Comedia de la buena

Tropic Thunder (2008)

tropic thunder
29/09/2008
por Víctor Escribano

Superproducción bélica, estrellas caprichosas con egos gigantes, director en apuros, productor despiadado e inclemente, rodaje calamitoso… ¿os suena de algo? Bienvenidos a Hollywood: se hacen películas, cueste lo que cueste.

El rodaje de la adaptación de las memorias de guerra de John Tayback (Nick Nolte) es un desastre sin rumbo. Reune a lo más célebre y frívolo de la fábrica de sueños: el cinco veces ganador del Oscar de la Academia Kirk Lazarus (Robert Downey Jr.), la superestrella de acción Tugg Speedman (Ben Stiller), el cómico irreverente Jeff Portnoy (Jack Black) y el rapero Alpa Chino (Brandon T. Jackson). Su director (Steve Coogan), harto de tanto actor consentido, presionado por un productor sin principios ni escrúpulos y con la complicidad de John Tayback, decide mandar al corazón de la jungla al cuarteto con el fin de hacérselas pasar canutas. Quiere que vivan una experiencia lo más cercana posible al verdadero Vietnam, controlada por su experto en efectos especiales, y filmarla de forma clandestina. Por supuesto el asunto se tuerce y los actores se ven forzados a convertirse en los soldados que interpretan cuando una banda de traficantes de heroína se cruza en el camino.

Ben Stiller, cómico notable, irregular director, encuentra en los entresijos de la producción cinematográfica el material perfecto para una sátira que revisa todos los estereotipos ‘made in Hollywood’, desde director y productor hasta actores, agentes e incluso técnicos. Trabaja en terreno conocido, por él y por el público, y ahí reside gran parte de la eficacia de esta comedia. Claro que luego hay que currárselo, y sus parodias son más incisivas de lo que cabría esperar; va más allá de los tacos y la escatología (aunque también haya de eso) manejando humor de ese que llaman inteligente, que no es otro que el que no considera estúpidos a los espectadores.

El casting es un acierto casi pleno (la excepción es Jack Black, cuyo histrionismo soporto a medias). Robert Downey Jr. es mi preferido. Su personaje es algo más sutíl y complejo que el resto gracias tanto al guión como a su inspirada caracterización. Lazarus es descarado, seguro de sí mismo y actúa con resolución, pero tiene su corazoncito y sufre como el resto bajo esa falsa coraza de hombre que controla sus emociones. Es un actor al que el éxito ha dejado sin rumbo, perdido en un mar de personalidades que se confunden con la propia. De hecho, se mete tanto en su papel de soldado negro que no lo abandona ni siquiera cuando saben que no están rodando, algo que enerva constantemente al verdadero negro Alpa Chino.

Tom Cruise es otro que está que se sale. Lo suyo es algo más que un cameo, es una liberación de la necesidad de escoger papeles para optar al Oscar. Aqui se deja llevar por una vis cómica irreconocible en él, lo que hace mucho más gracioso a su personaje. El productor cabronazo es más divertido reconociendo a Cruise dentro, con la sorpresa que su insólito registro supone.

Podría decir muchas cosas de Tropic Thunder, pero la mejor y la que le hace justicia es que es muy divertida. Tiene gags desternillantes, sí, pero no creo que con eso puedas aguantar dos horas. Lo cierto es que consigue implicarte en una historia y en lo próximo que les va a suceder a los que la integran, y la risa que surge de ahí es mucho más gratificante. Qué obviedad más tonta, pero qué pocos lo consiguen.

Una tarde en la Paramount

A veces uno deja pasar las cosas y se hace tarde cuando quiere recuperarlas. Llevo una semana diciéndome que pondría este post, y no lo he hecho hasta ahora. Me repetiré aquello de “más vale tarde que nunca” a modo de fútil consuelo.

