Con el cha-ca-chá del tren

Transsiberian (2008)

transsiberian
30/10/2008
por Víctor Escribano

El Transiberiano es un tren especial en muchos sentidos. Con más de 9000 kilómetros de recorrido, atraviesa ocho zonas horarias y tarda siete días en completar su trayecto, bastante tiempo para convivir con extraños en un espacio reducido. Su peregrinaje, además, comprende paisajes yermos de extrema belleza que, atractivos desde dentro del ferrocarril, esconden su naturaleza inhóspita. Es un escenario ideal para un thriller psicológico: funciona muy bien como metáfora de lo misterioso e insondable del alma humana, y por eso entiendo perfectamente el deseo de Brad Anderson de contar una historia ambientada en el famoso transporte ruso.

Transsiberian es una película sin grandes pretensiones. Su puesta en escena va al grano, nada de riesgos ni extravagancias, y su guión, aun guardando sorpresas, no se obsesiona en fascinar al espectador con giros impensables o complicados que finalmente se revelan más como trampas que como ingeniosa narrativa (práctica habitual en el cine reciente). La premisa en sencilla: Roy (Woody Harrelson) y Jessie (Emily Mortimer) son un filantrópico matrimonio de viaje hacia Moscú. Coinciden en su vagón con Carlos (Eduardo Noriega) y Abby (Kate Mara), una pareja de nómadas peculiar, y el peligroso encanto de él revive en Jessie vestigios de su turbulento pasado, fantasmas que la inducen a un precipicio criminal que intentará tapar con infinitas mentiras, una detrás de otra, sin éxito aparente.

No hablo del personaje de Ben Kingsley porque supondría desvelar demasiado de la trama. Cuando resumo el argumento lo hago para mover al indeciso a verla (o no) procurando siempre soltar lo justo. La excepción viene cuando quiero comentar a fondo la película y necesito entrar en detalles, normalmente considerados spoilers, para profundizar con libertad. Es el caso, único hasta ahora, de Tiburón.

Se ha hablado mucho de los ecos de Hitchcock que tiene Transsiberian. Siempre que hay suspense constante y ciertas temáticas, el tren y los desconocidos en esta ocasión, se dice que la película tiene una línea o estilo propios de Hitchcock, y la mayoría de las veces son injustos paralelismos porque simplifican la genialidad del director inglés. Nunca me ha gustado lo de “maestro del suspense”. No por falso, sino por superficial.

Puestos a comparar, Hithcock tiene muchos más recursos que casi cualquiera de sus supuestos discípulos. Anderson en concreto tira de steadycam continuamente y sin disimulo. Eso, que no es malo por defición, se hace más por comodidad que por rigor en ésta y otras muchas películas actuales. Es un juicio arriesgado, pero no puedo dejar de pensar que a menudo se recurre a la cámara en mano para no complicar la planificación dejando mucho trabajo para el montaje. Ahora bien, sería injusto desacreditar todo el trabajo de dirección por este detalle, trabajo que a pesar de todo consigue transmitir la falta de espacio e incomodidad para moverse dentro de un tren.

Este largometraje, sin ser excepcional, está bien construido en líneas generales. Se pierde un poco por el camino y en vez de final contundente ofrece varios posibles más flojos, pero entretiene sin mayor ambición y es más que suficiente. No es plan de ponerse quisquilloso cuando pasas un buen rato en el cine aunque no cambie tu existencia.

Salir en Cinemanía es, casi, lo mejor

Este modesto blog, irregular en sus actualizaciones y poco extenso en contenidos, apenas tiene 20 visitas diarias. Las opiniones vertidas son personales y de no mucha entidad, porque únicamente me respalda mi devoción por el cine. Escribo poco porque soy volátil, me desanimo con facilidad y entro en un estado de bloqueo absurdo.

A pesar de mis destructivas neuras, cada cierto tiempo ocurren cosas que me animan escribir. Una de ellas podría ser ésta:

cinemania
En Cinemanía se interesaron por un fragmento de mi comentario de Tropic Thunder, y me pidieron permiso para incluirlo en la edición de noviembre de la revista. Por supuesto acepté, y como podéis ver aparezco junto a Dani de freak’s city y David, mi amigo de pisitoenmadrid. Ambos asistieron conmigo (o mas bien yo con ellos) al preestreno de la película hace un mes, y seguramente el evento fue la razón de que se fijaran en mi blog, cosa que me llenó de satisfacción y orgullo. Sin embargo, no es a esto a lo que me refiero.

