Yo lo tengo claro: la casualidad gobierna nuestras vidas. A raÃz de la sorprendente victoria de Estados Unidos frente a España en la Copa Confederaciones, he estado repasando esta mañana los principales medios digitales norteamericanos. En el Los Angeles Times, debajo de las congratulaciones por el paso a la final, me encuentro con esto: “La Academia, en una tentativa comercial, dobla el número de candidatas a mejor pelÃcula”. El titular es tendencioso un rato, dándo los motivos de la decisión sin que nadie competente se haya pronunciado en esa lÃnea. Interpretar en vez de informar: periodismo del siglo XXI.
No he ido mucho a la gran pantalla últimamente, y cuando lo he hecho he comentado aquà lo visto. Sà he tirado de DVD de vez en cuando, teniendo oportunidad de disfrutar de muy buenas pelÃculas, algunas por primera vez. Es ilusionante pensar que todavÃa quedan cientos de extraordinarias historias en imágenes ignotas para uno, por mucho que en ocasiones creamos que hemos visto todo lo bueno.
El vÃdeo que quiero compartir hoy con vosotros es una joya única, un mirador que apunta al núcleo de la creación de una de las bandas sonoras más famosas de todos los tiempos; y no es de una pelÃcula. Pocas veces he visto a un autor hablar de su obra de forma tan directa y emocional, tan sincera y nostálgica, y sin las trabas del recelo a descubrir el truco del mago, que hacen que los verdaderos protagonistas sean los que más callen.
Poned el vÃdeo otra vez. Para los que no conozcáis la serie debe ser suficiente incentivo para darle una oportunidad al piloto, que con toda seguridad no os dejará escapar; los que ya hayáis estado en ‘Twin Peaks’, quizás volváis a visitarlo y, aun sabiendo que es un lugar peligroso, la tentación de quedarse será irresistible.
Queremos que la profundidad funcione como un elemento más, como el color o la fotografÃa. La profundidad que facilita este sistema es un elemento emocional más. Se trata de eso, de emocionar.
Aquà en España, Luis MartÃnez, de El mundo, no escatima en halagos: “El director Pete Docter, el mismo de ‘Monstruos S.A.’ y uno de los fundadores de la factorÃa Pixar, regala lo que, sin miedo a equivocarse, puede ser calificado como una simple obra maestra. Entre Chaplin y ‘El mago de Oz’, ‘Up’ ofrece un delicado y nada afectado homenaje al cine, a su historia.”
Dos semanas sin escribir que pueden dar que pensar… “Ya estamos, ahora se pasa un par de meses sin decir nada y luego nos viene con otro cambio de theme.” Pues no es eso, zagales, es que tengo una vida muy ocupada e interesante. Sin ir más lejos, ayer no me llamó ningún productor, por ejemplo.
Asà las cosas, en 1994 se estrenó la primera y única (alabado sea Buddha) pelÃcula dirigida y protagonizada por Steven Seagal, En tierra peligrosa. Es un vehÃculo tan descaradamente diseñado para el lucimiento de su protagonista, que el drama se torna comedia gracias al patetismo inentencionado de todo el conjunto. Una de sus virtudes es, precisamente, ese encanto especial que tiene lo que se supone que debe ser tomado en serio pero que invetiblamente despierta condescendientes carcajadas.
Veamos un ejemplo:
Empezamos mal; y no por preguntarle a un americano profundo y enorme si es un hombre, si no por lo hortera que viste el tÃo. Igual le robó la chupa al Ranger Norris, porque se dió cuenta de que Chuck es en realidad un meapilas llorón a diferencia de la imagen de semi-Dios difundida por Internet. O tal vez tiene el fondo de armario de una boy band de nativos americanos.
La segunda vez que lo tira el suelo opta por un comic relief, y hace jocosos comentarios de lo que acaba de vomitar el receptor de su puño implacable. La tercera tanda de golpes es más contundente si cabe, y uno empieza a preguntarse dónde quiere ir a parar con tanta humillación. Terminamos con una dramatización que responde a la cuestión:
Ed Horowitz: Vale, acabas de darle una tunda buena y le has humillado en público. Queda claro que le has dado la lección. ¿Cerramos la escena?
Steven Seagal (voz profunda y mirada estreñida): No, Ed, no. No lo entiendes. Debe aprender a cambiar. Yo no reparto gratis. Mis golpes son la lección que necesitan los hombres que han tomado el camino equivocado en sus vidas. El villano debe encontrar su nuevo yo.