El domingo pasado, gracias a la invitación de mi amigo el del pisito a raíz de una promoción de bloguzz, asistí al preestreno de Tropic Thunder en las oficinas de Paramount Pictures España. Fui con el mencionado David, con Dani de Freak’s City y con Fernando, más conocido como Harry Callahan (aquí comenta de vez en cuando). Por allí se pasaron además un montón de gente con blogs molones y mucho más visitados que el mío, aunque ahora sólo recuerdo a la gente de cinepalomitas.

Estuvo bastante bien que ser invitado al cine y ver además una película divertida como Tropic Thunder. La sala era pequeña pero con imagen y sonido excelentes, perfecta para tenerla en mi futura casa, vaya. También hubo un adelanto de Eagle Eye (en todo un alarde de imaginación en España se la conoce cómo ‘La conspiración del pánico’), concretamente 40 minutos que no me dejaron con ganas de ver el resto.

Muchas gracias a David, que a pesar de vivir en el olimpo de los grandes bloggers, no se olvida de los modestos, y menos si son sus amigos.

‘Tiro en la cabeza': apuntando a dar

El lunes pasado se presentó en San Sebastián la última película de Jaime Rosales, Tiro en la cabeza. Ha quedado claro que este cineasta no deja indiferente a nadie y ha habido reacciones de todo tipo. E.T.A. es un tema polémico y complicado de entrada, y si a eso le añades el lenguaje cinematográfico extremo de Rosales tienes asegurado el debate.

Antecedentes: hace casi un año E.T.A. mató a dos guardias civiles, Fernando Trapero y Raúl Centeno, en una cafetería de un pueblo francés. No fue un atentado planeado, sino un encuentro fortuito con trágico desenlace. El director explica en una entrevista a ElPais.com porqué este asesinato y no otros le movieron a hacer la película:

El atentado de Capbreton tiene algo completamente distinto a todos lo demás. No es un atentado planificado, ni responde a una lógica terrorista, sino una situación que se produce con un desenlace fatal. Deja muy claro lo absurdo de todo el problema, y es lo que me lanza a la necesidad de hacer esta película.

La propuesta: La película no tiene diálogos, pero no es muda. Se oye sonido ambiente pero no a los personajes. Esto se debe a que está filmada con teleobjetivo, siempre desde la distancia, observando como espías la rutina de un hombre que siendo parecido a cualquiera de nosotros, de repente, mata. Es sin duda una apuesta arriesgada y en festival ha desatado abucheos e indignación, pero también elogios. A Luis Martínez, de El Mundo, le pareció “sencillamente brillante”. Carlos Boyero sin embargo, de El País, opina que “la visualización de la grisácea cotidianeidad de este profesional del horror me parece tan estéril como pretenciosa”. Más neutral es el comentario de E. Rodríguez Marchante, de ABC: “Tiro en la cabeza ha traído a la competición del Festival un cine singular, dialéctico, que reclama debate y que no tiene escrúpulos en proporcionarle al espectador tanta reflexión como perplejidad, hastío o aburrimiento”.

Da gusto ver como una película española genera polémica en torno al lenguaje cinematográfico, amén de controversia por su temática, pero de esas hay más. Jaime Rosales se declaró un defensor del riesgo en una entrevista a Cuatro, y lo demuestra con creces. Arriesgarse es necesario para triunfar, habrá que ir a verla y comprobar si así ha sido. Se estrena el 3 de octubre.

Mis favoritas de Woody Allen

Woody
Aprovechando el estreno de Vicky Cristina Barcelona he decidico dedicarle un post a las películas de Woody Allen que más me gustan. No es sencillo elegir y tampoco quiero hacer una lista definitiva, así que he escogido cinco, que es un número lo suficientemente alto para no sufrir mucho por los descartes, y las he ordenado cronológicamente. De todas formas, lo más seguro es que si hiciera esta misma lista mañana incluyese otras. Soy de lo más voluble.

