La Academia me hace caso, modestia aparte

La lista de premiados de los Oscar sugiere que me hubiese forrado en una casa de apuestas, porque mi post anterior parece más una crónica que una opinión. Aunque puse mis preferencias también era lo que creía que iba a ganar, más o menos, pero por desgracia no me jugué ni un céntimo.

Un topicazo: “Los hermanos Coen fueron los triunfadores de la noche”. Mejor película, dirección y guión adaptado para la pareja; el éxito puede verse como un reconocimiento a su carrera, a su última película o a ambas cosas, dependiendo fundamentalmente de lo que nos haya gustado No es país para viejos. A mi bastante, pero tengo que verla una segunda vez para decidirme de forma definitiva (uno, que es por naturaleza irresoluto)

Otro topicazo: “Javier Bardem se convierte en el primer español en ganar un Oscar”. Eso, entre otras muchas cosas, le convierte en el actor español más internacional de la Historia del cine, y para ser justos se lo ha ganado a base de talento. Otra cosa ya es la empatía que produzca su persona (ninguna en mi caso), pero es innegable que es muy bueno en lo que hace. Por cierto, me gustó mucho su discurso de agradecimiento.

Hablando de actores patrios, se echó de menos un recuerdo a la memoria de Fernando Fernán-Gómez, ya que sí estuvieron presentes algunos actores europeos en el tradicional video que homenajea a los fallecidos ese año. Cómo no, Antonioni y Bergman tuvieron su hueco.

Por lo demás, merecidísimo el de Daniel Day-Lewis; Diablo Cody, de stripper a guionista con Oscar; mi amigo Harry Callahan estará echando humo porque el mejor montaje se lo llevó El Ultimatum de Bourne; el premio a la pequeñísima pero grande Once y su Falling Slowly, otro “sueño hecho realidad”; Cormac McCarthy aplaudió como loco cuando la adaptación de su novela recibió el Oscar.

Robert Boyle, Oscar honorífico, 98 años: Un diseñador de producción es el responsable del espacio en el que la acción y el significado del film convergen. La base del diseño es la verdad arquitectónica convertida en verdad emocional. Que tío más grande.

Si yo fuera académico…

La octagésima edición de los Oscar será en la madrugada de este domingo, y quiero aprovechar la ocasión para dar mi inútil voto a los que creo que deberían ganar. A pesar de la disparidad de opiniones que han generado las películas con más candidaturas, el nivel es muy alto y me ha costado decidirme. Un apunte: no he visto Michael Clayton, pero no creo que cambiara mucho mi decisión de lo contrario.

Mejor película


No es país para viejos (2007)


Expiación (2007); Juno (2007); Michael Clayton (2007)
Pozos de ambición (2007)

Todavía no estoy seguro de cuál ha sido para mi la mejor película de las nominadas. Juno es entrañable e inteligente, pero no está a la altura de Pozos de ambición o No es país para viejos. Mi Oscar va para esta última porque no he conseguido concluir si la de Anderson es una buena película o una extraordinaria.

Mejor director


Joel Coen, Ethan Coen


Paul Thomas Anderson, Tony Gilroy, Jason Reitman, Julian Schnabel

Por aquello de que la mejor película esté acompañada del mejor director y porque a los Coen le deben una por Fargo.

Mejor actriz


Ellen Page


Cate Blanchett, Julie Christie, Marion Cotillard, Laura Linney

Ellen Page ha hecho de Juno una adolescente que se las sabe todas y sin embargo es ingenua y divertida. Como dijo Roger Ebert, “dan ganas de abrazarla”.

Mejor actor


Daniel Day-Lewis


George Clooney, Johnny Depp, Tommy Lee Jones, Viggo Mortensen

Complicada categoría. Tommy Lee Jones es el motor de En el valle de Elah (2007), Viggo Mortensen hace una de las mejores actuaciones de su carrera, Johnny Depp confirma cantando que es uno de los grandes, pero el misántropo Daniel Plainview que interpreta Day-Lewis es demoledor. Alguno ha dicho que sobreactúa; no ha visto la misma película que yo.

