Todo queda en familia

Antes que el diablo sepa que has muerto (2007)

antes que el diablo sepa

Dirección: Sidney Lumet

Guión: Kelly Masterson

Intérpretes: Phillip Seymour Hoffman, Ethan Hawke, Albert Finney, Marisa Tomei

 

Desde su extraordinario debut en el cine con 12 hombres sin piedad, Sidney Lumet ha tenido una irregular pero encomiable carrera. Además de la ya mencionada, ha dirigido un puñado de grandes películas como Punto límite, El prestamista, Tarde de perros, Network o El príncipe de la ciudad, entre las que se encuentra sin duda esta pequeña joya que es Antes que el diablo sepa que has muerto. Es una tragedia clásica de apariencia moderna que deja el buen sabor de boca del cine auténtico.

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Gracias, pero estoy servido

Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal (2008)

Indiana Jones y el reino... poster

Dirección: Steven Spielberg

Guión: David Koepp

Intérpretes: Harrison Ford, Karen Allen, Cate Blanchett, Shia LaBeouf

Indiana Jones, ese profesor de universidad y arqueólogo que blande con pericia el látigo, tiene el gancho de Cassius Clay y odia las serpientes, forma parte de la cultura popular y la historia del cine del siglo XX. Se ganó un hueco en ambas con una obra maestra del cine de acción y aventuras, En busca del arca perdida, y cultivó esa leyenda con dos magníficas secuelas. La expectación levantada por la cuarta entrega de la saga ha sido, lógicamente, enorme, y se conjura con la nostalgia para socavar la objetividad. Como fan de Indiana Jones y en especial de su primera entrega, El reino de la calavera de cristal ha supuesto una decepción, pero alguien me dijo que las películas deben criticarse por lo que son y no por lo que quieres que sean.

En su momento hablé del trajín en el que se vio envuelto el guión. Lo curioso es que tras todo esos avatares han dado con uno convencional y, sobre todo, con muy poco del genuino humor de sus predecesores. El leit motiv en esta ocasión es una calavera de cristal con extraños poderes, perteneciente a una ciudad perdida donde al parecer se encuentra El Dorado. Los rusos y su malísima y atractiva Irina Spalko (Cate Blanchett) la quieren, Indy la quiere, un chuleta motero (Shia LaBeouf) la quiere, un ex-agente del MI6 “amigo” del protagonista (Ray Winstone) también la quiere, y todos por distintas razones. Además estan Marion Ravenwood (Karen Allen) que vuelve para sentar la cabeza de su amado, y el profesor Oxley (John Hurt), un pobre enajenado que sabe bastante (ha estado en el lugar de donde procede la calavera) pero que no se acuerda de mucho. Poco más se puede decir sin desvelar las sorpresas que guarda el guión, sin que ello signifique que sea sorprendente.

Cuando salí del cine tuve la impresión de haber asistido a cualquier cosa menos a una película de Indiana Jones. Su mito, aunque tiene puntos convergentes, es único para cada persona, y al revisarlo te mueves por un terreno inestable. Lo que quiero decir es que hacer una película, 19 años después, que se ajuste a la imagen que tenemos del personaje es muy difícil y seguramente innecesario; por eso al principio anduve sin rumbo y desilusionado. Pasados los días he podido apreciar lo que tiene de bueno esta película.

Por ejemplo, el suspense de la inquietante escena en la que Indy se encuentra con maniquís en vez de personas, en una ciudad fantasma que sirve de campo de tiro para pruebas nucleares. Se inicia la cuenta atrás y bajo semejante presión el único resguardo es una nevera que le salva la vida. “¡Venga ya!”; vale, pero nadie se quejó cuando un brujo arrancaba el corazón con la mano y lo alzaba triunfal mientras éste aun latía. La cuestión es si funciona o no la escena, y ambas lo hacen.

En la explosión de la bomba, de unos cuantos megatones por cierto, los efectos digitales cumplen su cometido. Luego llegan los monos y las hormigas al más puro estilo La momia. No es que los de ILM no hagan bien su trabajo, es que está mal aplicado. El objetivo debería ser imitar la realidad lo justo para que el espectador la adapte a la suya propia; podemos saber que hay truco mientras nuestra cabeza haga el resto. Esta y otras películas actuales quieren parecerse tanto a lo que representan que se desvelan inevitablemente como un doble y nada más.