Annie Hall
Annie Hall. La típica película que nunca premiaría la Academia se llevó cuatro Oscar de los grandes. Es un compendio de los motivos a los que vuelve una y otra vez durante su filmografía y uno de los mejores ejemplos de su sentido del humor único. He soñado toda mi vida con hacerle a más de uno lo que Alvy Singer al de la cola del cine.

Manhattan. Nunca lució tan bien Nueva York como en esta romántica película, donde los adultos se comportan como críos inseguros que juegan a quererse; de hecho, la única que tiene la cabeza en su sitio es la adolescente Tracy. Precioso blanco y negro de Gordon Willis.

Zelig
Zelig. Falso documental, extraño y arriesgado casan poco con divertidísimo, pero Allen lo consigue. Recuerdo que la primera vez que la vi tuve que rebobinar varias veces porque riéndome de algo no me enteraba de lo siguiente.

La rosa púrpura de El Cairo. Amor por el cine es lo que desprende esta película en todo su metraje. El plano final de Mia Farrow llorando es de visionado obligatorio para cualquier cinéfilo.

Delitos y faltas
Delitos y faltas. Probablemente mi favorita. La crudeza y la lógica rotunda de su mensaje te deja extasiado. Entendedme: se tiene la sensación de haber asistido a un cursillo acelerado de verdades verdaderas, directo y sencillo, pero demoledor. Y eso a uno le provoca una admiración y alegría enormes.

¿Cuáles son vuestras preferidas?

Me quedo con Manhattan

Vicky Cristina Barcelona (2008)

vicky cristina barcelona
23/09/2008
por Víctor Escribano

Vicky Cristina Barcelona: es la segunda vez que Woody Allen incluye el nombre de una ciudad en el título de una película. Manhattan (a los puristas: ya sé que técnicamente no es una ciudad) es la otra. Qué odiosas son las comparaciones y qué distinto sin embargo es el Allen europeo, a medio gas y sin chispa, del genio neoyorkino. Una de las razones puede que sea precisamente el cambio de aires: en la Gran Manzana tenía a su musa, amante y compañera; en Barcelona es poco más que un turista curioso.

Vicky (Rebecca Hall) y Cristina (Scarlett Johansson) son dos amigas norteamericanas que deciden pasar un verano en Barcelona. Las dos tienen una idea casi antagónica del amor y de las relaciones de pareja. El apuesto pintor Juan Antonio (Javier Bardem) y su neurótica ex-mujer (Penélope Cruz) promenten dar una vuelta de tuerca a sus percepciones. Luego está lo de que Vicky venga a estudiar “identidad catalana”. Y vuelvo rápidamente al título ¿no es un poco forzado lo de incluir el nombre de la ciudad? Claro que ya lo decía Jafar en Aladdin: “¿Conoces la regla de oro? Quien tiene el oro hace las reglas.”

Subvenciones aparte, Woody Allen se asoma a España como un japonés de los de descuento de grupo. Con todos mis respetos a los turistas nipones, lo que quiero decir que su mirada es superficial y tópica: que si la Sagrada Familia por aquí, que si una guitarra española por allá y para la banda sonora Entre dos aguas de Paco de Lucía… por lo menos la canción es preciosa.

Pues bien, todo eso daría igual si el guión o la puesta en escena rezumaran la mitad del ingenio que ha demostrado tener su creador. Con Woody Allen en forma o te ríes sin parar o pides tiempo muerto para asimilar lo que escuchas o las dos cosas a la vez. Aquí los momentos cómicos, protagonizados sobretodo por Penélope Cruz, son escasos, y cuando se ponen serios aburren un pelín.

