5 nominadas más, aunque creo que no nos hemos dejado nada
Yo lo tengo claro: la casualidad gobierna nuestras vidas. A raíz de la sorprendente victoria de Estados Unidos frente a España en la Copa Confederaciones, he estado repasando esta mañana los principales medios digitales norteamericanos. En el Los Angeles Times, debajo de las congratulaciones por el paso a la final, me encuentro con esto: “La Academia, en una tentativa comercial, dobla el número de candidatas a mejor película”. El titular es tendencioso un rato, dándo los motivos de la decisión sin que nadie competente se haya pronunciado en esa línea. Interpretar en vez de informar: periodismo del siglo XXI.
De hecho, el presidente de la Academia Sid Ganis ha dejado claro este punto: “puede aumentar el interés de la audiencia, pero ése no es el objetivo”. Parece que la cuestión reside en que “tener 10 nominaciones a mejor película permitirá a los votantes incluír algunas de las fantásticas películas que aparecen en otras categorías de los Oscar pero que han sido descartadas para la carrera por el gran premio”. ¿Quiere decir esto que me creo el discurso de Ganis? No, incluso comparto la postura del LA Times; lo que ocurre es que esto es un blog de opinión, no informativo.
Eso de nominar a destajo no es nada nuevo, desde 1932 hasta 1943 hubo 10 películas candidatas en la máxima categoría; algo que no sorprende si tenemos en cuenta el inmenso número de producciones anuales de aquellos tiempos dorados y lo alto que estaba el estándar. Un ejemplo: en 1941 compitieron “Las uvas de la ira”, “El gran dictador”, “Enviado especial”, “Hombres intrépidos”, “Historias de Filadelfia” y “Rebecca” (que finalmente se llevó la estatuilla), entre otras. Otro ejemplo: en 1940 entre las candidatas estaban “Caballero sin espada”, “Ninotchka”, “El mago de Oz”, “La diligencia”, “Cumbres borrascosas” y la vencedora “Lo que el viento se llevó”. Hombre, agravios comparativos los justos, pero no creo que el Hollywood de hoy esté a la altura de Ford, Capra, Wyler, Lubitch, Cukor, Chaplin y Hitchcock.
Han pasado más de 60 años y no tiene nada que ver la industria del cine actual con aquella fábrica de grandes películas, pero sí hay una diferencia objetiva entre los Oscar de ambas épocas: la cantidad de superproducciones. La mayoría de las mencionadas fueron éxitos rotundos de público y por tanto el tirón de los premios era incomparable. Ni “Wall·E”, ni “El caballero Oscuro”, ni “Iron Man” consiguieron meterse entre las 5 elegidas este año; la animación o las adaptaciones de comic son consideradas poco serias y sus géneros menores, y los académicos las relegan a categorías menores. Eso sí, dan una pasta gansa y está en boca de muchos: que los taquillazos no se cuelen de pleno en la ceremonia ha dañado la popularidad de los premios más importantes de una industria en época de vacas flacas.
Hay otra diferencia más: el cine independiente. La producción era inconcebible en los años 30 y 40 más allá de la Metro, Warner, RKO, Universal y un par de ellas más. Quizá “Annie Hall” fuese la primera pequeña producción en llevarse el Oscar a mejor película. Desde entonces los más modestos se han ido haciendo un hueco que es ahora un reservado para VIPs. Este 2009, 3 de las 5 candidatas no sobrepasaron los 40 millones de dólares en la taquilla estadounidense, y últimamente de las que sí consiguen recaudar con creces una gran proporción son largos con mucho oficio y medios moderados (”Juno”, “Crash”, “Pequeña Miss Sunshine”, “Brokeback Mountain”, “Entre copas”, “Million Dollar Baby”…). En los últimos diez años, sólo tres ’superproducciones’ han ganado el Oscar más codiciado: “Gladiator”, “El señor de los anillos: “El retorno del rey” e “Infiltrados”.
¿Y la gala? La gala la ve cada vez menos gente. La media de los noventa se sitúa en torno a los 46 millones de espectadores norteamericanos. En los últimos 4 años nunca se han superado los 40 millones, y la cifra más alta de esta década la da la ceremonia de febrero de 2004 con 43′5 millones de televidentes; fue el año en que ganó “El retorno del rey”.
Vale, perdemos clientes señores, hecho confirmado. Pasemos a la divulgación: no creo que la solución pase por cómo se entrega el Oscar, si no por a qué entrega o cuáles son los posibles receptores. Atención, perogrullada: más cantidad no significa más calidad. (Aparece un productor maquiavélico en una ventana emergente en mi ordenador): “¿La solución a qué, Mr. ‘imnotafilmmaker’? Porque yo no busco calidad, busco dinero a través de la publicidad”. Nada que objetar entonces, señor productor, sólo me tomaba en serio aquello que ha dicho Ganis de “incluír algunas de las fantásticas películas que son descartadas para el gran premio”. Yo no encuentro entre los grandes presupuestos muchas “fantásticas películas”, y si se refiere a “Star Trek”, “Terminator Salvation” o “Ángeles y demonios”, sólo van a conseguir incrementar la indiferencia general. A base de Pixar no llega para 10.
Audiencia de las retrasmisiones de los Oscar: Wikipedia || Para todo lo demás, IMDb






Vended, vended, malditos….
Carpe Diem
Pues qué decir que no hayas dicho en el post? De aquí a unos años, los Oscars pasaran a ser como los Grammys, que será más complicado encontrar a alguien que no lo tiene a alguien que sí. Es un premio que ceremonia tras ceremonia se degrada, y buscan llamar la atención para que la gente siga viéndolo.
Además, como bien dices, si cada vez que creemos o esperamos, o incluso llegamos a “saber” el ganador, nos sorprenden con un ganador casi inesperado (casi por q estaba nominado) eso hace que nos sintamos defraudados y cansados de que cada vez se inventen un ganador que no tiene, muchas veces, el derecho a serlo.
Vamos, que para q ver algo que ya no tiene el mínimo sentido, no?
Los Oscar con 10 películas serían como el Real Mandril del Florentino, Mucho dinero, caras bonitas, camisetas a raudales, juguetes en el menú Diverking pero con un pésimo resultado deportivo.