¡Qué contraste entre las grotescas lianas y la persecución en moto por la ciudad! Cuando Indy pasa de la Harley al coche, reparte golpes entre sus ocupante y sale por la ventanilla de vuelta a la moto se me cortó la respiración. Una proeza así, digna de compararse con las caídas de caballo de los westerns clásicos, no puede dejarte indiferente. Por supuesto que lo principal es la dirección impecable de Spielberg, genial por momentos, pero en esta ocasión no tenemos simios que nos distraigan.

El look cincuentón de la primera mitad está muy conseguido. La puesta en escena y en especial la fotografía reflejan fielmente el cambio de década. Han pasado casi 20 años, el mundo no es el mismo y se nota. Tampoco es el mismo Henry Jones Jr., hábil y correoso en la batalla todavía, pero más maduro y en busca una estabilidad que encuentra al final gracias a Marion. Sin embargo, Harrison Ford mantiene el aire picaresco con su gesto único. Otro cambio significativo es el de los nazis por rusos menos carismáticos, quizás porque Spielberg tenía motivos personales para hacerselas pasar canutas a los primeros y la estrella roja le da un poco igual.

Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal es entretenida, tiene muchos ingredientes de los que hicieron famosas a las anteriores, le faltan otros tantos y no añade casi ninguno nuevo. Merece la pena ir a verla aun a riesgo de que defraude, y tanto si gusta como si no, se siente la imperiosa necesidad de versionar a los Beatles y cantarle a George Lucas un sincero Let it be.

Pon un blog en tu festival

Cannes, ese festival. “El más importante”, “el más prestigioso”, “todo director codicia la Palme d’OR“; eso dicén. También dicen que no sólo hay cine en Cannes, que forma parte del tinglado el lujo, la frivolidad, el famoseo, el ‘glamour’… Yo, poco puedo decir: no he ido nunca (ver nombre del blog) y por tanto no tengo ni idea de las películas en competición; por eso, a diferencia de otros premios, no escribo sobre Cannes.

A vueltas con mis fantasías imagino la fecha en que, en los festivales de cine, entre la crítica incluyan bloggers. Me veo sentado muchas horas al día únicamente viendo películas; divertido, apludiendo o abucheando al final de cada proyección; escribiendo sobre las primicias en el blog y apostando por la ganadora… Sí, no estaría mal ir a Cannes o Berlín o Venecia o San Sebastián. Qué barato es soñar, ¿no? Pues bien, hay gente que cobra por hacer eso. Toma ya. Y tienen la poca vegüenza de salirse de la sala o dormirse cuando no les gusta lo que ven. Doble toma ya a la profesionalidad.

“Pierde usted el rumbo, mi capitán”. Vale, enderezo: no es mi intención poner a caldo al crítico en general (profesión respetable) ni escribir un post autocomplaciente en el que disfrutar de mis ensoñaciones. El fin en realidad es proponer lo siguiente: que tenga cabida el blogger en los festivales de cine como nueva y poco costosa forma de difundirlos. Seríamos muchos los que estaríamos dispuestos a dar nuestra opinión con salario de guionista de Hollywood y el festival llegaría a mucha más gente. ¿Cómo seleccionarlos? Supongo que por el número de seguidores y la calidad de su bitácora. No soy yo quién debe decir si merezco ir por esto último, pero si es por lo primero me quedo en casa.

Por cierto, en Cannes ha ganado Entre les murs, de Laurent Cantet. Más información aquí.

“¡¿Cómo se atchrueve?!”