No todo es malo. El mayor hallazgo es la mencionada Cruz y su lunática Maria Elena, fogosa y mediterránea, pero sobre todo divertida. Se toma las cosas con otro espíritu y a diferencia de las americanas parece que le corre sangre por las venas. Me gustó también que ni Vicky ni Cristina sacasen nada en claro de sus fuertes experiencias (acaban más liadas de lo que llegaron). Al fin y al cabo, la vida a veces es caprichosa e ilógica, y de eso Woody Allen sabe mucho. Sin embargo, no consigo recordar otro retazo de esa aplastante sabiduría en toda la película.

Salvando Match Point, el periplo europeo de Allen ha sido infructuoso. Ni Scoop, ni Cassandra’s Dream ni ésta tienen mucho pase, pero su etapa final americana tampoco es alentadora. Tengo que remontarme a Desmontando a Harry para encontrar la última que me convenció. Saliendo del cine, me fue inevitable acordarme de Isaac Davis y Mary Wilkie en blanco y negro paseando por Nueva York, o de Alvy Signer y Annie Hall cocinando langostas, o de Judah Rosenthal conversando con Cliff Stern, y entre nostálgico y risueño me pregunté cuándo volvería Woody Allen a regalarnos una maravilla parecida.

Esto del cine…

Hola. Antes de nada notificar que he renovado el dominio por un año más, lo que debería suponer que voy a escribir más a menudo, pero sé (y sabéis) que no es ninguna garantía.

¿Qué tal el verano? El mío bien, gracias, no muy cinéfilo pero bien. Alguna vez he echado mano del DVD, pero a la gran pantalla he acudido poco, lo justo para no perderme aquellas de las que hablaba hasta mi prima: Wall-E y, cómo no, El caballero oscuro. Y a vueltas ando con esta última desde hace un par de semanas, queriendo comentarla sin encontrar ni la inspiración ni la confianza para hacerlo. Todavía (después de tres visionados) no tengo claro si es o no una gran película. Y lo peor de todo es que la duda ha servido de catalizador para una de esas “crisis de fe” que con tanta frecuencia me tocan los cojones y que se pueden resumir en la siguiente frase: ¿qué es buen cine?

El caballero oscuro - Joker

Tan simple es la pregunta que parece ingenua. Pero coño, al final se trata de eso ¿no? No voy a cometer el error de adentrarme en la espesa jungla de la divagación intentando responderla, pero me quema tanto relativismo, tanta opinión enriquecedora y debate interesante; con lo fácil que sería un 2+2=4 y al que no le guste ajo y agua. Fácil y aburrido y unidimensional e insípido… Así estoy, que sólo tecleo para buscar en Google.

Ingmar Bergman

Hace unos instantes leía un post de David Bordwell (académico respetadísimo con una web cojonuda) defendiendo a Ingmar Bergman de los ataques de un crítico norteamericano, Jonathan Rosenbaum. El hecho en cuestión sucedió después de la muerte del director y ya lo había leído, pero lo he rescatado por casualidad. Utiliza argumentos sólidos y convincentes para rebatir la rabieta inconsistente de Rosenbaum, y por un momento he sonreído satisfecho ante un destello de objetividad diáfana. Luego he indagado un poco más para descubrir que ponía a caldo a ‘El caballero oscuro’ con sentencias con las que no podía no estar de acuerdo.

Y ya no sé qué pensar. ¿’El caballero oscuro’ es buena? Unos dicen que sí, otros piensan que no… ¿Bergman es un gran director? Hay quien le considera un genio, pero tiene sus detractores… ¿Entonces, en qué quedamos? ¡Pero si hasta existe por ahí algún pirado que desacredita a Hitchcock!

Me da igual, me niego a pensar que todo es cuestión de opinión. Vale que la Verdad, la muy jodía, se esconde entre mil filtros de percepción subjetiva, pero puedes acercarte a ella si te empeñas y verla así, de reojo, aunque sólo sea un instante y aunque no consigas alcanzarla. El cine tiene su verdad y a buscarla me voy a dedicar en este mi reaunudado blog, sabiendo que el camino no tiene final pero que disfrutaré cosa bárbara del paseo.