Hablando recientemente con un excompañero de carrera, me comentó lo ferviente admirador que es de mi blog, lo mucho que tiene en cuenta mi opinión y me pidio que comentase El caballero oscuro como prometí en su día. Sabía bien que leía mi bitácora, pero no me esperaba ese comentario, y me di cuenta de que vale la pena tener un blog si al menos a una persona le interesa lo que tienes que contar y puedes compartirlo con ella. De eso se trata, ¿no?.

Así que aquí seguiré, en mi modesto blog, más activo y motivado. Muchas gracias a todos los que le echáis un ojo de vez en cuando.

Notodofilmfest: ésta es la mía

¡No-directores del mundo, prestad atención! ¡La oportunidad de descubrir al mundo vuestro desbordante talento ha llegado! Por fin podréis compartir con el resto de los hombres los visionario conceptos que rondan esas bulliciosas mentes: ya está aquí la VII edición de Notodofilmfest.

notodofilmfest cartel

Efectivamente, hállome ligeramente hiperbólico, y tiene su explicación: por razones que no comprendo del todo, acojo con inusitado jolgorio la noticia de que se ha abierto el plazo de presentación de cortos para el Notodofilmfest. He sentido, de forma repentina, una extraña revelación que me decía que si concursaba, algo me iba a llevar. He visto el éxito llamar a mi puerta, en una forma indefinida pero tangible. Fortuna y gloria, como las que anhelaba el Doctor Jones, serían mías.

Por supuesto no tengo ni idea de lo que voy a enviar, y seguro que, como mucho y teniendo suerte, me llevo una palmadita en la espalda, pero uno no puede evitar dejarse llevar por el entusiasmo febril momentáneo. Además, sin un poco de autosugestión al final no hago nada.

Datos relevantes para los no-directores interesados:

1. Puedes presentar tantos cortometrajes como quieras.

2. La duración máxima permitida es 3 minutos y medio, con un peso no superior a los 20 megabytes.

3. Los cortos deben estar subtitulados en inglés si el idioma hablado es español y viceversa.

4. Fecha límite: 12 de enero de 2009 a las 12 del mediodía.

5. 60.000€ en total se repartirán entre las distintas categorías.

vigalondo
La dirección del festival corre a cargo de Nacho Vigalondo, exconcursante y exjurado del mismo, cortometrajista experimentado donde los haya y reciente director de cine gracias a Los cronocrímenes. Él y otros seis cineastas y no tan cineastas forman un jurado heterogéneo y en cierto sentido célebre: Jaime Rosales, Joaquín Reyes, Gracia Querejeta, Javier Fesser, Alberto Rodríguez y Luis Alejandro Berdejo. Como curiosidad notifico que todos ellos presentarán su corto en las mismas condiciones que el resto de los mortales.

Entrevista a Vigalondo aquí. Web oficial, con todo lo que hay que saber, here.

Y ahora, id y grabad hermanos.

“And here ya are, and it’s a beautiful day…”

Nota 1: Este post contiene spoilers.
Nota 2: He considerado necesario poner los diálogos en el inglés original por ser incomparablemente mejores que su traducción.
fargo
Dakota del Norte, Estados Unidos. Un coche de policía se abre camino en un desierto de nieve y hielo. Al volante, Marge Gunderson (Frances McDormand), una peculiar defensora de la ley y el orden, inteligente, tenaz, y embarazada. Lleva arrestado a Gaear Grimsrud (Peter Stormare), el eslabón final de una intrincada cadena de crímenes. Marge reconstruye el puzzle en voz alta, dirigiéndose al detenido. Tiene muy claro cómo, pero está confusa, no llega a comprender del todo:
fargo fargo
– So that was Mrs. Lundegaard on the floor in there. And I guess that was your accomplice in the wood chipper… And those three people in Brainerd…
(Así que la del suelo era la señora Lundegaard. Y supongo que el de la trituradora de madera era tu cómplice… Más los tres de Brainerd…)
fargo
fargo
– And for what? For a little bit of money. There’s more to life than a little money, you know? Don’tcha know that? And here ya are, and it’s a beautiful day…
(¿Y por qué? Por un poco de dinero. Hay cosas más importantes en la vida que el dinero, ¿sabes? ¿No lo sabías?… Y aquí estás, y hace un día precioso…)

Marge Gunderson es la clave de Fargo, la mejor película de los Coen y una de las mejores películas de los últimos 20 años. La sangre, la america profunda, los trazos de misantropía, el humor negro: los Coen, tan singulares y crudos como siempre, y en el centro, la alegre jefe de policía embarazada. Entrañable y cálida pero no ingenua, ofrece un contraste demoledor con su entorno frío (literal y figurado). Mira a la parte trasera del coche y ve a un hombre que no entiende, porque observa el horror y le hace frente, pero no está contaminada por él.

Agencia central ¿de inteligencia?

