“¡Presto, mi zanahoria!”

¿Por qué no le da al pobre conejo la zanahoria? Visto lo que tarda al final en comérsela, no tiene por qué preocuparse por el tiempo. Yo creo que está tan ensimismado que olvida que el acto no es solamente obra suya y que es esencial la complicidad del roedor. Claro, él ya ha comido, y puede concentrar toda su atención en el éxito de su espectáculo mientras su colega orejudo tiene que trabajar con el buche vacío. Esa actitud egoísta merece reprimenda; estoy con el conejo, dale su zanahoria.

Este conflicto sencillo pero fuerte sienta una perfecta base para un corto estilo slapstick, muy común en los dibujos animados, que por su forma recuerda a otros que he puesto de Keaton. El conejo quiere su zanahoria y el mago una función deslumbrante, y ambos dedican todos sus recursos a la consecución de su objetivo. Parecen objetivos excluyentes, pero ninguno parará hasta conseguir el suyo. En esa lucha, física, muy física, está el meollo vertebral del corto.

Conseguir hacer reír pasa por empatizar con el personaje, y lograr esa empatía en tan poco tiempo es muy difícil. Pixar (en este caso Doug Sweetland) entiende perfectamente las reglas del corto y las aplica con maestría y un acabado técnico espectacular obteniendo pequeñas joyas de animación como ésta. Presto es un manual de instrucciones de cómo realizar un cortometraje de éxito. Sin embargo, igual que en la cocina, que sigas la receta no significa que el resultado vaya a ser tan exquisito.

3 pensamientos sobre ““¡Presto, mi zanahoria!”

  1. Pingback: ‘For the birds’, un corto de Pixar | no soy director de cine

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