Llaman a las puertas del castillo de Brunwald. El mayordomo hace pasar a Indiana Jones y a la doctora Elsa Schneider; es imposible pasar por alto que se han intercambiado los atuendos. Indy protesta al mayordomo:

– Ya era hora. ¿Pensaba tenernos espeggando en la puerta todo el día?, estamos empapados. ¡¡¡Acpshuaa!!!… ¿Lo vé?, ya me he acatadrado.
– ¡¿Le están espeggando?! – replica el mayordomo visiblemente molesto y desconcertado. Indy ni se inmuta:

No me habla en ese tono, buen hombre. Vaya a decirle al Barón Brunwald que Lord Clarence McDonald y su encantadora ayudante… han venido a ver los tapises.

Calvo pero no tonto, debe pensar el “buen hombre”. No está dispuesto a que se la metan doblá:

– ¿Tapises?
– Vaya por Dios, que torpe es – continúa Indy – Esto es un castillo, ¿no?; ¿No hay, tapises?

La paciencia se agota:

– Esto es un castillo, y tenemos muchísimos tapises; peggo si usted es un lord escosés ¡yo soy el ggatón Mickey!

 

¡Hasta ahí podíamos llegar!:


¡¿Cómo se atchrueve?!


– ¡PAF!

 

El mayordomo ‘is out’…

 

De todas las citas escogidas hasta ahora esta es una de las más personales, y eso teniendo en cuenta que todas lo son. No es una sentencia inteligente ni un lúcido axioma; tampoco es una frase ingeniosa o reveladora. Es simplemente el clímax de una escena con la que me he reído siempre y que forma parte de mi infancia. La recuerdo con esa nostalgia en la que te revuelcas gustoso como cerdo en charco. Viene la cuarta parte y quería recordar a los de mi generación que Indiana Jones nos gusta tanto porque es un personaje imborrable de nuestro ‘yo’ pequeñito.

Buster Keaton: Vecinos (1920)

Qué mejor forma de recuperar el blog que con otro corto de Buster Keaton. Después de El espantapájaros (1920) os presento Vecinos, del mismo año que el anterior, en el que dirigió otros dos cortos y participó en total en siete producciones. Está claro que entonces la producción cinematográfica era otra cosa.

Disfrutad de Vecinos y más abajo comentamos:

¿A alguien más le recuerda la acción a los dibujos animados? Un guión y una puesta en escena que bien podrían protagonizar Mickey, Pluto, Donald, Bugs Bunny, el Pato Lucas o Tom y Jerry. Resalto este punto para insistir en la tremenda dificultad y la perfecta coordinación de los números, circenses y exquisitamente cómicos a la vez. Dibujar un corto de Buster Keaton es infinitamente más sencillo que rodarlo.

Y a pesar de todo la reacción más común al verlo no es el asombro, sino la risa. No es sólo cómo lo hace, sino sobretodo a quién y por qué. Esto quiere decir que lo primero son los personajes, arquetipos, identificables al momento, que hacen que una acrobacia se convierta en un gag.

La primera escena, en la que él y ella se pasan mensajes de amor por el hueco de la verja que separa sus patios, es un alarde de ingenio para presentar a dos amantes clandestinos. Luego está el suegro-ogro, el juez, el policía… todos forman parte de un lenguaje que se entiende a primera vista, que necesita la complicidad del espectador y por eso, entre otras cosas, es tan gracioso.

No sé si logro explicarme, si desentraño aunque sea un poco el origen del genio de Buster Keaton, pero con que os hayais reído la mitad que yo me conformo.

¿Queda alguien ahí?

Es curioso lo bien que encaja el título de mi post anterior con este. Como Indy, me sacudo el polvo acumulado, respiro hondo, y reanudo la aventura que dejé en standby hace tiempo. Mes y medio que agarrotan mis dedos y mis sesos, incapaces de coordinarse para escribir algo más interesante que explicaciones y excusas: ha sido la carrera, el proyecto, el temor a dejar de un lado el deber por culpa de la devoción… “¿y a mi eso que me importa?”, diréis, escasos lectores; “tu vida privada para ti, majo, que yo te leía porque me gusta el cine”. No os falta razón, asi que no me entretengo más en los pormenores de mi ausencia y prometo que nosoydirectordecine pero sí que seré un blogger, otra vez. Vale, no actualizaré a diario, pero lo suficiente como para que no se vuelva a pedir mi dimisión.

Hola, he vuelto.