Otras categorías

Aún a riesgo de repetirme diré que la mejor película de animación del año es, por goleada humillante, Ratatouille. Casi le daría también otro por el mejor guión original si no fuera por Diablo Cody y Juno; dejémoslo en empate. Mejor guión adaptado: no me mojo, que no he leído ninguna de las fuentes.

Para dar lugar a la polémica el mejor montaje es el de Christopher Rouse por El últimatum de Bourne. La fotografía iría para Robert Elswit, por su dura y sucia américa de principios de siglo en Pozos de ambición. La dirección artística de ésta también es ejemplar, pero no puedo olvidar el Londres victoriano de Dante Ferreti y Francesca Lo Schiavo en Sweeney Todd.

Por último, Javier Bardem se merece el de mejor actor secundario (aunque curiosamente no me sorprendió tanto su interpretación) y Alberto Iglesias, se lo merezca o no, que se lleve el de banda sonora por ser made in Spain.

Storyboard de Los pájaros (1963): Hitchcock da la clase

El storyboard es una herramienta muy útil para el proceso de visualización de una película. A modo de dibujo se representa el punto de vista de la cámara con los distintos elementos que intervienen en la imagen; sirve para concretar lo que el director tiene en mente y dar una idea del resultado final, es decir, la sucesión de planos y la puesta en escena pretendidos.

Alfred Hitchcock era uno de los mayores promotores y entusiastas del storyboard, y lo utilizaba continuamente para planificar sus escenas más complicadas. Presumía de que sus películas estaban ya terminadas antes de empezar a hacerse, y lo cierto es que su visión de lo que quería era tan contundente y cristalina en su cabeza que casi nunca miraba a través del objetivo de la cámara. Los storyboards daban la primera forma tangible a las imágenes abstractas que Hitchcock concebía en su genialidad, y demostraban que efectivamente había rodado la película antes de pisar un solo set.

El que viene a continuación es obra del director artístico y dibujante Harold Michelson, que trabajó para Hitchcock en Marnie, la ladrona y Los pájaros; a esta última corresponden los dibujos que van acompañados, al final, de un vídeo de la escena en cuestión. Se trata del momento en que los pájaros atacan a los niños de la escuela de Bodega Bay, una escena que se me quedó grabada desde la primera vez que la vi y es una de las muchas causas de que venere sin concesión a Alfred Hitchcock.

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Sangrad, sangrad malditos

Sweeney Todd: el barbero diabólico de la calle Fleet (2007)

Dirección: Tim Burton

Guión: John Logan

Intérpretes: Johnny Depp, Helena Bonham Carter, Alan Rickman

 

 

Sweeney Todd: el barbero diabólico de la calle Fleet, está basada en el musical homónimo de Stephen Sondheim y Hugh Wheeler que a su vez se basa en The String of Pearls, la pieza de Christopher Bond. Si se ha tenido la oportunidad de ver el musical en el teatro o se conoce la historia, se comprueba que el guión de la película es muy fiel a la obra de Sondheim y Wheeler y por tanto a la de Bond. El trabajo y el mérito están en la visualización de Tim Burton, fuerza motriz de un musical que entra más por los ojos que por los oídos.

“There’s no place like London”, entona el misterioso Sweeney Todd mientras surca el Támesis. Ciertamente, no es fácil recordar un lugar tan corrupto y mugriento como el Londres más mísero de la Revolución Industrial. Las chimeneas escupen humo negro que se pierde en un cielo sin vida, y los angostos callejones son dominio de la pobreza y de las ratas. Todd (Johnny Depp), que regresa de su injusto cautiverio para vengarse del codicioso juez que lo difamó, violó a su mujer y retuvo a su hija, descubre que su vieja casa es ahora una tienda donde sirven las peores empanadillas de Londres. Forma con la señora Lovett (Helena Bonham Carter), la dueña, una simbiosis que hace prosperar el negocio a la vez que esconde la masacre en la que se convierte su venganza: rica carne de infelices, degollados con certeros navajazos, se sirve en la calle Fleet.

Sweeney Todd es una tragedia sangrienta, muy sangrienta, que celebra lo macabro y lo extraño y aún le queda sitio para el humor. Aparte del tema de la obsesión por la venganza que deriva en locura, está también la crítica a una sociedad inhumana en la que la única manera de salir adelante es ser un criminal. Cortar yugulares para vender empanadillas; juzgar con despotismo y falsedad para ganarse una reputación.