Una de las pelÃculas que espero con más ganas de las que se estrenan este año es Public Enemies. En la mayorÃa de los casos en los que se generan grandes expectativas en mi molondra alrededor de un estreno próximo, el motivo es el director; Public Enemies no es una excepción: lo que anhelo es ver la próxima de Michael Mann.
Michael Mann, sobre el coche, dirigiendo.
De Mann he visto todas menos Ali. Si bien no me aburre ninguna, tampoco estoy entre sus incondicionales. A diferencia de mi amigo y flamante ganador de la tercera edición de C?NEnigmaHarry_Callahan, que es a Mann lo que una adolescente media de los 60 a los Beatles, a mi no me ha convencido plenamente. Quiero decir que no entra en la liga de los grandes directores norteamericanos (aún).
Atenta la compañÃa: los inconvenientes del cine de Mann que considero a continuación no están expuestos desde un punto de partida mediano, sino con la perspectiva que busca la excelencia desde lo muy bueno.
Collateral sufre de incoherencia, y mucho. No inverosimilitud, que hay gente a la que le molestan cosas como la improbable escena de la discoteca mientras que a mi me la trae al fresco. Puede ser inverosÃmil que el personaje de Tom Cruise sea como es pero, una vez aceptada la premisa, lo que verdaderamente me molesta es que no sea consecuente, no con un ’standard’ de malo de pelÃcula, sino consigo mismo.
Miami Vice, que consecuente es un rato, no tiene sin embargo personajes tan fuertes como los de Collateral. La historia se diluye un poco entre una avezada dirección digital que es la verdadera protagonista, consiguiendo imágenes preciosistas y una acción diáfana y espectacular de conflictos semi-interesantes. Con todo, es magnÃfica.
James Caan en 'Ladrón'.
Ladrón es su mejor pelÃcula, la más completa y armónica, y curiosamente la primera que hizo. No hay peros de ninguna clase, lo que pasa es que un largometraje cojonudo, que no una gran pelÃcula, no te convierte en director referencia. Las grandes pelÃculas te cambian los esquemas en muchos sentidos, por eso lo que deseo de verdad es encontrarme el 3 de julio con semejante peliculón que me haga revisar lo que opino de la filmografÃa de Mann. Pocas cosas me gustan más que incluÃr otro director en mi abstracta lista de “fundamentales”.
Ver Man on Wire te convierte en admirador de Philippe Petit. En mi opinión es porque está vivo y, lo que es más importante, no quiere dejar de estarlo nunca. Y no por miedo a una muerte que desafÃa por la belleza del acto mismo de retarla; ni por el deseo de perpetuarse indefinidamente; sino por la convicción de que este mundo tiene infinitas y bellÃsimas cosas que merecen ser experimentadas.
No hace mucho tiempo del estreno de un par de pelÃculas que ansiaba ver. Una era La venganza de los Sith, o la transformación de Anakin Skywalker en el encantador, malÃsimo, elegante, señorial y poderoso Darth Vader, un personaje carismático como ninguno; el resultado: una decepción. La otra era Indiana Jones y el reino de la calavera de Cristal, la vuelta a las pantallas del aventurero por antonomasia, el único doctor que blande un látigo y se llena de barro en sus investigaciones; el resultado: una decepción. No salà pensando que eran malas ninguna de las dos, pero no eran lo que esperaba.
Alguno casi me mata por defenderla
Cuando algo te decepciona es porque no se ajusta a tus expectativas y se produce un doloroso desengaño. El viernes funciona como las pelÃculas mencionadas; es la promesa de algo divertido, reconfortante, distinto, excitante… lo que cada uno quiera imaginar. Luego llegan el sábado y el domingo y pueden resultar peor de lo imaginado (lo habitual), igual (poco común) o mejor (casi nunca). Sin embargo, el viernes, como anticipo de lo bueno, siempre funciona, siempre es atractivo.
4.- Juerga, no sistemática, pero juerga. Despeja eficazmente si tenemos mesura, que sois una pandilla de borrachos (el cine, que es abundante en temas e historias, nos ha dejado un ejemplo de como no pasar un fin de semana en Dias sin huella).
Don't drink and write
5.- Un ratico con la familia no viene nada mal, aunque este es un punto más personal.