando de los buenos.

    PD: El mío no es un top 10, es un top 24.

  7. Hemos llegado al punto en el que no es una discusión sobre cine sino sobre diccionarios XDDD. Cuando digo que me quedaba con la segunda acepción, es porque desde el principio no pretendía decir que la película estuviese llena de orgullo o pedante sino sólamente que pretendió muchísimo sólo lo consiguió en parte. Por lo tanto no pretendía atacar a Lynch ni a la película, que es un tipo que me cae bien (no como Von trier que aunque me gustan muchísimo sus películas me parece antipático).

    PD. La he visto dos veces, y admito que la segunda vez me entró mejor que la primera, pero aún así no me convence vuestro lado de la fuerza.

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  11. oye como me ha gustado!! Todavia no tengo muy claro como acaba… pero way! Tengo que ver las otras dos que nombras.

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