Quemar después de leer (2008)

quemar después de leer
16/10/2008
por Víctor Escribano

El rodaje de una película debe parecerse más a Hearts of Darkness que a los making of que vienen en los extras de los DVD. Supongo que no todo es caos apocalíptico (ver mencionado documental) pero el común denominador tiene pinta de ser, como poco, trabajo duro. Sin embargo, no es fácil imaginar al reparto de Quemar después de leer o a los Coen mismos aburriéndose mientras la hacían. Todo el mundo tiene pinta de estar pasándoselo pipa, con un ambiente propio de intrascendente reunión de amiguetes para echar unas risas. Y más o menos así me sentí yo al verla: “¡Qué buen rato hemos pasao!, ¿qué hacemos ahora?”

Plano cenital en el que se observa el globo terráqueo. Zoom a un edificio cualquiera, que resulta ser el cuartel general de la CIA. Entramos y seguimos a Osbourne Cox (John Malkovich) hasta una reunión con su superior. Con eufemismos varios le mandan a la puñetera calle y desatan una reacción en cadena de estupidez humana imparable. A saber: Cox, decepcionado, decide escribir unas memorias que contienen jugosa información confidencial mientras su mujer, Katie (Tilda Swinton), quiere divorciarse y, asesorada por su abogado, guarda toda la información del ordenador de su marido en un CD que se olvida en un gimnasio la secretaria del letrado. Chad (Brad Pitt), un empleado del gimnasio, lo descubre, y decide chantajear a Cox con la ayuda de su compañera Linda (Frances McDormand) que está empeñada en pagarse una cirujía estética que su seguro no cubre. Harry (George Clooney), amante de Katie y, gracias a su afición de buscar citas en Internet, también de Linda, tiene un desgraciado encuentro con Chad cuando este allana la casa de los Cox en busca de más información.

Y la cosa sigue y sigue, y adquiere tal ritmo frenético que a pesar de lo abrupto del final da la sensación de que no hay otro posible. Es decir, para, que me bajo, que no hay quien se entienda en esta jaula de grillos. No me hace falta ver más porque a la enésima necedad de sus personajes puedo retirarme y decir que lo he pillado.

En cuanto al trabajo de los actores que, insisto, se lo pasan teta, destacaría el de Frances McDormand. Brad Pitt está genial de tonto de remate, algo que no recuerdo que haya hecho antes, pero tengo cierta debilidad por McDormand desde que vi Fargo y me enamoré de su personaje; esa entrañable policía que encarnaba con naturalidad asombrosa, en una de esas singulares actuaciones en las nunca ves al actor. Conecto por tanto más con Linda que con ningún otro, y seguramente esa sea la intención de los Coen.

Quemar después de leer está llena de momentos divertidos, casi todos provocados por la tontuna generalizada que parece extenderse como la niebla en el Támesis. La palabra podría ser cínica, entretenida o incluso esperpéntica, pero la que mejor le va es disparatada. ¿Demasiado disparatada? Tal vez, si algo eché de menos fue alguien cuerdo que mirase todo aquello con asombro e incredulidad, que estuviera al nivel del público y, parafraseando a Obélix, le dijera: “¡Están locos estos americanos!”.

“¡Presto, mi zanahoria!”

¿Por qué no le da al pobre conejo la zanahoria? Visto lo que tarda al final en comérsela, no tiene por qué preocuparse por el tiempo. Yo creo que está tan ensimismado que olvida que el acto no es solamente obra suya y que es esencial la complicidad del roedor. Claro, él ya ha comido, y puede concentrar toda su atención en el éxito de su espectáculo mientras su colega orejudo tiene que trabajar con el buche vacío. Esa actitud egoísta merece reprimenda; estoy con el conejo, dale su zanahoria.

Este conflicto sencillo pero fuerte sienta una perfecta base para un corto estilo slapstick, muy común en los dibujos animados, que por su forma recuerda a otros que he puesto de Keaton. El conejo quiere su zanahoria y el mago una función deslumbrante, y ambos dedican todos sus recursos a la consecución de su objetivo. Parecen objetivos excluyentes, pero ninguno parará hasta conseguir el suyo. En esa lucha, física, muy física, está el meollo vertebral del corto.

Conseguir hacer reír pasa por empatizar con el personaje, y lograr esa empatía en tan poco tiempo es muy difícil. Pixar (en este caso Doug Sweetland) entiende perfectamente las reglas del corto y las aplica con maestría y un acabado técnico espectacular obteniendo pequeñas joyas de animación como ésta. Presto es un manual de instrucciones de cómo realizar un cortometraje de éxito. Sin embargo, igual que en la cocina, que sigas la receta no significa que el resultado vaya a ser tan exquisito.