Pero no hay que olvidar que la película es un musical, y como tal funciona de maravilla. Los números se combinan tan bien con el diálogo que uno no recuerda si tal cosa se ha dicho o se ha cantado. La música se tararea sin darse cuenta y las interpretaciones son impecables. Johnny Depp está perfecto, pero la actuación que más me sorprendió fue la de Helena Bonham Carter, una señora Lovett cuyo amor por el perturbado barbero es imposible y que imagina, la pobre ilusa, una vida juntos a la orilla del mar. Y como el juez Turpin, Alan Rickman, un villano por excelencia, rey de la mueca y mirada perversas. Además todos cantan bien, incluído Sacha Baron Cohen como el (falso) barbero italiano que, en un desorden cultural de origen desconocido, viste traje de luces.

Al igual que en todas sus películas, Tim Burton crea un auténtico mundo en el que situar a sus personajes; es su toque personal, su impronta de autor. En esta ocasión se sirve del diseño de producción de Dante Ferreti (El aviador, Casino) y la fotografía de Dariusz Wolski (Dark City) para recrear un Londres sombrío, hostil y mustio. La imaginación de Burton es casi ilimitada, y si bien a veces se ha impuesto a la historia, aquí está donde debería: al servicio de ella. El resultado es una tenebrosa y cautivadora película.

El cine según Hitchcock, de François Truffaut

Una de las entrevistas más famosas de la historia del cine es la que François Truffaut, un cineasta de la Nouvelle vague francesa, le hizo a Alfred Hitchcock. 50 horas de exhaustivas preguntas repasando cada película de la extensa filmografía del director inglés que contribuyeron enormemente a la admiración, respeto y estudio que hoy se tiene por su obra. Antes de nada, quisiera rescatar unos párrafos del prólogo del libro en los que encontramos el porqué de su existencia:

En los años cincuenta y sesenta, Hitchcock se encontraba en la cima de su creatividad y de su éxito. […] Este éxito y esa popularidad, la crítica americana y europea iba a hacérselo pagar examinando su trabajo con condescendencia, denigrando un film tras otro.

[…]Mi pasado de critico era todavía muy reciente, yo no me había liberado de aquel deseo de convencer que era el punto común de todos los jóvenes de Cahiers du Cinéma. Entonces pensé que Hitchcock, cuyo genio publicitario solo tiene parangón con el de Salvador Dalí, había sido finalmente la víctima, en América, al lado de los intelectuales, de tantas entrevistas superficiales y deliberadamente dirigidas hacia la burla. Contemplando sus films era evidente que este hombre había reflexionado sobre los medios de su arte más que ningún otro de sus coetáneos y que, si por vez primera aceptaba responder a un cuestionario sistemático, podría resultar de ahí un libro capaz de modificar la opinión de los críticos americanos.

Con esta premisa Truffaut pretende (y consigue) ir más allá de la superficialidad de algunos y demostrar que Hitchcock es un cineasta de primera, con una narrativa visual única y una búsqueda constante de nuevas formas para su arte. Hitchcock repasa con severidad algunas de sus películas (Pánico en la escena, La soga) y se muestra muy orgulloso de otras (La sombra de una duda, Encadenados) en tono a veces reservado, otras alegre y pasional, pero siempre ameno y nada pedante o autocomplaciente.

La relación con los actores, curiosidades de los rodajes y la producción, técnicas utilizadas para filmar determinadas escenas, motivos de la película, reflexiones sobre el arte de hacer cine; Truffaut no duda en preguntar ni Hitchcock en responder. Algunas de esas respuestas se han convertido en lecciones con el tiempo. Bien conocida es aquella que con un revelador ejemplo explicaba la base del suspense:

Nosotros estamos hablando, acaso hay una bomba debajo de la mesa y nuestra conversación es muy anodina, no sucede nada especial y de repente: bum, explosión. El público queda sorprendido, pero antes de estarlo se le ha mostrado una escena anodina, desprovista de interés. Examinemos ahora el suspense. La bomba está debajo de la mesa y el público lo sabe, probablemente porque ha visto que un anarquista la ponía. El público sabe que la bomba estallará a la una y es la una menos cuarto (hay un reloj en el decorado); la misma conversación anodina se vuelve de repente muy interesante porque el público participa de la escena. Tiene ganas de decir a los personajes que están en la pantalla: “¡No deberías contar cosas tan banales, hay una bomba debajo de la mesa y pronto va a estallar!”

El cine según Hitchcock es un libro en el que descubrir el arte cinematográfico. Es perfecto para conocer desde dentro las películas y a su creador, sirviendo de puente entre el que ve y el que muestra, de manera que al acercarse al segundo disfrutamos más como el primero. Un libro que crea afición al cine de Hitchcock en particular y al séptimo arte en general.

Un rasurado a la Scorsese

Después de unos días sin actualizar el blog debido a los exámenes, vuelvo con fuerza esperando que este breve periodo de sequía no haya espantado a alguno de mis escasos lectores. Rescato para la ocasión una curiosa rareza filmada hace más de 40 años. Con ustedes, The big shave:

Nada menos que Martin Scorsese firma este cortometraje. Sencillo, breve y sangriento, vio la luz en 1967 (el mismo año que su primera película, ¿Quien llama a mi puerta?) y es un proyecto para la escuela neoyorkina Tisch School of the Arts donde Scorsese estudió dirección.

En The big shave vemos a un hombre afeitarse una y otra vez hasta herirse mortalmente, tiñendo de rojo el impoluto baño en el que había entrado. Críptico y no apto para estómagos sensibles, de acuerdo, pero no carente de sentido; su título alternativo, Viet ’67, ofrece una pista.

El proceso de autodestrucción sufrido por Estados Unidos, a raíz de su participación en la guerra del Vietnam, inspira esta metáfora de Scorsese en la que un hombre se empeña en repetir el afeitado sin tener en cuenta que las cuchillas cortan. La trompeta de Bunny Berigan acompaña una escena cotidiana mientras se transforma en una cruda autolaceración que termina con un tajo limpio en la yugular. Algunas de las técnicas y motivos del cine posterior de Scorsese están presentes aquí: la sangre, el Jazz, el montaje utilizado cuando el hombre se quita la camiseta, los planos detalle presentando un baño puro…

Ahora bien, ¿creéis que el corto llamaría la atención si no apareciese Scorsese en los créditos?. Parece claro que no hubiese pasado de “proyecto de clase” sin Taxi Driver o Toro Salvaje pero, ¿gustaría igual como corto anónimo?. En cualquier caso siempre es interesante ver cómo empiezan los grandes.

“No, no lo intentes. Hazlo o no lo hagas. Pero no lo intentes”


En un recóndito y cenagoso planeta se esconde el maestro de Jedi más poderoso de la galaxia. El joven Luke Skywalker llega hasta allí en su X-Wing con el androide R2D2, buscando al mentor que ha de convertirlo en un verdadero Caballero Jedi. Para su sorpresa, el famoso Yoda es un enano verde que utiliza un bastón para caminar. La Fuerza, sin embargo, no entiende de apariencias.

Mientras Luke entrena su cuerpo y su mente, cabeza abajo sujetando a su maestro y a una piedra, su nave se sumerge sin remedio en el agua de la ciénaga. Pierde la concentración y caen él y Yoda al romperse el delicado equilibrio en que se encontraban.

-Jamás la sacaremos de ahí – se resigna Luke
-¿Tan seguro estás?… Tú siempre dices que no se puede. Nada oyes de lo que digo – responde Yoda. Pero Luke desconfía:
-Maestro, mover piedras es una cosa pero esto, esto es totalmente diferente
-No, no es diferente, sólo es diferente en tu mente. Tienes que olvidarte de lo que has aprendido

Luke parece no entender a pesar de las palabras de Yoda; con desgana, suelta: está bien, lo intentaré. Yoda le recuerda que lo mediocre y la falta de convicción no tienen cabida en el Jedi:


No, no lo intentes. Hazlo, o no lo hagas. Pero no lo intentes

Luke fracasa. Quieres lo imposible, espeta, y Yoda pasa de la teoría a la práctica:


Con la nave a salvo, después de una demostración de lo que la confianza en uno mismo puede conseguir, Luke admite que había subestimado a la Fuerza:

-Yo no, no puedo creerlo…
-Ya, por eso has fallado